lunes, 2 de julio de 2012

Capítulo 10, Infancia: Sin fuerzas.

Aura se despertó de golpe, estaba empapada de sudor frío, había tenido una pesadilla. Alas se despertó y la abrazó.

- ¿Qué has soñado? – le dijo mentalmente. A Alas le asustaban los sueños de Aura porque siempre se hacían realidad.

- Alas, creo los niños del otro día van a pegarle a Akai cuando lo encuentren solo. – le comunicó Aura a través de la mente.

- ¿Sabes cuándo? – Alas estaba preocupado quería proteger a su nuevo amigo.

- Creo que era por la tarde. – dijo Aura nerviosa, no lo sabía con exactitud.

- Pequeña, iremos a ayudarle, ¿de acuerdo? – Alas le cogió la mano. – Pero papá no tiene que enterarse, iremos solos.

- ¿Solos? – Aura se preocupo aún más. – ¿Cómo vamos a irnos sin que se entere? Antes era más fácil pero ahora están Lazúli, Guardián y Kinos, ellos siempre están por el bosque, nos verán.

- Iremos volando. – dijo Alas sonriendo.

-

Rilen estaba sentado en el sillón del salón leyendo un libro tranquilamente, parecía bastante feliz. Aura y Alas entraron con gesto sospechoso. Rilen los miró por el rabillo del ojo.

- ¿Qué estáis tramando niños? – les preguntó.

- Nos ha pillado, Alas no sabes disimular. – le dijo mentalmente Aura.

- A ti solo te faltaba silbar. – le contestó Alas.

- Nada papá, tengo hambre. – dijo Aura.

- Normal, ayer no hubo forma de despertarte para cenar. – dijo Rilen.

Aura y Alas se sentaron en la mensa mientras Rilen les preparaba el desayuno. Estaba empezando a preocuparse, sus hijos estaban demasiado quietos y se estaban comportando como personas normales, en vez, de ponerlo nervioso revoloteando por la cocina.

- ¿Qué ocurre? ¿Por qué os estáis portando tan bien? – les preguntó Rilen entrando al salón con el desayuno.

- Porque… - Aura tenía que pensar rápido, cualquier escusa serviría. – Porque queremos volver a la aldea a jugar con Akai y ver a Clara.

- Ya veo que os habéis hecho muy amigos. – Rilen dejó de sospechar, siempre que querían algo se comportaban y eran muy buenos.

- Sí, ¿podemos ir esta tarde? – Aura pensó que si les acompañaba su padre podrían evitarlo sin tener que escaparse.

- Hoy no podrá ser pequeña. – Rilen odiaba negarle algo a su hija. – Tengo que ayudar a vuestro tío y ya lo he dejado tirado varias veces pero podemos ir mañana, ¿Qué os parece?

- Bueno, está bien. – dijo Aura.



Eran las tres de la tarde, Kinos estaba en lo alto de la montaña disfrutando del sol primaveral. Vio un pájaro a lo lejos, se quedó mirándolo fijamente, aquello no era un pájaro, eran Aura y Alas. Kinos se preocupó, se estaban alejando demasiado, descendió rápidamente de la montaña y empezó a seguirles lo más rápido que podía.



Aura y Alas llegaron a la salida del bosque, descendieron y él oculto sus alas. Empezaron a correr hacia casa de Akai, en el sueño pasaba a unos metros de ella. Vieron a Akai a lo lejos jugando con una pelota muy cerca de un camino de tierra que daba al bosque. Corrieron hacia él.

- Akai… - Aura estaba exhausta y le costaba hablar. – Tenemos que…

- ¿Qué hacéis aquí? ¿Rilen sabe que habéis venido? – les preguntó Akai preocupado.

- No, no lo sabe. – dijo Alas.

- Os vais a meter en un buen lio. – dijo Akai sonriendo, estaba feliz de volver a verlos.

Aura miró hacia un lado y vio a unos diez niños que se acercaban a ellos, llevaban palos de madera en las manos.

- Alas mira. – Aura se asustó, eran demasiados.

- Corred hacia el bosque. – dijo Alas mientras los cogía a los dos de la mano.

