sábado, 26 de mayo de 2012

Capítulo 5 Infancia


Estaba sentada en el suelo en medio de un frondoso bosque lleno de grandes árboles, el suelo estaba cubierto de moho, delante de ella una solitaria flor morada se movía  al son de la suave brisa. Aura acercó su pequeña mano y acarició los pétalos con mucho cuidado, miró a su alrededor y no encontró ninguna otra flor como esa. Se entristeció al pensar que aquella flor estaba sola.
-          ¡Pequeña! – la voz de un niño sonó a lo lejos.
-          Estoy aquí. – no le hizo falta gritar, sabía que su hermano la escucharía incluso si susurraba.
Alas apareció de un salto delante de ella, reacio a comportarse como un humano, siempre iba saltando de rama en rama por lo alto de los árboles.
-          Ten cuidado Alas, casi pisas la flor. – frunció el ceño.
-          La había visto y sabía que estabas pensando en ella. – Alas le sacó la lengua.
Aura lo miró con sus ojos de un vivo color verde claro y amarillo. Alas estaba plantado delante de ella con las manos en la cintura, dada su temprana edad aquella postura era demasiado graciosa y Aura no pudo contener la risa.
-          Papa está furioso, lo estoy escuchando remugar, dice que para tener cinco años somos demasiado traviesos y que no entendemos que somos pequeños para ir por ahí solos. – Sonrió divertido. – Sino vamos a casa pronto se enfadará más y mañana el entrenamiento será más largo.
-          Odio entrenar, tú siempre estás haciendo artes marciales y yo  solo me siento en el suelo como un indio para aprender a concentrarme. – dijo indignada.
-          ¿Vamos a casa? – le preguntó su hermano.
-          Si… pero. – Aura miró la flor con tristeza. – Que hacemos con ella, está sola en mitad del bosque, alguien podría pisarla.
-          No está sola. – Alas se agachó y apartó las hojas que envolvían a la flor, debajo de ellas había un pequeño brote. – Tiene una hermanita.
-          ¡Que bien! – Aura se alegró. – Pero es peligroso, casi ni se ven.
Alas le tocó la cabeza a Aura y le sonrió, se levantó de un salto y empezó a coger piedras, Aura percibió lo que estaba haciendo, ya que ambos podían comunicarse mentalmente, se levantó y lo imitó, cuando ya tenía suficientes  las colocaron  alrededor de las flores.
-          Que buena idea hermanito. – Aura se levantó y lo abrazó. – ¿Vamos a casa?
Alas miró al cielo, de su espalda se desprendieron miles de luces que formaron dos pequeñas alas azuladas. Dio unos pasos atrás separándose de Aura. Corrió hacia ella aleteando, la cogió en brazos y despegaron del suelo.
-          No. – pegó su cabeza contra la suya. – Esta apunto de esconderse el sol, vamos a verlo desde lo más alto.
Alas se elevó en el cielo dejando atrás los grandes árboles. Aura miraba el suelo impresionada le encantaba volar con su hermano, siguieron planeando hasta llegar al más alto de todos los robles, donde siempre iban para estar alejados de todo y se sentaron los dos juntos en una de sus fuertes ramas. El sol empezó a esconderse a lo lejos y todo se cubrió de un cálido color naranja, aquello era un maravilloso espectáculo y los dos se quedaron callados observando. Aura apoyó la cabeza en el hombro de su hermano y este la rodeó con el brazo. Ambos sintieron que eran los más felices del mundo, no les hizo falta hablar ya que compartían los sentimientos y los pensamientos. Podían saber exactamente como se sentía el otro, si Aura estaba triste o decaída Alas lo sabía casi antes que ella, y siempre conseguía animarla con una de sus divertidas travesuras. Cuando Alas estaba triste Aura solo tenía que abrazarlo, era como un bálsamo para él.
El sol se escondió por completo dando paso a las mil estrellas que adornaron el cielo. Los dos se quedaron contemplando, tan solo con mirar al cielo eran felices y más si estaban juntos, la brisa les apartó el pelo enmarañado lleno de hojas secas y trozos de ramas enganchadas. Nunca se preocupaban por su higiene, más que niños parecían cachorros salvajes.
-          ¡ALAS, AURA! – Rilen gritaba los nombres de sus hijos que otra vez habían desaparecido. - ¿Dónde estarán? Seguramente me estén escuchando…
Rilen caminaba por el oscuro bosque iluminado por un pequeño farol redondo que colgaba de su mano, no era una vela, ya que la esfera brillaba por completo, parecía estar hecho del mismo material que su casa, piedra de luna. Rilen estaba enfadado con sus traviesos hijos pero al mismo tiempo preocupado por ellos. Sabía que estos podían valerse por si mismos pero a él le preocupaba algo más que ellos desconocían, sabía que pensaban que el bosque era seguro ya que por muy salvajes que fueran los animales se llevaban bien con ellos. Pero a Rilen  no le preocupaban los animales, eran los humanos de quien tenía miedo y en especial de uno de ellos.
Alas miró a Aura los dos se comunicaron en silencio decidieron bajar y darle un susto a su padre. Descendieron por las gruesas ramas como dos pequeños monos, esperaron a que Rilen estuviera justo debajo de ellos y cuando iban a saltar este los miró.
-          Soy vuestro padre. – dijo enfadado. – Puedo adivinar que vais a hacer en cada momento. A casa los dos, Nicolás a preparado la cena con todo su cariño y volveremos a comérnosla fría. Tenéis muy poco respeto, bajad de ahí de inmediato. – dijo serio pero sin levantar la voz.
Aura se sintió mal por lo que dijo su padre, esta vez se habían pasado, miró a Alas con los ojos tristes arrepentida, después miró a su padre con cara de pena.
-          Aura… - Rilen no podía soportar aquella carita. – Ni lo intentes, te has portado mal y estoy enfadado.
-          Lo siento papá. – Agachó la cabeza. – De verdad que lo siento.
-          ¿Alas, te vas a disculpar? – sabía que lo que estaba pidiendo era muy difícil.
-          Lo… - Alas no quería disculparse pero sintió a Aura. – Lo siento padre.
-          Cuando lleguemos a casa os disculpareis con Nicolás, ¿de acuerdo? – dijo mientras caminaba.
Los dos asintieron, y lo siguieron de camino a casa. Cuando se estaban acercando olieron la cena y a Aura le rugió el estomago. Alas era mucho más resistente y podía permanecer enérgico durante un día sin comer.
-          Se me acaba de ocurrir cual será vuestro castigo. – se giró y les miró el pelo enmarañado que a ambos les llegaba por los hombros. – Corte de pelo.- canturreó.
-          ¡No!. – Alas y Aura gritaron al mismo tiempo.
-          Sí, me temo que sí. – Rilen se giró sonriendo. – Y una buena ducha, oléis a tierra húmeda.
-          ¿Una ducha? – Alas se estremeció. – ¿Por qué?, estamos limpios.
-          ¿Estáis limpios? – Rilen se giró y le levantó un mechón de pelo a Alas.
Aura soltó una carcajada, sabía que su padre tenía razón, siempre tenía razón en todo y Alas siempre intentaba negárselo sin éxito. Por muy cabezota que fuera, su padre le ganaba con solo decirle dos frases.
Alas se cruzó de brazos y frunció el ceño, Aura le sonrió. Habían llegado a casa, de las grandes ventanas alargadas salía una cálida luz, vieron a Nicolás andando por dentro de un lado a otro, parecía preocupado. Las paredes que daban al exterior reflejaban un color azul, de ellas colgaban enredaderas con hojas en forma de flecha y unas lucecitas parpadeaban alrededor. Su estructura circular era extraña, las paredes tenían surcos como los de una montaña rocosa, era una casa muy luminosa ya que estaba rodeada de grandes ventanales con mosaicos abstractos de colores. A Aura le encantaba y siempre que la observaba se quedaba fascinada. Corrió hacia la entrada, quería disculparse cuanto antes, abrió la gruesa puerta de madera que estaba decorada con  finos y precisos surcos de formas florales. Nicolás se giró de inmediato y la miró aliviado.
-          Lo siento, lo siento, lo siento. – Aura lo repitió varias veces, realmente se sentía muy mal ya que le había pedido a Nicolás que le hiciera su comida preferida.
-          Ya, ya Aura. – Nicolás le acarició el pelo intentando tranquilizarla. – No pasa nada. Te perdono pequeña.
-          ¿Sí? – Aura lo miró con los ojos lagrimosos y seguidamente le saltó a los brazos. – Gracias tío Nicolás. – No era su tío biológico pero a Aura no le importaba.
-          Lo siento tío Nicolás. – Refunfuño Alas sin mirarlo.
-          A ti  no te perdono. – lo miró con  expresión seria.
-          ¿Por qué? – Alas lo miró sorprendido, aunque siempre intentaba hacerse el duro quería  a su padre y a su tío casi tanto como a Aura, solo que le gustaba hacerlos enfadar.
-          Es broma. – Nicolás empezó a reírse al ver la cara de asombro de Alas.
-          ¿Qué hacemos Nicolás, les damos una ducha? – Rilen le guiño el ojo, era el momento de su venganza. – Luego calentaremos la cena.
-          ¡No! – gritó Alas, no tenía mucha hambre pero odiaba bañarse, aunque al final siempre era divertido.
Rilen pasó por uno de los tres arcos de la entrada y entró a una amplia habitación, el techo era de cristal y por el se filtraba la luz de la luna, se dirigió a una pared y tocó una esfera igual que la que llevaba en el bosque esta  iluminó la habitación. En medio de la habitación había una gran bañera de piedra oscura con tres fuentes, hechas de un extraño material blanco nácar muy parecido al marfil. Estiró una pequeña palanca que había al lado de la bañera y de los grifos empezó a brotan agua. Se agachó delante de la bañera y pulsó un botón azul que había en el suelo, este servía para calentar el agua. Todo aquello había sido diseñado por Nicolás que era un gran inventor, toda la energía que necesitaba la casa la extraían de los vidrios de las ventanas y del techo que habían sido mezclados con materiales fotovoltaicos como el silicio, todo el cristal estaba conectado por finos hilos conductores, que se juntaban todos en el sótano y almacenaban la energía en una enorme piedra de la misma característica que las luces y los farolillos de la casa. En aquella habitación había un banco de la misma piedra rodeando tres de las cuatro paredes y en la cuarta pared una pila con una fuente igual que las de la bañera. Al poco tiempo el vapor inundó la habitación.
