La tercera guerra mundial… nadie creyó, realmente, que llegaría a
verla con sus propios ojos, que sería
partícipe de ella.
Solo querían cambiar el mundo, cambiar el gobierno, hacer de la
Tierra un lugar mejor, en el que todo humano pudiera vivir tranquila y
agradablemente. Todos aquellos jóvenes llenos de fuerza y esperanza se alzaron ante
el gobierno, ante el poder.
Tanto poder no significó nada ante la avalancha de miles de personas con la rabia y la fuerza suficiente para acabar con todo aquello que necesitaba de un gran cambio.
Tanto poder no significó nada ante la avalancha de miles de personas con la rabia y la fuerza suficiente para acabar con todo aquello que necesitaba de un gran cambio.
Derrotado el gobierno, desapareció la voz de mando… la
organización. Muchos intentaron hacer realidad su sueño de un mundo perfecto.
Pero había desaparecido el poder, nadie más volvería a tenerlo, nadie se
dejaría dominar por nadie, cada cual quería vivir a su modo, el mundo entró en
caos…
La comida escaseaba, las fuentes escupían agua sucia y grumosa,
las calles estaban repletas de suciedad, sollozos resonaban por doquier
rebotando contra las paredes de la desolada ciudad. Salir a la calle era una
locura, la gente permanecía en sus casas esperando a que el mundo se arreglara
solo. Algunos valientes salían con armas para buscar comida en los abandonados
supermercados pero la caridad había desaparecido del corazón de muchas
personas, la gente cada día era menos humana, comportándose como animales
hambrientos, cada cual se ocupaba de si mismo.
Algunos se suicidaban, otros se mataban entre ellos, muchos morían de hambre, los niños… pocos de
ellos sobrevivían en aquel estado de locura en el que el mundo entró, eran
demasiado débiles, como sus padres, como todos. Nadie se preparó para aquello.
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