Los otros niños empezaron a perseguirles. Aura corría todo lo rápidamente que podía, sabía que podrían con ellos pero eso conllevaría utilizar sus habilidades y no podían hacerlo delante de Akai. Siguieron corriendo pero no los perdieron, aquellos niños los estaban alcanzando. Akai se paró de golpe, estaba enfurecido y harto de que siempre lo estuvieran molestando, no iba a permitir que le hicieran daño a sus nuevos amigos, que los persiguieran y maltrataran como a él, tenía que romper la promesa que le hizo a su madre. Aura y Alas se pararon y retrocedieron hasta él, Alas lo cogió del brazo pero este no se movió. Los otros niños se fueron acercando y se pararon delante de ellos. Eran muchos y había dos de unos doce años.

- Ese es el que me pegó. – dijo el niño al que Alas retorció el brazo.

- ¿Cómo te atreves a pegarle a mi hermano? – uno de los niños de doce años habló. – Me las vas a pagar.

Akai se puso delante de Alas, su cara mostraba ira, estaba tan enfadado que no pudo aguantarse más y sus manos se encendieron. Aura sintió su poder casi al instante y miró sus manos.

- Alas, mírale las manos a Akai, están ardiendo. – le dijo mentalmente. – Está muy enfadado.

Alas comprendió a su hermana, no tenían que dejar que los niños vieran sus manos. Alas le cogió una mano a Akai y Aura le cogió la otra, el fuego no les afectó. Akai los miró asustado pensó que estaba quemándoles pero las llamas se extinguieron.

- ¿Qué hacemos Alas? – le preguntó Aura a su hermano mentalmente, estaba muy asustada y no podía pensar con claridad. Sabía que aquellos niños no dudarían en hacerles daño.

- Tranquila pequeña, podré con todos. – le dijo Alas mentalmente intentando tranquilizarla.

Él chico que había amenazado a Alas levantó la vara de madera y se fue acercando a ellos. Alas empujó a Akai y a Aura hacia atrás. En ese momento un caballo relinchó y saltó por encima de Aura, Akai y Alas, quedándose entre ellos y los otros niños. Los niños se asustaron y retrocedieron, Kinos se levantó quedándose a dos patas mientras relinchaba con fuerza y movía las patas de delante. Los niños se asustaron y se fueron corriendo, no podían competir con aquel gran caballo furioso.

- Aura, debiste avisarme de esto. – le dijo Kinos enfadado.

- Lo siento, no quería que mi padre se enterara. – le dijo Aura entristecida, sintió que le había fallado.

- ¿Con quién hablas? – le preguntó Akai.

- Con Kinos. – Aura miró a Kinos con cara de pena.

Akai miró a aquel precioso y esbelto caballo gris, su hermosa melena negra ondeaba con el viento, le pareció la criatura más bella del mundo.

- ¿Cómo puedes hablar con él? – le preguntó Akai extrañado, se había dado cuenta de que sus amigos eran diferentes a los otros niños.

- Akai, ¿Por qué se te han encendido las manos? – le preguntó Alas.

Akai lo miró nervioso, no sabía que decirle, él había nacido con ese don y le había prometido a sus padres que nunca se lo contaría a nadie pero ellos eran sus amigos, ahora más que nunca sabía que podía confiar en ellos.

- Le prometí a mis padres que no se lo contaría a nadie… - Akai los miró a los dos. – Pero sois mis amigos, los únicos que he tenido. Si yo os lo cuento vosotros me tendréis que contar porque no os he quemado.

- No es buena idea niños. – les dijo Kinos a Aura y a Alas.

- Pero es nuestro amigo. – le dijo Alas a Kinos.

- No le digáis quien es vuestra madre. – les advirtió Kinos, Akai no podía escucharlo.

- Pero si no le decimos eso no nos entenderá. – le dijo Aura a Kinos telepáticamente.

Kinos se acercó a Akai y lo miró fijamente, en ese momento se dio cuenta de algo. Guardián y Lazúli se acercaron a ellos corriendo, los gritos del caballo los habían alertado, podían escucharse mutuamente por muy lejos que estuvieran. Akai retrocedió asustado.

- Tranquilo Akai, son nuestros amigos. – le dijo Alas.

Lazúli y Guardián se acercaron a Akai, había algo en aquel chico, los tres supieron al momento de que se trataba. Se miraron entre ellos.

- ¿Qué ocurre? – dijo Aura extrañada al ver el comportamiento de los animales.

- Nada, estamos asegurándonos de que es un buen chico. – le dijo Lazúli.

- Pues claro que lo es, es nuestro amigo. – le dijo Aura.

- Deberíais volver a casa los tres. – dijo Lazúli.