-          Niños, a la ducha. – dijo con dulzura.
Aura y Alas lo habían estado mirando todo el tiempo escondidos detrás de la pared  mientras asomaban sus cabecitas. No podían negar que tenían ganas de entrar y sumergirse dentro de la gran bañera, la primavera no había llegado y aunque siempre estaban en movimiento sus ropas eran cortas y finas, Alas iba sin camiseta, vestido con unos pantalones que solo le llegaban a las rodillas, y Aura llevaba una camiseta de seda larga y unos pantalones como los de su hermano, ambos iban descalzos.
Entraron corriendo mientras tiraban sus ropas por el aire, no tenían ningún reparo, el pantalón de Alas cayó en la cabeza de Rilen que bufó irritado. Siempre hacían lo mismo, eran unos niños con muy buen corazón pero le era imposible enseñarles modales ya que siempre estaban solos y no entendían porque tenían que comportarse de otra manera si les hacía sentir incómodos. Ambos saltaron dentro, el agua salpicó y chorreteó por los costados filtrándose por una rejilla que rodeaba toda la bañera, esta agua era conducida al jardín que tenían en el patio trasero. De esta forma la aprovechaban al máximo y tenían el baño limpio.
Rilen se quitó el pantalón de la cabeza resignado, cogió la ropa del suelo y la puso dentro de un cesto, se giró y miró a sus niños que no estaban hablando pensó que estarían comunicándose a su manera, eso le molestaba un poco, no era justo.
-          No hagáis eso niños. – dijo delicadamente, tampoco podía negárselo.
-          ¿Por qué? – Aura lo miró sonriendo.
-          Porque no saber lo que estáis tramando me pone nervioso. – guiño un ojo. – Si Alas dejara de hablar parecería un robot. – bromeó. – Y andaría así. – Rilen movió sus brazos mecánicamente imitando a un robot.
-          Aura creo que papá está loco. – Dijo riendo a carcajadas.
-          Si, más loco que el tío Nicolás. – bromeó con su hermano.
-          En el fondo del agua… - Rilen levantó una mano y puso la voz grave. – Algo estaba creciendo rápidamente, un remolino que giraba sobre si mismo tragando todo lo que había  a su alrededor…
-          ¡No! El remolino no… - dijeron los niños.
En el centro de la bañera el agua empezó a girar como si se estuviera vaciando, pero la cantidad de agua seguía siendo la misma. Se cogieron de las manos mirándose divertidos, el remolino creció y estos empezaron a dar vueltas dentro de la bañera riendo a carcajadas. Rilen movía la mano en círculos, tenía un gran poder mental que le permitía mover las cosas a su antojo. Se había pasado toda su vida entrenando su mente sin descanso para llegar a ser capaz de  controlar su entorno.
-          Venga niños poneos el pijama. – les dijo mientras paraba de mover el agua. – Y vamos a cenar que huele de maravilla.
Rilen se dirigió hasta la cocina que tenía una forma rectangular y muy alargada, con un gran banco de piedra clara y un extraño aparato mecánico que aguantaba una olla. Nicolás estaba terminando de calentar la cena, intentó coger la olla pero salto una chispa y se le chamuscó el flequillo.
-          Dichosa maquina. – dijo mientras se tocaba el flequillo. – ¿Por qué no puedo diseñar algo que no me ataque?
-          Porque pedrerías la gracia. – dijo Rilen riendo.
-          ¿Te parece gracioso? – frunció el ceño. – Deberías de estar preocupado, tus hijos viven en una casa hecha por mí, cualquier día volamos por los aires.
-          No lo creo, es la casa perfecta, deberías de estar orgulloso y dejar de lamentarte por tonterías.
-          Bueno… esto ya está listo. – dijo resignado. – Espero que esos gamberros no tarden mucho en venir porque empezaré sin ellos.
Ambos salieron de la cocina, llegaron al amplio salón y depositaron los platos y la olla encima de una gran mesa de piedra clara, en el otro lado del salón había un gran sofá azul rodeado de dos sillones del mismo color y delante de los muebles había, incrustada en la pared, una chimenea. El suelo también era de piedra del mismo color que las paredes solo que debajo de los sillones estaba cubierto por una gran alfombra roja con adornos dorados que  parecía sacada del mismo oriente.
Aura y Alas entraron correteando y riéndose, saltando por encima del sofá y los sillones, Rilen los miró enfadado, comprendía que eran especiales pero se estaban pasando.
-          ¡Niños! – les gritó. - ¿Queréis que me enfade de verdad? Tenéis que tener un poco de respeto ya que esos muebles no son solo vuestros.
Los niños bajaron de inmediato, a veces se les olvidaba que estaban dentro de casa, su padre tenía razón. Se disculparon y se sentaron en las sillas. Aura miró su plato, tenía muchísima hambre pero esperó a que todos tuvieran su comida. Rilen terminó de  poner los platos y se sentó. Empezaron a comer, Nicolás y Rilen estaban hablando de cosas que Aura y Alas no entendían muy bien, escucharon algo de una ciudad y se interesaron.
-          Papá, ¿Cómo es la ciudad? – Aura miró a su padre con los ojos bien abiertos.
-          No te gustaría pequeña. – Le sonrió con ternura. – Hay mucha gente.
-          ¿Hay niños? – preguntó Alas.
-          Sí pero no son como vosotros. – dijo Rilen.
-          Quiero ver la ciudad papá. – le dijo Aura y puso su cara para convencerle.
-          No te gustará Aura. – intentó convencerla.
-          Solo una vez. – su cara cada vez era más tierna y era difícil negarle algo.
-          No sé pequeña, no me parece buena idea. – Rilen tenía miedo de llevarlos allí y estaba seguro de que no les iba a gustar. – ¿Qué dices Nicolás?
-          Bueno… si ellos vienen podemos ir los dos así aprovechamos el viaje y lo hacemos todo de un tirón. – dijo Nicolás.
-          Está bien. – seguía pareciéndole mala idea. Pero Nicolás tenía razón. – Pero cuando volvamos seguiréis con vuestro entrenamiento. Aura, espero que mañana me sorprendas y al fin logres concentrarte.
Aura lo miró sonriendo, solo llegó a concentrarse una vez pero se desoriento y casi hizo volar la casa, tenía miedo de lo que podía llegar a hacer por eso nunca podía concentrarse. En cambio para Alas era más fácil se concentraba con facilidad, aunque su entrenamiento era más duro ya que no paraba de moverse y esquivar cosas que su padre hacia volar en su dirección. Rilen conocía perfectamente a sus hijos y sabia que se le daba mejor a cada uno, aunque con Aura lo tenía más difícil, ya que su mente era complicada y al tiempo que iba creciendo tenía más y más poder que ella misma temía, no quería hacerle daño a nadie… se parecía mucho a su madre.
Terminaron de comer Aura y Alas se hablaron telepáticamente, al parecer a su padre se le había olvidado cortarles el pelo. Estaban limpiando la mesa riendo mientras miraban a su padre de reojo.
La mesa ya estaba limpia y Rilen se sentó exhausto en  medio del sofá estiró sus brazos y sus piernas, algo le rondaba la cabeza. Seguía pareciéndole mala idea llevar a sus hijos a la ciudad, además de ello, tenía que decirles como se tenían que comportar, el niño no podía mostrar sus alas y tenía que ponerse una camiseta, y Aura… bueno con ella lo tenía  más fácil, el único problema eran sus ojos de colores intensos, por otra parte, los pelos que llevaban. Ya era tarde y todavía tenía que cortarles el pelo. Los niños se sentaron uno a cada lado de él, sabían que su comportamiento de ese día no había sido muy bueno y lo abrazaron sin decir nada.
-          No creáis que se me ha olvidado. – Rilen les alboroto el cabello. - ¿Quién quiere ser el primero?
-          Alas, me lo ha dicho mentalmente. – Aura le sacó la lengua a su hermano.
-          Pequeña… - arrugó la nariz. – Me has fallado.
-          Tranquilo hermanito quiero llevar el pelo como tú. – le sonrió.
-          De eso nada. – Rilen suspiró, otra vez tenía que lidiar con ellos. – Aura tú eres una niña y Alas un niño, no podéis llevar el mismo peinado, si no fuera por vuestros ojos seriáis iguales.
-          Papa… - Aura se entristeció. – Por favor, yo quiero llevar el mismo pelo que Alas.
-          A ver, tiene que haber una solución. – Rilen se tocó la barba pensativo.
-          ¡Ya lo tengo! – Aura había tenido una gran idea aunque a su padre seguiría sin gustarle. – Déjame un mechón de pelo más largo, a un lado.
-          ¿Enserio Aura? – Rilen se rindió. – Está bien, de todas formas destacareis cuando os lleve a la ciudad…
Los niños se miraron felices, Alas cogió una silla y se sentó dejando a un lado el respaldo para que su padre pudiera cortarle el pelo más cómodamente. Rilen le cubrió la espalda con una toalla, cogió las tijeras y empezó a cortar mientras Aura le daba instrucciones de cómo lo querían.
Terminó de cortarle el pelo a Alas y Aura ocupó su lugar, de nuevo, Rilen recibía instrucciones de sus hijos.
Por fin terminó la sesión de peluquería, iba a recoger cuando Nicolás se le adelantó y le dijo que descansara un poco, se sentó en el sofá en el mismo sitio que antes. Aura y Alas se miraban el uno a otro, aparte de poder hablarse telepáticamente podían construir imágenes en sus cabezas y transmitirlas, por lo que, no les hizo falta mirarse en  un espejo. Estaban contentos, su padre les había hecho caso en todo.
-          A ver, venid aquí que os mire. – dijo Rilen desde el sillón.
Los niños se acercaron y se quedaron quietos delante de él. Parecían otros, a Alas se le veía la cara que antes llevaba escondida entre la maraña de pelo, sus ojos azul eléctrico destacaban, su carita era dulce aunque siempre estaba muy serio. Miró a Aura que estaba sonriéndole, para él, era la niña más bonita del mundo, le había dejado el pelo por debajo de las orejas igual que a su hermano, lo tenían ondulado y se les acoplaba a la cara de forma sutil, le quedaba bien el pelo corto, al igual que a Alas, ahora se les podían ver los ojos. Rilen los miraba feliz, deseaba que su madre pudiera estar con ellos y ver lo encantadores que eran… aunque tal vez los estaba viendo.

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                                             - Próximo capítulo: 01 de Junio de 2012 -

sábado, 19 de mayo de 2012

Capitulo 4 Trágica despedida


Guardián seguía indicando el camino hacía las afueras de la ciudad. Aura estaba confusa,  no sabía porque Alas, como lo nombró en el sueño, les había dicho que salieran de la ciudad, ¿Qué les esperaba allí? Tal vez se dirigían a alguna montaña o incluso a algún vivero, no conocía la zona tan bien como Jade ya que solo había ido allí pocas veces. Por otra parte, estaba aterrada, todas las bestias de la ciudad se habían organizado para buscarla, no paraba de preguntarse qué pasaría si les encontraban, ¿cómo iba a protegerlos a todos? Aku se acercó a ella y la miró con tristeza él sabía que se estaría culpando por todo.
-          ¿Cómo te encuentras? – susurró.
-          Bien Aku, pero si les pasara algo a alguno de los niños o a Jade… - Aura le resultó imposible  terminar la frase.
-          Tranquila, saldremos de esta, te prometo que protegeré a los niños y a Jade con mi vida. – su seriedad hizo que Aura creyera sus palabras.
-          Tampoco quiero que te pase nada a ti, eres una buena persona Aku. –lo miró con los ojos lagrimosos. - ¿Qué hay a las afueras de la ciudad?
-          Creo que hay más pueblos pequeños rodeados de campos de naranjas.
-          Es posible que si llegamos allí estemos a salvo. – Aura le dedicó una tierna sonrisa. – Sigamos con nuestras posiciones, no te preocupes por mí.
-          De… acuerdo. – se puso muy nervioso cuando Aura le sonrió.
Siguieron avanzando por las oscuras calles, la media luna era de gran ayuda para distinguir las calles, aunque no les daba la suficiente luz para tener toda la zona controlada. Lo único que podían hacer era agudizar sus oídos y estar alerta.
Llevaban casi dos horas de camino cuando Aku distinguió lo que parecían unos grandes Arboles a pocos metros de ellos, le indicó a Aura que mirara al frente, se quedaron boquiabiertos cuando vieron aquellos enormes árboles delante de ellos.
-          Jade. –dijo Aura retrocediendo. – Mirad eso.
-          ¿Un bosque?. – Jade no salía de su asombro.
-          ¿Cómo ha aparecido eso ahí? - Carlos estaba maravillado.
-          ¿Qué cojones?. – fue lo primero que se le ocurrió a Juan.
-          Silencio. Seguid ya estamos cerca. – Aura tuvo un mal presentimiento.