- Pero no podemos dejar a Akai solo y si lo están esperando. – dijo Alas preocupado.

- Yo lo acompañare a su casa, ¿de acuerdo? – dijo Guardián. – Decídselo.

- Akai, Guardián, el lobo, te acompañara hasta tu casa. – le dijo Aura con amabilidad. – No tengas miedo, no te hará daño.

- Pero ¿Qué pasa con lo que estábamos hablando? – dijo Akai. – ¿Vais a dejar de ser mis amigos? Os asusto, ¿verdad? – Akai se entristeció.

Aura se acercó a él y le cogió las manos, lo miró a los ojos y le sonrió. Akai estaba muy asustado no quería perderles y menos ahora que les había mostrado su habilidad, quería compartirlo con ellos. Aura vio lo que pensaba y lo abrazó.

- No voy a dejarte solo. – le susurró Aura.

A Akai se le llenaron los ojos de lágrimas, se puso feliz, llegó a pensar que aquello era un sueño, ¿Cómo podía existir alguien como ella? Tan dulce, tan buena y cariñosa… tan bonita.

- Ni yo. – dijo Alas. – Eres nuestro amigo. Pero si no dejas de llorar dejaré de serlo. – Alas le sacó la lengua.

Akai se frotó los ojos con la manga de la camisa y sonrió.

- Yo no estoy llorando. – dijo ruborizado, no podía mostrarse débil delante de Alas, los dos eran chicos y los chicos no lloran. – Ha sido Aura que me ha metido el pelo en un ojo.

Los tres niños rieron a carcajadas.

- Vamos niños, es hora de volver. – dijo Lazúli.

- Akai tenemos que irnos. – le dijo Alas. – Pero mañana iremos con nuestro padre si no se enfada por habernos escapado.

Se despidieron, Akai se giró y ando junto a Guardián. Le daba impresión ir al lado de aquel enorme lobo que le sacaba dos cabezas, le tenía un poco de miedo. Guardián lo miró y Akai esquivó su mirada, no se atrevía a mirarlo a los ojos. Guadián se dio cuenta de que él niño estaba asustado, no era buena idea hablarle a alguien que apenas conocía así que le lamió la cara, con eso bastaría. Akai lo miró y se paró, se armó de valor y levantó la mano para tocarle, Guardián se acercó a ella y puso la cabeza debajo. Akai sonrió y siguió andando, ahora ya no tenía miedo y se sentía seguro al lado de aquel enorme animal.

- No sé qué pasa con Aura y Alas – dijo Akai, tenía la impresión de Guardián lo podía entender. – Pero deben de ser muy especiales para tener amigos como vosotros, sois impresionantes. Ojala viviera con ellos en el bosque… podría ser feliz. – Akai se entristeció, odiaba vivir en aquella aldea llena de chiflados.

Guardián se acercó a él y rozó su cabeza contra la suya. Podía entenderlo perfectamente y no le preocupaba que el niño lo supiera. Para que algunos de los tres animales hablaran con una persona normal, esta tenía que ser especial y de gran corazón, y sobretodo proteger a la naturaleza. Guardián pensó que pasaría mucho tiempo hasta encontrar a la próxima persona a la que sorprendería con sus palabras.

Por fin llegaron a la casa de Akai. El niño miró a Guardián y sin previo aviso lo abrazó agradecido.

- Muchas gracias Guardián. – le dijo sonriendo.

Guardián le lamió la cara y se marchó corriendo hacia el bosque. Tenía que ocultarse de los humanos.



Aura y Alas caminaban junto a Kinos y Lazuli, todos estaban en silencio. Aura sabía que Kinos estaba muy enfadado con ella.

- ¿Estás enfadado conmigo? – le pregunto Aura a Kinos, aun sabiendo la respuesta.

- Sí, Aura. Te dije que si tenías problemas me lo dijeras. – le contestó molesto.

- Si te lo hubiera dicho se lo habrías contado a papá. – dijo Aura.

- Pues claro, vosotros sois niños no podéis solucionar las cosas como lo haría Rilen, debisteis contárselo. – dijo Kinos.

- Tienes razón Kinos, lo siento. – Aura sabia que decir lo siento no bastaría para que Kinos la perdonara. Suspiró y agachó la cabeza.

Guardián les alcanzó, llegaron a la entrada de la casa, Rilen los estaba esperando muy preocupado… como siempre.