Un sonido agudo corto el viento, Aura se giró de inmediato y vio una esfera de fuego acercarse a ellos con rapidez, antes de que pudiera pensar en nada la esfera fue directa a Río, Guardián salto y fue impactado por ella rodó por el suelo con Río.
-          ¡Río!. – Aura gritó.
Aku vio que más de treinta bestias estaban avanzando hacia ellos, pero no solo eso, con ellos había cuatro seres oscuros como el que vio aquella vez con Aura, y otro encapuchado con las manos en llamas. Sin pensarlo más empezó a atacar con su arco, le dio a uno de los seres pero la flecha lo atravesó. Aura se abalanzó sobre Río que estaba tirado en el suelo aturdido, se le había prendido la ropa, a Guardián, que estaba en llamas, se le iluminó el pelo con un color azulado y este brillo pasó a Río extinguiendo las llamas. Río abrió los ojos y miró a Aura. Aura lo abrazó con fuerza.
-          Lo siento. – Aura empezó a llorar. – Todo esto es por mi culpa.
-          ¡No!. – le grito Río. - No lo es, si no fuera por ti estaríamos todos muertos.
-          ¡Maldito chucho! – gritó el encapuchado.
Aura giró la cabeza, su expresión cambió de repente, la ira empezó a invadirle el cuerpo sintió un fuerte odio que crecía rápidamente dentro de ella, nunca había tenido aquella sensación, se levantó despacio y se adelantó a Aku que estaba a unos tres metros de sus enemigos sin dejar de lanzar flechas.
-          Aura, ¿Qué haces?. –Aku se asustó al ver la cara de Aura, parecía estar en trance, otra vez. - ¡Aura salid de aquí, os cubro! ¡Entrad en el bosque!
Aura no le hizo caso y siguió avanzando poco a poco hacía el encapuchado, este se quitó la capucha y la miró con sus ojos amarillos. 
-          Vas a venir con nosotros. – le dijo con voz escalofriante – O mataremos a todos tus amigos.
Aura levantó la cabeza y lo miró fijamente sus ojos desprendían una intensa luz verde, su cuerpo empezó a brillar, una capa de color purpura translucida le rodeó el cuerpo. El cielo crujió y un rayo, que atravesó el cielo de parte a parte, iluminó la escena por una milésima de segundo,  Aku no podía creer lo que estaba viendo, A Aura le estaba pasando algo que se escapaba de su comprensión. 
-          Aura, ¿Qué te ocurre? ¡AUARA PARA! .- Aku no sabía que hacer solo se le ocurrió gritarle para que volviera en si pero esta ni lo miró.
Un gritó resonó en el cielo, era Alas que aterrizó delante de Aura y extendió sus Alas cubriéndola de sus enemigos. Tenía el cuerpo lleno de arañazos y apenas se mantenía en pie pero no dejaría que nadie se acercara a ella.
-          Pequeña cálmate, por favor. – su voz era dulce y triste.
-          Ha llegado el insecto salvador. – el chico de ojos amarillos frunció el ceño.
-          Akai, maldito traidor. – dijo Alas con desprecio. – Si sigues así no sobrevivirá.
-          Yo creo que sí, si ella viene conmigo no sufrirá, puedo salvarla Alas – sonrió malévolamente.
-          ¡Cállate! –Alas estaba enfurecido.
Aura miró la fuerte espalda de Alas, levantó una mano y la posó sobre ella. De repente su cabeza se lleno de imágenes que iban pasando tan rápido que no podía distinguir ninguna con claridad. Se giró y vio a los cuerpos borrosos de los niños y a Jade, su cuerpo no le respondía. La capa que la rodeaba empezó a agrietarse y una fuerza sobrenatural presionó su cuerpo casándole tal dolor que empezó a chillar. Alas se giró hacia ella y la abrazó con fuerza, no sabía como parar aquello. Todos los demás se estremecieron, algo le estaba ocurriendo a su amiga y no podían hacer nada.
-          Mírame pequeña. – Alas cogió su cara y la obligó a míralo a los ojos. – Intenta pararlo, concéntrate, - dijo desesperado. – Vamos,  puedes hacerlo.
Akai aprovechó el despiste para lanzar otra llamarada que fue directa a Alas pero antes de que impactara Aura cambió sus posiciones con tal rapidez que nadie puedo verlo con claridad. Alas cayó al suelo, estaba demasiado débil. Aura levantó una mano y el fuego se consumió delante de ella. La capa que la cubría se pulverizó en mil trozos que desaparecieron, el cielo crujió de nuevo ensordándoles a todos que cayeron aturdidos al suelo.
-          ¡Ayúdanos! – Alas miró al cielo.
De repente el suelo se abrió entre ellos y sus enemigos y de la gran grieta salieron miles de raíces, de un verde grisáceo y del grosor de una columna, directas al cielo creando una inmensa pared. Aura vio una figura femenina casi tranparente, delante de ella, le sonrió con una ternura que le invadió el corazón, calmando su ira. Pero el dolor se intensificó de  tal manera que le resultaba imposible permanecer consciente. Pensó que había llegado su fin, no quería morir y menos ahora que estaba recordando quien era en realidad y quien era Alas, no podía morir ahora que lo había encontrado. Miró a Alas que se estaba incorporando a duras penas sin apartar la mirada de ella, no había dejado de mirarla ni un segundo, sus ojos estaban lagrimosos.
-          No… no puedes rendirte… - dijo al ver que Aura estaba cerrando los ojos lentamente.
-          Alas… no quiero morir. – dijo Aura mientras dos lágrimas recorrían sus mejillas.

Alas se acercó a ella con toda la rapidez que su cuerpo le podía ofrecer, sintió una punzada en el corazón, no soportaba verla llorar. Aura se tambaleó y sus ojos se cerraron por completo él la agarró y los dos cayeron al suelo.
-          Pequeña, no por favor, resiste, no te rindas ahora. – Alas empezó a llorar.
Intentó levantarse, con Aura en sus brazos inconsciente, pero su cuerpo no le obedecía, una mano agarró su brazo ayudándole a incorporase.
-          ¿Qué le está pasando? – pregunto Aku asustado, no quería que Aura muriera.
-          Su cuerpo no puede soportar… - Alas no tenía fuerzas para seguir hablando y las pocas que le quedaban le tenían que servir para llevar a Aura a su casa antes de que fuera demasiado tarde.
Alas miró al cielo, escuchó la acelerada respiración de Aura que seguía luchando por su vida, en ese momento se dio cuenta de que no se estaba rindiendo. Aura se estaba esforzando al máximo y si no se daba todo ese esfuerzo sería en vano. Tenía que llevarla a casa. Se levantó con la ayuda de Aku que no le soltó el brazo ni por un segundo, se dijo a si mismo que si Aura estaba aguantando todo aquel dolor él podría valerse de sus últimas fuerzas para salvarle la vida. Extendió sus alas y miró a Aku.
-          ¿A dónde te la llevas? - Aku se estremeció, no quería perderla, no quería estar lejos de Aura. – No puedes llevártela, no los puedes dejar sin ella. – Aku señaló a Jade y a los niños.
-          ¿¡Acaso quieres que muera!? – Todos se estremecieron al escuchar a Alas gritar aquellas palabras. – Él puede salvarla si llego a tiempo.
-          ¿Él?, ¿Tú? - Aku estaba cansado de tanto misterio. – ¡Al menos, dinos quien eres! – gritó enfadado.
-          Soy su hermano. – Alas lo miró fijamente a los ojos, y por primera vez en su vida se preocupó por un humano que no fuera su hermana. – Guardián se quedará con vosotros, seguidle a donde os guié, confiad en él, como lo hizo Aura, y estaréis a salvo.
Alas saltó para coger altura y poder alzar el vuelo, sus alas empezaron a aletear con fuerza alejándose cada vez mas del suelo.
-          ¡¿Volveremos a verla!?. – gritó Aku antes de perderlo de vista.
Alas no respondió y desapareció en el cielo. Unas voces los alertaron, sus enemigos seguían detrás del muro de raíces. Aku reaccionó rápidamente y corrió hacia los demás, los niños estaban llorando abrazados a Jade, esta intentaba controlar sus lágrimas pero estaba demasiado cansada. Juan y Carlos estaban aturdidos por todo lo sucedido sus caras estaban tristes y parecía que no les quedaba fuerza. Aku recordó la promesa que le hizo a Aura reprimió todo su dolor y miró a Guardián.
-          Sácanos de aquí por favor. – le dijo con los ojos tristes.
Guardián que había perdido su expresión alegre se dirigió hacia el bosque.
-          ¡Despertad de una vez!- le grito a Carlos y a Juan. – Coged a un niño cada uno y corred detrás de Guardián, el nos guiará.
Estos le obedecieron rápidamente, se habían encariñado con Aura aun siendo esta tan asocial, les había protegido sin pedir nada a cambio.
-          Jade, ¿Puedes correr con Kaley a hombros? – le preguntó Aku amablemente.
Jade tenía los ojos enrojecidos de llorar y las mejillas empapadas, se limpió con la manga de su chaqueta y asintió con la cabeza. Un rayo de esperanza invadió su corazón, confiaba tanto en Aura que estaba segura de que iba a sobrevivir, que sería capaz de hacerlo, no conocía a nadie tan fuerte como ella. Había sido capaz de cuidar de ellos tanto tiempo enfrentándose sola a el peligro día tras día. Se arrodillo en el suelo y Kaley se subió a su espalda sin dejar de sollozar.
Aku se acercó a Río que estaba llorando desamparado como si acabara de perder a su madre, no sabía que decirle.
-          Río, ¿acaso no confías en Aura? – la voz de Jade los sorprendió a todos incluido a Guardián que la miró con los ojos abiertos. – Es la persona más fuerte que he conocido, no sé que le está pasando pero sea lo que sea luchara contra ello, se recuperará y no tardará en venir a buscarnos. Ninguno de vosotros deberías dudarlo ni por un segundo, así que, si ella está luchando con todas sus fuerzas deberíamos ser capaces de sobrevivir.
La voz de Jade les dio esperanzas, Río se secó las lágrimas y Aku lo ayudó a subirse a su espalda, se giró y vio que el muro se estaba quemando.
-          ¡Corred!. – Aku gritó y todos corrieron hacia dentro del bosque.

Guardián cesó la marcha y empezó a olisquear a su alrededor, todos pararon para descansar ya estaban a unos kilómetros de la ciudad y no habían escuchado a nadie detrás de ellos.
-          ¡Todo ha sido por tu culpa! – le gritó Río enfadado a Aku mientras se desprendía de su espalda. – Si no hubierais aparecido Aura nunca…
-          ¡Río¡ - Jade gritó enfadada.
-          Déjalo Jade, tiene razón… - Aku agachó la cabeza y se sintió culpable.
-          Aku… le salvaste la vida. – Jade se acercó y le puso una mano en el hombro. – Y si no fuera por ti quien sabe dónde estaría ahora.
-          Vamos chico no te atormentes, no tienes la culpa de nada, -dijo Carlos con voz dulce.
-          Pero si aquel día Aura no me hubiera salvado en el callejón… las cosas serian diferentes.  – una lágrima recorrió su mejilla, cayó al suelo de rodillas, no podía evitar sentirse culpable. – Lo siento Río, yo no quería haceros daño.
-          ¿Pero qué estupideces estás diciendo? – dijo Juan. – Si no fuera por ti yo estaría muerto, tú no has hecho ningún mal. Es más, no creo que exista una persona más buena que tú. No le hagas caso a Río, está dolido por lo ocurrido y seguramente lo ha dicho sin pensar.
Río miró a Aku fijamente que estaba arrodillado delante de él. Le había caído mal desde la primera vez que lo vio pero no porque fuera una mala persona, sino, porque pensaba que iba a apartar a Aura de su lado… se arrepintió de haberle gritado aquellas duras palabras. Sabía que a él le gustaba Aura y seguramente los dos estaban igual de tristes. Recordó que Aku le dijo a Aura que él los cubriría que se adentraran en el bosque, Río se dio cuenta de que si Aura le hubiera obedecido este hubiera muerto protegiéndolos y no solo a Aura sino a todos. Río empezó a odiarse a sí mismo.
-          Lo… siento. – dijo entre sollozos y se abalanzó sobre Aku abrazándolo con fuerza. – No quería hacerte daño, perdóname. Soy un imbécil.
-          No lo eres. – Aku le devolvió el abrazo.
-          Nada es culpa tuya, gracias por cuidar de Aura. – Río seguía agarrado a él. – Yo soy demasiado débil para cuidar de ella. No sirvo para nada.
-          Río mírame. – Aku apartó a Río delicadamente. – Tú no eres débil, tan solo eres pequeño, - Aku le apoyó las manos en los hombros. – Además tienes los hombros fuertes ya casi estas hecho un hombre. – Intentó animarle. – Seguramente cuando crezcas podrás darme una paliza. – le sonrió.
-          No lo haré. – Río no pudo evitar sonreír. – Me caes bien.
-          Si es que… ahora se están riendo los jodidos. –soltó Carlos.
Guardián se acercó a ellos, había cambiado desde que Aura ya no estaba, no parecía ser el mismo lobo invencible, estaba decaído como un perro abandonado. Pero aun así había encontrado un claro en el bosque donde podrían vivir mientras esperaban a que Aura se recuperara. Todos lo siguieron y este se dejó caer en el suelo, suspiró profundamente.
Aku lo miró, no sabía como podía animar a un lobo aunque Guardián no era normal. Pensó que tal vez si le hablaba lo entendería, al menos con Aura parecía entenderse. Se acercó y se sentó a su lado acariciándole el lomo suavemente.
-          No sé si me puedes entender. – dijo – Se que estas triste y preocupado por Aura y nosotros para ti somos diferentes a ella, pero no quiero que te sientas fuera de lugar, te queremos como a uno más, te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho, salvaste a Río a Aura y a mí.
Guardián lo miró con los ojos tristes, le acercó la cabeza y la apoyó en sus piernas suspirando de nuevo.
-          Me gustaría poder animarte, pero yo tampoco lo estoy. Aunque tengo la esperanza de que Aura sea capaz de sobrevivir. Seguramente tú la conociste cuando era pequeña y separarte de ella ahora que estabais juntos debe de ser más difícil para ti que para mí. Pero aun así quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites, ¿de acuerdo?
-          ¿Qué le ocurre? ¿Está enfermo? - dijo Jade acercándose a Guardián, preocupada por su estado, se dio cuenta de que su pelo había perdido brillo.
-          Esta triste. – Aku suspiró.
Los niños se acercaron a Guardián y empezaron a acarícialo con delicadeza, Juan y Carlos se sentaron junto ellos rodeando al animal. Guardián que había cerrado los ojos los abrió y los miró a todos. Le lamió la cara a Dum que le estaba acariciando las orejas con sus pequeñas manos.
-          Ah… que asco. – dijo Dum limpiándose la cara. – Ponte bueno perrito grande.
-          Te ha lavado la cara Dum. – dijo Río sonriendo, seguía estando triste pero las palabras de Jade resonaban en su cabeza y eso le daba animos.
-          Dum, no es un perrito grande. – Kaley le frotó la cabeza a Dum. – Es el dios de los lobos, el más fuerte y poderoso, puede partir una montaña de un coletazo y con su aullido debilitar hasta al más valiente. – Kaley parecía narrar el inicio de una historia.
-          No es un dios es el guerrero que protege a la princesa. – dijo la niña.
-          Claro como tú eres la princesa… - Kaley le sacó la lengua. – Pero yo te digo que es un dios.
-          Es un perrito grande. – dijo Dum sin entender muy bien de que iba la cosa.
-          Dum, ¿para ti todo es grande o pequeño? – dijo Río arqueando una ceja.
-          Tú eres pequeño. – Dum señalo a Río. Y tú también. –señalo a Kaley. – Y tú. –señalo a Princesa. – Y tú eres grande. – abrazó a Guardián.
Carlos, Juan, Aku y Jade observaban embobados a los niños que sin darse cuenta les estaban animando a todos incluido Guardián que se incorporó y empezó a lamer las caras de los niños que estallaron en carcajadas.
Aku sonrió aliviado Guardián ya estaba mucho más animado. El sol empezó a iluminar el bosque lentamente, los rayos de luz se filtraban entre las copas de los árboles. Todos se quedaron callados observando, habían estado demasiado ocupados y no se habían dado cuenta de que estaban rodeados de inmensos arboles. Las raíces adornaban el suelo junto con unas pequeñas flores de tonalidad azulada. Los pájaros despertaron y el cielo se lleno de pequeños aleteos y cantos.
-          Es como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que escuche cantar a un pájaro. – dijo Juan mientras miraba al cielo hipnotizado.
-          Es precioso… - dijo Jade con los mismos síntomas que estaba padeciendo Juan.
Aku prefería observar sin hablar, cuando estaba mirando a su alrededor, vio a lo lejos una rama en el suelo, pensó que tenían que aprovisionarse antes de que cayera la noche, sino querían morirse de frío. Tenían que construir un refugio y buscar comida. Después de todo seguían perdidos. Miró a Río que lo estaba mirando curioso por saber sus pensamientos.
-          ¿En qué piensas? – dijo Río.
-          Tenemos que construirnos un refugio, por la noche refrescará. – dijo señalando la rama. – También tenemos que encontrar comida.
-          ¿Puedo ayudarte? – Río sacó de su mochila un pequeño bloc y un lápiz desgastado.
-          Claro que puedes. ¿pero me vas a ayudar con un papel y un lápiz? – preguntó, tenia curiosidad por saber lo que Río estaba tramando parecía muy animado.
-          Río es un pequeño genio. –le dijo Jade. – Si encontramos lo que está apuntando en su cuaderno pronto tendremos un bonito y practico refugio.
-          Pero si te ayudo me tienes que enseñar a utilizar tu arco. – le dedicó una picara sonrisa.
-          Trato hecho. – sonrió.