- ¿Dónde estabais? – les preguntó enfadado. – No me digáis que en el bosque porque sé que os habéis alejado, puedo sentir vuestra esencia.

- Akai estaba en problemas y fuimos a ayudarlo. – le dijo Aura nerviosa, esta vez se habían pasado.

- ¿Por qué no me lo dijisteis? – les preguntó, vio que sus hijos no tenían la intención de responder. – ¿Crees que me habría quedado aquí sin hacer nada? Lo hubiera ayudado.

Aura y Alas no decían nada, se dieron cuenta de que su padre tenía razón.

- ¿No pensáis decirme nada? – les preguntó muy enfadado. – No sé que os está pasando por la cabeza pero espero que sea que tengo razón. Hoy os habéis pasado de la ralla. Iros a vuestra habitación y no salgáis hasta la hora de cenar.

Los niños pasaron por su lado cabizbajos y entraron en casa. Rilen estaba muy molesto con ellos, no habían confiado en él y eso era lo que más le dolía, lo habían defraudado.

- Rilen, tenemos que hablar contigo. – le dijo Lazúli. – Será mejor que te pongas cómodo, será una larga conversación.

Rilen se sentó en uno de los bancos de la entrada. Lazúli y Guardián se sentaron, Kinos, como siempre, permaneció plantado.

- Hemos descubierto algo, sobre ese chico, Akai. – le dijo Guardián.

- Entonces, ¿llegasteis vosotros para defenderlos? – preguntó retóricamente.

- Sí, yo los seguí por el bosque, sino llegó a aparecer hubieran utilizado sus habilidades, eran muchos y llevaban bastones de madera.

- ¡Joder! – soltó Rilen, nunca decía esas cosas pero estaba muy estresado y enfadado.

- Verás Rilen. – Lazúli hizo una pausa. – Akai, es el último elemental que ha nacido, el elemental de fuego.

- ¿Qué? Pero… - Rilen estaba confundido, el mismo había visto a los elementales y aquel niño no parecía ser uno de ellos. – Pero si es un niño normal, su cuerpo es como el de un humano. ¿Cómo es posible?

- Los elementales nacen como humanos, tienen piel, músculos y huesos. – explicó Lazúli. – Pero a medida que van creciendo, su poder crece con ellos. Y cuando llega el día, hacen un pacto eterno con la diosa y obtienen su verdadera forma.

- Su verdadera forma… - Rilen se frotó la barba pensativo.

- La diosa siempre sabía donde nacían y los protegía hasta que llegaba el día. – siguió Lazúli. – Los elementales siempre se han visto amenazados por su extraña apariencia y ella tenía el deber de protegerlos. A Ectodo nunca le creció el pelo y no se podía acercar a las personas. Terrus era tan fuerte que rompía todo lo que tocaba, la diosa estuvo muy pendiente de él, tanto que a los cinco años se lo llevó con ella. Ketar siempre ha tenido el pelo y los ojos grises pero no tuvo demasiados problemas gracias a su personalidad optimista y su sentido del humor a la gente le gustaba. Aqua nació en una época en la que la religión controlaba a las personas y todo lo que se salía de lo normal era eliminado, así que la diosa se la llevó nada más nacer ya que tenía el pelo azul.

- ¿Y porque no protegió a Akai? ¿Por qué no lo está protegiendo ahora? – preguntó Rilen extrañado.

- Akai nació cuando ella estaba embarazada de Aura y Alas. – dijo Guardián esta vez. – Dejó de ser una diosa mientras duro el embarazo, sus poderes se bloquearon y era como una humana, así que nunca supimos si nació el quinto elemental, hasta ahora.

- ¿Por qué no se dio cuenta después? – preguntó Rilen ya estaba temiendo lo peor.

- Rilen, la diosa está perdiendo fuerzas. – dijo Kinos entristecido. – la contaminación lo está debilitando. Y ahora está muy ocupada.

- ¿Ocupada con qué? ¿Es por Aura y Alas? – Rilen estaba confuso, sabía que le estaban ocultando algo.

- No, ellos le dan fuerzas. – dijo Lazúli. – Está haciendo crecer un mundo paralelo en otra dimensión, agotando casi toda su energía. Prevé que se acerca algo, algo que acabara con la humanidad… y tal vez con el mundo tal y como lo conocemos. Se está esforzando al máximo para poder salvar a la humanidad y a los animales.