Sus fuerzas se estaban agotando, Alas seguía surcando el cielo, su respiración era cada vez más acelerada y forzada, estaba llegando a su límite pero tenía que seguir… solo un poco más. Miró hacia abajo sabía dónde estaba pero a causa de su cansancio estaba desorientado, buscaba con la mirada un claro entre aquellos gigantes árboles de copas frondosas, Aura yacía inconsciente entre sus brazos, estaba empapada de sudor y no paraba de gritar por el dolor.
-          ¡RILEN! – Alas gritó.
No conseguía encontrar su casa y los gritos de Aura lo estaban poniendo cada vez más nervioso. Al fin divisó una cúpula de cristal a unos metros de él. Descendió mientras esquivaba las gruesas ramas que se cruzaban unas con otras, haciendo de su trayectoria un complejo laberinto lleno de obstáculos. Salió del bosque, envolvió a Aura con sus alas y cayó al suelo de espaldas, protegiéndola de la caída. Delante de ellos había una casa hecha de piedra de luna lo que le daba un aspecto ilusorio, el techo abombado de aquella casa estaba compuesto de un extraño cristal de colores que dejaba filtrar la luz al interior.
Alas respiraba intensamente, sus fuerzas se habían acabado y ni siquiera podía levantarse del suelo. Un hombre de pelo y barba blanca cogió a Aura y se la llevó corriendo dentro de la casa. Alas giró sobre su cuerpo y miró a Aura, intentó levantarse pero su mente y su cuerpo cedieron al agotamiento, sus ojos se cerraron y quedó semiinconsciente en el suelo.
Un hombre delgado y de pelo grisáceo se acercó a Alas rápidamente. Se arrodilló a su lado y le tocó la frente, con la otra mano se recolocó las redondas gafas de gruesos cristales que le hacían los ojos pequeños, su cara estaba llena de arrugas y manchas de carbón, su pelo alborotado le daba un aspecto alocado.
-          Lo hiciste muy bien Alas. – le dijo con una aguda pero relajada voz. – Tienes fiebre muchacho. – intentó levantarlo del suelo. – Este viejo ya no tiene fuerzas para esto.
Alas entreabrió los ojos, sus músculos estaban engarrotados y a duras penas podía mantenerse consciente. Pero quería estar a su lado.
-          ¿Cómo esta? – pregunto jadeando.
-          Rilen ha conseguido estabilizarla, ha dejado de gritar y se ha calmado un poco.
-          Llévame con ella. – dijo Alas mientras se ayudaba del anciano para levantarse.
Alas entró en una habitación y vio a Aura tumbada boca arriba en una cama, su cuerpo estaba envuelto por una luminosa esfera verde y de ella salían una multitud de delgados tubos, del mismo aspecto, que se juntaban todos en otra esfera del mismo color pero completamente opaca. Las paredes estaban cubiertas por una enredadera de color verde oscuro con hojas en forma de flecha, encima de algunas de estas palpitaban unas blancas y pequeñas luces que no paraban de moverse. Alas se dirigió a la cama y se tumbo a su lado, atravesó la esfera con su mano y esta se alargó abarcando su cuerpo, Alas le cogió delicadamente la mano a su hermana. Sus heridas empezaron a sanar, Alas cerró los ojos y se sumió en un profundo sueño.
-          ¿No será peligroso Rilen? – dijo el viejo preocupado. – Aura esta curándolo, en su estado, es increíble.
-          No creo que sea peligroso, Alas le da calor, ya que el cuerpo de Aura ahora solo puede proporcionarle veintisiete grados. – dijo seguro, pero su cara reflejaba angustia y sufrimiento.
-          ¿Estás bien? – lo miró con tristeza. – Llevas mucho tiempo sin dormir y comiendo fatal, ahora te necesitan al cien por cien, deberías descansar y comer.
-          Tranquilo Nicolás, estoy bien, no voy a poder dormir hasta que despierte. – miró hacia la cama preocupado.
-          Voy a prepararte algo para ti y Alas, el también debería comer, conociéndolo sé que no habrá comido nada desde que se fue.
-          Nicolás… - dijo antes de que saliera por la puerta. - ¿Qué he hecho mal para que pasara esto? - miró a su amigo con sus intensos ojos azules esperando consuelo.
-          Tú no tienes la culpa de nada, hiciste lo que pudiste entonces y ahora, estás haciendo lo imposible. – le puso una mano en el hombro.
-          Alas me odia… - agachó la cabeza. – Y Aura cuando despierte también me odiará.
-          No digas estupideces, son tus hijos y eres el mejor padre que he conocido. Alas ha estado muy decaído por la ausencia de Aura y vuestra relación no ha sido muy buena, pero a los dos os faltaba algo. Cuando Aura despierte os invadirá otra vez con su alegría. – Nicolás sonrió al recordar. – Y todo volverá a ser como antes.
-          Eso espero, querido amigo. – suspiró.
- Próximo capítulo: 26 de Mayo de 2012 - 

viernes, 18 de mayo de 2012

Hola! Para la gente que no tenga mi facebook y no se ha percatado de la página que he creado recientemente aquí os dejo el link para que le deis a ''me gusta''.
Gracias por vuestra atención.
Recordad mañana subiré el capítulo 4.
Link: http://www.facebook.com/LaUltimaCronica

sábado, 12 de mayo de 2012

Capitulo 3 Búsqueda


La ciudad permanecía en silencio, el sol matutino reflejaba en las aceras humedecidas por el rocío de la noche, el invierno estaba llegando haciéndose notar con su fría brisa matinal. En una de las casas, de aquel barrio de la ciudad, las ventanas estaban tapiadas con telas negras. Alguien vestido con una túnica negra e impecable, con la cabeza cubierta con una gran capucha, giró por una esquina directo a aquella casa. Abrió la puerta y miró a unas bestias que estaban en una esquina tumbadas en el suelo. En la habitación había dos más de aquellas bestias que caminaban como humanos.
-          ¿Qué ha pasado? - Pregunto mientras se quitaba la capucha.
Las bestias lo miraron con miedo, era un joven con pelo rojo fuego y los ojos de un amarillo puro, su piel era blanquecina lo que le daba un aspecto temible.
-          La… la – una de las bestias empezó a hablar. – Los teníamos… acorralados a ella y a sus amigos pero el apareció.
-          Alas… - Susurró el chico pensativo.
-          Si, Alas. Nos sorprendió cayendo del cielo, los pulverizó a todos menos a nosotros dos que conseguimos escapar. – dijo nervioso.
-          Ya apareció, no esperaba que lo hiciera tan pronto. Si es así tenemos que capturarla lo antes posible.
-          Lo sentimos  Akai, no pudimos hacer nada. – dijo esperando un severo castigo.
El joven se quedó pensando, sabía que tenía que dar nuevas órdenes a sus súbditos y necesitaba pensar en un plan. Tenía que ser inteligente y rápido pues bien sabía que si Alas aparecía de nuevo no habría posibilidades de capturarla, además de eso, la necesitaban con vida. Aunque deseaba verse las caras con su antiguo enemigo debía tener paciencia y seguir con las órdenes del maestro.
-          A las afueras de la ciudad está creciendo un bosque, los árboles ya son de más de tres metros, os será imposible entrar allí, la tierra esta enfurecida – contó el chico. – Pero es lo único que puede hacer. Os contaré el plan: haremos una búsqueda por todas las casas y edificios de la ciudad por donde la habéis visto, para ello los necesitamos a todos. Si alguien ve a Alas que me lo haga saber de inmediato, aunque os cueste la vida.- dijo con los ojos llenos de ira. - Si lo encontramos, lo mataré… - No estaba muy seguro de sus palabras pero su odio era mayor que su miedo. – Cuando encontréis a Aura matad a todos sus amigos, si os apetece, pero a ella no le hagáis ni un rasguño o sufriréis las consecuencias. En cada grupo ira un Oscur, sabéis que son despiadados así que seguid todas sus instrucciones o os mataran. Partiremos una vez se esconda el sol. Avisad a los demás.
Las bestias, sorprendidas porque no les había castigado, salieron rápido de la habitación.  Akai se quedó mirando a la pared, esta vez no tenía que fallar, el mismo iría  por ella.
Un ser entró en la habitación, flotando a unos centímetros del suelo y se acercó a Akai, este se giró y lo miró fijamente. Aquel ser no tenía ojos, ni nariz, ni boca, era como una sombra completamente negra, parecía que se estaba diluyendo con agua ya que de su cuerpo se desprendían un sinfín de hilos negros que se iban desasiendo en el aire.
-          Fallaron… - de la posición de aquel ser salió una voz grave y demoniaca. - ¿Los has castigado?
-          No tenemos tiempo para eso. – dijo sin apartar sus intensos ojos amarillos de aquel ser. – Les he dado nuevas instrucciones, ayer comprobaste conmigo que está pasando fuera de la ciudad, tenemos que darnos prisa. Ya sabes que tienes que hacer Oscur.
-          Como desees joven maestro.
-          ¿Por qué me llamas así? – Akai se extraño, siempre le habían llamado por su nombre.
-          Órdenes del maestro. – su voz seguía sonando aterradora.
El chico se puso feliz, el maestro lo había galardonado con un nuevo nombre digno de alguien poderoso, ahora no tenía que fallar, no quería defraudar a quien tanto le enseñó.


Jade estaba cocinando mientras Carlos buscaba cubiertos en los cajones para poner la mesa, estaba animado, silbando una alegre canción. Se acercó a Jade y olió la comida.
-          No te esfuerces en oler nada, es arroz hervido con sal. – dijo Jade resignada, estaba harta de comer siempre lo mismo.
-          Me imaginaré que estas cocinando un delicioso estofado y me lo comeré como tal. – dijo sonriendo. -Por cierto, ¿de dónde sacáis el agua? ¿Y el gas para cocinar?
-          Río es un chico muy listo y habilidoso construyó en la terraza un cachivache, con plásticos y trozos de madera y de hierro, que recoge el agua de la lluvia y se va depositando en una bombona. Le pidió a Aura que le trajera cloro y tenemos bastante agua embotellada en buen estado. – Jade sonrió al recordar cuando lo construyeron todos juntos. – Hay una ferretería muy cerca de aquí en la que quedan bastantes botellas de gas, Aura y yo trajimos unas seis botellas antes de que todo empezara a ponerse peor, allí encontramos a Río escondido.
-          ¿Cómo os ducháis? – Carlos notó que Jade olía bien.
-           En este ático hay una bañera, menos mal que no es plana. – sonrió. – Calentamos el agua con la olla que estoy haciendo el arroz, y la metemos en la bañera. ¿Algo más señor preguntón? – hizo una mueca burlona.
-          No Jade, gracias. Iba a preguntar que si usáis jabón pero seguramente Aura os lo trae. – Carlos estaba impresionado.
-          Sí, es nuestra heroína, sin ella oleríamos mal. – Jade rió a carcajadas.
-          ¿Solo eso? – Carlos acompañó su risa. – ¿Puedo preguntar una cosa más? Tal vez sea una pregunta bastante dura.
Juan entró en la cocina seguido de Aku, Aura les había pedido que la dejaran a solas con los niños, ya que estaban muy asustados y no querían hablar delante de ellos.
-          Aura nos ha echado. - bromeó Juan. -¿Podemos ayudar en algo?
-          No, esto ya está casi listo. – Jade pensó en la respuesta para la pregunta de Carlos, temía que la entristeciera pero tenía que aguantar. – Carlos, puedes preguntar lo que quieras, pero si no quiero contestar entiéndelo.
-          Lo entenderé. – se puso serio y buscó las palabras más indicadas. - ¿Que le pasó a vuestras familias? – Fue lo único que se le ocurrió.
-          Bueno. – se entristeció pero decidió contarlo. – Yo estaba estudiando y viviendo en la ciudad con unas compañeras de piso cuando todo esto empezó. Intenté volver a casa pero ya no había trenes y no se conducir. Mis compañeras de piso empezaron a desvariar y me vi obligada a salir de allí. Me pase dos días vagando por las calles y escondiendome. Aura salió del pueblo y vino a buscarme pero cuando estaba a unos ocho quilómetros se le terminó la gasolina, las gasolineras ya habían sido arrasadas. Decidió seguir a pie, hasta que llegó a la ciudad y me encontró. Todavía recuerdo cuando la vi aparecer, con esa katana que parece que se le ha pegado al cuerpo. Me sentí muy feliz cuando la escuché gritar mi nombre a pulmón abierto. Después de encontrarme buscamos un edificio vacío y luego encontramos a Río, después a Princesa, a Dum y a Kaley.
-          ¿Y Aura? ¿Qué pasó con su familia? – preguntó Juan esta vez.
-          Aura es huérfana, se ha pasado desde los cinco años de casa en casa, siempre ha sido un poco extraña y muy asocial. Las familias que la acogían no podían llegar a entenderse con ella que casi ni les hablaba, así que siempre volvía al orfanato. Hasta que vino a vivir con una familia de mi pueblo, al parecer se encariñó con su abuelo adoptivo, este le enseñó a ser amable y de él heredo su sentido del humor. En el colegio nos hicimos amigas, se quedó con aquella familia, más bien con su abuelo, pero este murió un poco antes de la guerra y Aura desapareció de casa. Cuando llegó aquí, me contó que se había marchado al campo a una casita a la que iban ella y su abuelo y allí vivió. Hasta que en uno de sus viajes a la civilización vio como estaban cambiando las cosas y decidió venir a por mí.
-          ¿Qué edad tenéis? – pregunto Juan.
-          Seriáis buenos reporteros. – Jade arqueó una ceja. - Tenemos veintiuno.
-          Aku es un año más pequeño. – dijo Carlos.
-          ¿Aku qué pasó con tu familia? – preguntó Jade sin pensar.
-          Mi familia… - Aku se entristeció. – Me pasó lo mismo que a ti, estaba aquí estudiando y no pude volver. No sé nada de ellos. Pero seguramente estarán escondidos en mi casa del campo, como lo estuvo Aura.
-          Creo que estarán bien. – dijo Carlos. – Tu mismo descubriste que para esos bichos el polen es como un veneno, así que, no creo que se acerquen a la naturaleza.
-          ¿Eso lo sabe Aura? – preguntó Jade.
-          No, era lo que os quería contar después de cenar. – dijo Aku. – Eso y algo más.
-          Pues esto ya esta.- cogió la olla para colar el arroz pero Carlos se la quitó de las manos.
Aura estaba sentada con los niños en los colchones había conseguido distraerlos y ahora estaban todos jugando a cartas. Decidió no pensar más en los acontecimientos ya que la cabeza le daba vueltas. Carlos, Juan, Jade y Aku salieron de la cocina con los cubiertos y la olla de arroz. Aku miró a Aura que estaba sonriendo y bromeando con los niños, se quedó prendado de su cálida sonrisa y deseó que alguna vez le dedicara una para él.
-          ¿Ves? El amor siempre triunfa. – bromeó Carlos.
-          Cállate. – sus mejillas se enrojecieron.
Aura se levantó con Dum pegado a su pierna, el niño tenía mucha vergüenza y se escondía detrás de ella. Aura lo cogió en brazos.
-          Vamos Dumi. – le acarició la cabeza mientras este la abrazaba con fuerza escondiéndose entre su pelo.
Todos se sentaron y empezaron a comer, pero el pequeño Dum, todavía en los brazos de Aura, no tenía intención de hacerlo. Aura intentó despegárselo del cuello pero estaba cogido como un monito.
-          Dumi, si no comes no podrás jugar con los demás. – su voz era cálida y agradable. – Y me ha contado Jade que hay un tesoro muy especial que lleva tu nombre.
-          ¿Sí? – dijo el niño todavía sin separarse de ella.
-          Sí, ¿verdad Jade? – preguntó Aura.
-          Sí, y es muy brillante. – Jade no tenía mucha paciencia para eso así que su voz sonó un poco distante.
-          Bri…llante. – Le encantaban las cosas brillantes.
Al fin se despegó de Aura y sentado en su regazo empezó a comer lentamente mirando de reojo a Carlos, que estaba sentado a su lado. Aku no podía apartar la vista de Aura, era completamente diferente cuando estaba con los niños, le encantaba su dulzura, aunque en la calle pareciera una seria guerrera, él ahora la veía de otra forma. Juan le dio una patada por debajo de la mesa y le sonrió, Aku, como siempre, se ruborizó.
Terminaron de comer y los niños los ayudaron a recoger la mesa, Dum seguía enganchado a Aura. Las chicas acostaron a los niños y los arroparon. A Jade le molestaba un poco hacer aquello pero cuando estaban todos dormidos se sentía feliz al ver sus dulces caritas. Pensaba que sería perfecto si siempre estuvieran así, ya que era ella quien tenía que aguantarlos cuando Aura se iba a la calle. Al fin y al cabo seguían siendo niños con toda su energía inagotable.
Después de asegurarse que estaban todos dormidos se sentaron en la mesa, se miraron por unos instantes, Aku estaba nervioso temía que lo que iba a contar perjudicara más la situación por la que Aura estaba pasando.
-          Aku, antes de nada, dile a Aura lo que descubriste. – dijo Carlos.
-          Aura… esos seres parece que son alérgicos… o vulnerables al polen. Pero creo que no solo a eso. – dijo Aku. – Parece que la naturaleza les causa alguna especie de daño, es como si les envenenara. He observado que no se acercan a las plantas,  por eso elegimos aquella tienda para vivir.
-          Por eso aquella bestia se fue rápidamente cuando pasó por delante… - dijo Aura pensativa.
-          Aura eso es una gran noticia, ¿No crees? - dijo Jade animada.
-          Otra cosa más. – Aku suspiró. – Las bestias que me acorralaron este mediodía en el callejón… me preguntaron por ti. Querían saber donde estabas. Aura… me temo que quieren algo de ti. – Aku se asustó, temía empeorar su estado.
-          ¿Qué? – Aura se extrañó. - ¿Pero como sabes que preguntaron por mi? ¿Te dijeron mi nombre?
-          No, me preguntaron por la chica que iba con un lobo. Por supuesto no les dije nada. Uno de ellos dijo que no te mataran cuando estábamos peleando ¿recuerdas?
-          ¿Pero… por qué? – Aura empezó a asustarse, si aquello era así estaba poniéndoles a todos en peligro. – Esto es demasiado para mí, las alucinaciones, aquel ser extraño, Guardián y el chico que nos ha salvado… ¿Qué me está pasando?
-          No dejaré que te ocurra nada malo, te protegeré. – Aku tenía las mejillas rojas pero le daba igual, quería que Aura supiera que él estaba allí.
-          Aura, ¿estás bien? – Jade estaba preocupada su amiga tenía la mirada perdida.
-          Sí, creo que sí. – Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Aura se levantó de la silla y salió a la terraza, estaba percibiendo algo. Los demás la siguieron parecía estar en trance otra vez. Se asomó por la gruesa pared de la terraza y a lo lejos distinguió una luz.
-          Hay una luz. – dijo Aku.
-          Hay más de una. – dijo Aura recorriendo con la mirada toda la ciudad. – Me están buscando.
Aura recordó, cuando estaba con su abuelo en el campo, que jugaban a ver quién podía distinguir y escuchar a más pájaros. Decidió intentarlo, agudizó su odio al máximo, su objetivo estaba demasiado lejos pero se concentró. Cerró los ojos…  y poco a poco su mente separó todos los sonidos, las respiraciones de sus amigos el latir de sus corazones que cada vez eran más fuertes, ¡estaba funcionando!… Hasta que pudo oír unas voces a la lejanía, eran confusas, se esforzó para entenderlas, fue separándolas una por una hasta que al fin oyó, con bastante claridad, una de ellas. Buscad en todos los edificios de la ciudad, en todas las plantas… abrid todas las puertas.
Aku, Carlos, Juan y Jade no entendían que estaba haciendo. Aura abrió los ojos de repente con cara de espanto.
-          Nos van a encontrar. – le temblaba la voz. – Están buscando en todos los edificios y son muchos, tenemos que irnos de aquí, salir de la ciudad ya.
-          ¿Qué dices Aura? – Jade se estaba asustando.- ¿Cómo vamos a sacar a los niños de aquí? ¿A dónde quieres que vayamos?
-          A las afueras de la ciudad estaréis a salvo. – Una voz les sorprendió desde el tejado.
-          ¿Quién eres? – Aura intentó ver quien se escondía entre las sombras.
-          Eso no importa… salid de aquí, los distraeré.
-          ¿Eres el chico que nos salvó? – pregunto Aku, aun sabiendo la repuesta.
-          Seguid a Guardián él os guiará. ¡Rápido! – su voz era firme.
Aura no lo pensó ni un segundo más por alguna razón confiaba en aquel chico misterioso. Entró en el ático. Jade la siguió y empezó a coger las cosas necesarias. Rió se despertó sobresaltado al ver que todo el mundo estaba nervioso y haciendo, lo que parecían, las maletas.
-          Aura ¿Qué pasa? – Rió se le acercó asustado.
-          Río, escúchame bien. Tenemos que irnos de aquí. – Aura le puso una mano en la mejilla. – Tienes que ser fuerte y cuidar de los niños ¿de acuerdo? No dejaré que te ocurra nada. – le besó la frente.
Aura miró a su alrededor, todos estaban preparados, los otros niños aun dormían.
-          Este es el plan. – dijo seria. – Carlos, Juan vosotros dos llevareis a Dum y a Princesa, ellos no podrán seguir nuestro ritmo a pie. Jade encárgate de Río y Kaley que no se separen de ti. Aku, tú iras a la derecha más avanzado inspeccionando las calles, yo iré a la izquierda si ves algo no grites hazme una seña. ¿De acuerdo?
Todos asintieron, Aura despertó a los niños, iba a ser difícil convencer a Dum. Princesa accedió de inmediato era una niña muy obediente. Dum les costó más pero Río lo animó diciéndole que sería como ir montado en un caballo, como un legendario caballero. Aura les advirtió de que por nada tenían que gritar, debían ser silenciosos.
Bajaron las escaleras, los niños estaban muy asustados aunque al mismo tiempo querían ver la ciudad, era la primera vez que salían en mucho tiempo. Aura dejó que Guardián saliera primero, al menos eso le hizo entender el animal. Al cabo de unos segundos se acercó a la puerta y Aura hizo una seña para que salieran. Todos se colocaron de acuerdo a las instrucciones de Aura y Guardián les enseñó el camino. La noche era fría y oscura alumbrada ligeramente por la media luna, así que su visión era muy pobre. Jade les apretó las manos a Kaley y a Río estos la miraron asustados pero ella les devolvió una sonrisa.
-          Con Aura estaremos bien. – susurró.