- ¿Por qué se empeña en salvar a la humanidad? Ellos tienen la culpa de todo. – dijo Rilen enfadado.

- No solo ellos Rilen, hay alguien que está acelerando el proceso. – dijo Guardián preocupado. – Alguien como tú, con tu poder. Esa persona ha aprendido todo lo que tú sabes pero lo utiliza para mal.

- ¿Démian? – preguntó Rilen, estaba casi seguro de que era él. – Es él, ¿verdad?

- Sí… - dijo Guardián. - Los elementales han estado investigando y han dado con él. Ahora está viajando por los lugares más contaminados del mundo y parece que está experimentando con personas vivas.

- ¿Qué? – Rilen se quedó de piedra, sabía que su antiguo amigo era cruel pero tenía la esperanza de que algún día cambiaría. - ¿Desde cuándo lo sabéis?

- Desde hace dos años. – dijo Lazuli.

- ¿Por qué no me lo habéis dicho antes? ¿Por qué no me lo dijo ella? – Rilen estaba muy decepcionado, desde que nació buscó la paz y protegió a la tierra, pensaba que formaba parte de ella, que era uno más con quien podía confiar.

- La diosa no quería que fueras infeliz. – dijo Lazúli amablemente. – Ella quiere que disfrutes de tus hijos sin tener preocupaciones, quiere que disfrutes con ellos porque así ella también lo hace.

- ¿Por qué no lo impedís? – preguntó Rilen. – Encerradlo en algún lugar.

- No podemos… - dijo Guardián. – Tanto nosotros, como los elementales y la diosa solo somos espectadores, no podemos cambiar el rumbo de las cosas a no ser que sea por causas externas.

- ¿Por qué no? Si esto la está matando, los humanos la están matando. – dijo Rilen confundido, no entendía nada.

- ¿Te has fijado en la personalidad de Aura? – dijo Kinos. – Tan dulce, amable e incapaz de hacerle daño a nadie, cuando alguien sufre por su culpa no puede soportarlo. Cuando escuchó los pensamientos de los humanos en la ciudad colapso y se pasó un largo tiempo decaída. Pero no estaba enfadada con ellos por pensar eso, sino que buscó una solución sin importarle dañarse a si misma. Aura es igual que ella, ambas tienen un corazón tan grande que serian capaces de morir por salvar a otros. La diosa nunca le hará daño a nadie. Los elementales se han revelado muchas veces contra ella causando grandes desastres naturales como inundaciones o terremotos y con ello matando a muchos humanos, no soportan ver como muere sin hacer nada.

- ¿Y quién puede soportarlo? No los culpo. – Rilen se cubrió la cara con las manos. Su amor, la única a la que había amado, la madre de sus hijos se estaba muriendo.

- Pero gracias a Aura y a Alas, no se ha rendido y por eso se está esforzando tanto, tal vez todo esto tenga una solución.

- La solución es que yo mismo me encargue de ese maldito Démian. – dijo Rilen enfadado, nunca había sentido tanta ira dentro de él. – Soy un humano y es mí deber, ya que vosotros no podéis, yo lo haré. – dijo convencido.

Los tres animales se levantaron de repente. Rilen se sobresaltó, miró hacia dentro del bosque y vio una figura femenina que se acercaba a ellos, el sol de la tarde reflejaba en su hermoso pelo castaño oscuro y sus ojos verdes y amarillos brillaban con fuerza. Rilen la miró y toda la ira que tenía en su interior se esfumó al instante, la presencia de su amor lo conducía a un estado de paz que solo había experimentado cuando estaba cerca de ella. La miró sin apartar la vista de sus hermosos ojos, recordó todo lo que le habían contado, no pudo contenerse más y empezó a llorar. La diosa se acercó a él y lo rodeó con sus brazos apoyando sus labios en su cuello. Él se abrazó a ella desesperado, había pasado demasiado tiempo desde la última vez que pudo tocarla. Los animales decidieron dejarlos solos y se marcharon.

- Mi amor. – dijo ella con dulzura, su voz era hermosa y pura.

- ¿Por qué no haces nada? – dijo Rilen con los ojos llenos de lagrimas, se despegó de ella y le puso una mano en la mejilla. – No puedes morir, no puedes…

Ella acercó sus labios a los de Rilen y lo besó con delicadeza. Rilen sintió que abandonaba su cuerpo y volaba hasta el cielo.

- No voy a morir. – le dijo mientras le tocaba el pelo. – No voy a dejaros solo, no lo dudes mi amor.

- No, yo solucionare esto. – dijo Rilen llenó de fuerza.

- No, tú debes proteger a nuestros hijos. Si él los encuentra y les hace daño desataré mi ira y acabaré con todo.

- Él sabe eso, lo sabe… los dos leímos aquel libro… - Rilen se quedó pensando. – No, no, no, tienes razón tengo que protegerlos si él los encuentra… si los encuentra… - Rilen se asustó, nunca había temido tanto algo.

- ¿Ahora lo entiendes? – le dijo ella calmada. – Si no tuviéramos hijos, tú serias mi guerrero, serias mi salvador y te otorgaría ese título sin importarme que fueses un humano como todo lo que te entregado. Eres único Rilen y solo tú puedes cuidar de nuestros pequeños niños traviesos. Me habéis hecho reír en muchas ocasiones, siempre os estoy observando y tú siempre eres tan bueno con ellos… – la Diosa sonrió feliz.

- No sonrías así que me puedes matar. – le dijo Rilen bromeando.

- Mi amor, calma tu ira y cuida de ellos. – la Diosa lo besó como si fuera el último beso que le iba a dar.

Rilen se estremeció al recibir aquel besó, sabía que podía ser el último y todo lo hermoso que estaba siendo aquel momento se vino abajo por culpa de su preocupación y su miedo a perderla o a perder a sus hijos. Rilen sintió como se desvanecía delante de él, abrió los ojos y la miró mientras su cuerpo se hacía cada vez más tenue hasta que desapareció.

- Te amo. – su voz sonó lejana pero aquellas palabras le llegaron al corazón.

Rilen se volvió a sentar en el banco, decaído.

Nicolás salió de la casa y se acercó a Rilen, sabía lo que había pasado ya que lo había visto y oído todo desde la entrada.

- Rilen, lo siento mucho. – le dijo entristecido.

- ¿Lo has escuchado? – le preguntó Rilen.

- Sí, los niños se han dejado la puerta entreabierta y no he podido evitar escucharos, discúlpame. – le dijo Nicolás arrepentido.

- Tranquilo Nicolás, eres el único humano con el que confió plenamente, te lo iba a contar de todas formas. – le dijo sonriendo melancólico.

- La cena está lista, deberías comer y descansar un poco, has tenido un día muy duro.

- No puedo dejar que los niños me vean así, estoy demasiado débil mentalmente y Aura podría leerme el pensamiento. – Rilen suspiró. – ¿Puedes encargarte de ellos hasta que se acuesten?

- Claro que sí. – Nicolás le puso una mano en el hombro y lo miró a los ojos. – No te preocupes todo tiene solución. – hizo una pausa pero su amigo no dijo nada. – Cuando los acueste saldré a avistarte. No te tortures demasiado.

Nicolás entró en casa, se paró delante del salón y respiró hondo, estaba muy preocupado por su amigo, llevaba consigo una carga que solo él podía soportar. No le parecía justo pero la vida es así y siempre sufre quien menos lo merece.

Aura y Alas estaban sentados en su cama y se pasaban una pelota desganados, ambos se sentían culpables y no podían evitar pensar que habían defraudado a su padre. Era la primera vez que Aura no sabía como disculparse y eso la estaba ofuscando.

Nicolás llamó a la puerta.

- Niños, la comida ya esta lista. – dijo mientras entraba.

- ¿Dónde está papá? – dijo Alas extrañado.

- Está dando un paseo, no vendrá a comer ni a cenar. – Nicolás se forzó para no mostrar su preocupación. – No os preocupéis, estoy seguro de que si os portáis bien, cenáis, os acostáis y mañana le pedís disculpas os perdonará sin pensarlo. – Nicolás sonrió.

Los niños le hicieron caso a su tío en todo lo que les pedía, cenaron y se acostaron. Nicolás no salía de su asombro, nunca le hacían caso. Ahora tenía claro que los niños estaban arrepentidos de verdad.



Rilen entró en casa y se fue directo al salón. Nicolás estaba sentado en uno de los sillones leyendo un libro científico. Se sentó a su lado agotado, se sentía como si hubiera estado luchando contra un dragón, sin fuerzas.

- Tienes la cena en la cocina, se habrá enfriado pero puedo calentarla. – Nicolás sabía que su amigo no tendría apetito.