Alas caminaba sigiloso por las calles de la oscura ciudad, pegado a las paredes con los sentidos agudizados pero estaba demasiado nervioso para darse cuenta de todo lo que pasaba a su alrededor. Escuchó unas voces cerca de su posición, se escondió detrás de un cubo de basura.
-          Encontré al insecto. – una voz grave lo sobresaltó detrás de él.
Alas se giró de inmediato y vio un Oscur a unos dos metros de él. Se preparó para lo peor, iba a escapar de allí cuando unas bestias lo sorprendieron rodeándolo, eran más de veinte. Se abalanzaron sobre él, desplegó sus alas que aparecieron de la nada e intentó salir volando pero las bestias lo atacaron como una manada de buitres hambrientos. Unos le sujetaban las alas otros los brazos y piernas. Cerró los ojos y pensó en Aura eso le dio fuerzas y de su cuerpo se desprendieron miles de rayos azul eléctrico que aturdieron a sus enemigos, pero eran demasiados, sus alas se movían con fuerza apartando a las bestias haciéndolas rodas por el suelo al ser golpeadas . Tenía el cuerpo llenos de arañazos y mordeduras, se estaba debilitando. Solo necesitaba alcanzar el cielo para estas a salvo…
-          Insecto, ¿Dónde está ella? – el Oscur se acercó a él flotando lentamente.
Alas lo ignoró por completo e intentó deshacerse de las bestias, que lo inmovilizaban, con otra descarga eléctrica. Eran demasiados y se iban relevando unos a otros para mantenerlo atrapado. El Oscur se paró delante de él levantó una mano y lo agarró del cuello apretando con fuerza.
-          Dímelo o morirás.
-          ¡No! – le costaba respirar.
Otra descarga eléctrica sacudió a las bestias que se desprendieron de él, a el Oscur no parecía afectarle. Alas intentó alzar el vuelo pero aquel ser lo empujó hacia el suelo y Alas cayó golpeándose la cabeza.
Se incorporó lentamente pero antes de que pudiera ponerse de pie el Oscur le agarró la cabeza y la empujó hacia el suelo. No sabía que hacer, estaba aturdido por el dolor que las heridas le estaban causando. No podía luchar contra el Oscur que tenía una fuerza sobrenatural.
-          Vas a morir aquí, sin volver a verla…nunca más.



                                   - Capitulo 4: 19 de Mayo de 2012 -