- No te molestes, no tengo hambre pero gracias. – le dijo Rilen con voz entristecida.

- Rilen deberías comer… - Nicolás sabía que no lo convencería pero tenía que intentarlo. – Tienes que animarte un poco, no puedes estar así para siempre.

- Lo sé pero no puedo Nicolás… ya no puedo más. – Rilen parecía que iba a desmayarse.

- Vamos te acompaño a tu habitación. – Nicolás se levantó y ayudo a su amigo a incorporarse. – Te prepararé un vaso de leche caliente y más te vale tomártelo.

Rilen no habló, sabía que si no le hacía caso no lo dejaría en paz, en verdad su amigo tenía razón, no podía ir vagando con aquella expresión por más tiempo, tenía que ser fuerte por sus hijos como lo estaba siendo ella.



Aura y Alas no podían dormir, estaban preocupados por su padre y pensaron que había algo más.

- Alas, quiero estar con papá. – le dijo Aura mentalmente. - ¿Vamos a su habitación?

- Sí, yo también quiero disculparme y esta vez de verdad. – le respondió su hermano.

Ambos se levantaron y salieron de la habitación. Se pararon un momento delante de la habitación de su padre, la puerta estaba cerrada y el nunca la dejaba cerrada. Aura puso la mano temblorosa en el pomo.

- ¿Papá podemos entrar? – le preguntó.

Rilen estaba despierto mirando el techo, con los ojos llenos de lágrimas, cuando escuchó la dulce voz de su hija. Si les decía que no les partiría el corazón, tenía claro que iban a pedirle disculpas. Rilen se limpió las lágrimas con un pañuelo y respiró hondo intentando llenarse de energía.

- Sí. – dijo mientras se incorporaba y preparaba su mente para bloquear la de Aura.

Los niños entraron avergonzados, tenían la cabeza agachada y se quedaron en la entrada. Rilen les observó por un tiempo, no tenía la intención de levantase, si querían disculparse tenían que hacerlo sin ninguna ayuda. Aura y Alas al ver la reacción de su padre se acercaron lentamente a su cama y se pararon al lado de la cama.

- Lo siento. – Alas habló primero y aquellas palabras le salieron del corazón.

- Lo siento. – Aura lo dijo con la misma sinceridad que su hermano.

Rilen no les respondió, estaba muy cansado y no sabía que decirles. Los tres permanecieron en silencio sin hacer ni decir nada. Aquello empezaba a ser incómodo, en una situación normal Alas se hubiera enfadado y le habría replicado a su padre por su comportamiento. Aura lo hubiera mirado con sus ojitos entristecidos y le hubiera dicho una y otra vez que lo sentía hasta quedarse sin aliento.

Rilen apartó las mantas y se sentó en la cama delante de ellos, todavía no sabía que decirles. Sus hijos tenían la cabeza agachada y no lo miraban ni se movían, pensaban permanecer allí quietos hasta que su padre los disculpara. Rilen no pudo aguantarse más, no podía verlos así pero seguía sin poder hablar, estaba haciendo un gran esfuerzo para no llorar delante de ellos. Cayó de rodillas al suelo delante de ellos y los abrazó llevándoselos a sus brazos, eran lo más bonito que tenía, eran su vida. No pudo contenerse más y empezó a llorar. Aura y Alas abrazaron a su padre con fuerza, no sabían que le pasaba y verlo así los entristeció.

- Papá… - dijo Aura con la voz entrecortada, estaba a punto de llorar. - ¿Lloras por nuestra culpa?

- Papá lo siento mucho. – dijo Alas preocupado, no quería ver a su padre así.

- No, pequeños. – Rilen hizo un esfuerzo y dejó de llorar, los apartó con delicadeza y los miró a los dos. - Os quiero muchísimo.

- ¿Papá que ocurre? – Aura se dio cuenta de que algo iba mal.

- No ocurre nada. – Rilen la miró y sonrió, su hija era la única que podía hacerlo feliz con solo mirarle. Se llenó, nuevamente, de energía. – Pensé que os iba a perder, solo eso. – sus palabras sonaron convincentes al fin.

- Te quiero papá. – dijo Aura abrazándolo de nuevo.

- Te quiero. – dijo Alas, era la primera vez que le decía eso a su padre pero sabía que necesitaba oírlo. Lo abrazó.

- Venid aquí. – Rilen los levantó a los dos y los acostó en su cama, él se tumbo en medio de los dos y los abrazó. - Sois lo mejor del mundo.

Rilen sonrió, sus hijos consiguieron animarle. Ahora ya podía pensar con claridad, tenía que ser fuerte y seguir cuidando de ellos como hasta ahora.

Le rugió el estomago y se rio. Aura y Alas se miraron con complicidad, se les ocurrió una idea para compensar a su padre.

- Papá, quédate aquí calentito. – le dijo Aura sonriendo animada. – Vamos a prepararte la cena.

- ¿Qué? – Rilen se sorprendió. – No, no, no, no, ¿Queréis destruir la casa?

- Papá confía en los chefs. – dijo Alas bromeando.

- Los chefs… - a Rilen le parecía la peor idea del mundo, aunque le animó saber que sus hijos querían cocinar para él, pero sabía que eran unos desastres y lo dejarían todo hecho un gallinero. – Hijos no puedo dejaros solos en la cocina, no es seguro.

En ese momento Nicolás abrió la puerta, había estado escuchándolo todo, en el fondo era un cotilla, entró con cara de felicidad.

- Yo los vigilo. – le dijo a su amigo con una amplia sonrisa.

- ¿Has estado escuchando? – le dijo Rilen levantando una ceja.

- ¿Yo? – Nicolás lo miró sonriendo. – Sabes que no me gusta hacer esas cosas. – bromeó.

- Va, id a la cocina que no tenéis remedio, ninguno de los tres. – dijo Rilen feliz.



Rilen estaba tumbado en la cama pensativo. Escuchaba reír a sus hijos en la cocina y a Nicolás maldecir enfadado. Escuchó una pequeña explosión y se sobresaltó levantándose de la cama de un salto.

- ¡Papá no te levantes, estamos bien! – gritó Aura desde la cocina.

Rilen volvió a sentarse. Parecía que ya habían terminado. Los tres entraron en su habitación, tenían el pelo alborotado y la cara llena de manchas de carbón.

- Se suponía que tenías que supervisarles. – le dijo Rilen a Nicolás.

- ¿Y quién me supervisa a mí? – dijo limpiándose la cara con un pañuelo.

- Papá, se ha roto el aparató ese que hizo el tío para calentar la comida… – Aura empezó a reírse sin poder terminar de hablar.

- Ríete pequeño bicho, ríete. – le dijo Nicolás intentado contener la risa.

- Y el tío Nicolás a intentado repararlo… - Alas se echó a reír encanado.

- Vamos decidlo, decidlo monstruitos. – Nicolás los miró frunciendo el ceño aunque no estaba enfadado. – Y al tío Nicolás le ha explotado en la cara.

Aura y Alas no podían parar de reír y cada vez que veían el pelo chamuscado de su tío les entraba la risa. Estuvieron a punto de tirar la comida que llevaban los dos al mismo tiempo en una bandeja.

- Vamos niños que lo vais a echar todo a perder. – dijo Nicolás cogiéndoles la bandeja. – Id con vuestro padre, ya me encargo yo de traerle la comida. – Nicolás sonrió, Rilen parecía estar mucho mejor.

Rilen empezó a comer, le había entrado el apetito y la comida tenia buen aspecto lo que le hizo pensar que habían tenido demasiada ayuda de Nicolás. De nuevo se sintió con fuerzas y feliz de tener a su lado a aquellos dos pequeños traviesos que siempre encontraban la forma de animarle y hacerle feliz. Ahora, más que nunca, lo necesitaban…




lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 9. Infancia, un nuevo amigo.

Aura y Kinos estaban mirándose fijamente sin hablar, parecía que jugaban a algo que los demás desconocían. Alas estaba tumbado encima de Lazúli mientras Guardián le mordisqueaba los pies haciéndole cosquillas, Alas se cogía la barriga e intentaba dejar de reírse. Cuando Guardián paraba de mordisquearle Alas le ponía el pie encima de la cabeza para que seguira, no les hacia faltar hablar para entenderse.

Aura dio un paso atrás y Kinos la imitó, luego se agachó él siguió imitándola. Aura lo miró fijamente a los ojos, en su cara se podía ver que no tramaba nada bueno. Saltó de repente levantando los brazos hacia el cielo y Kinos se puso a dos patas relinchando. En ese instante Rilen salía de la casa y corrió hacia ellos asustado.

- ¡Aura! – dijo Rilen mientras la cogía en brazos.

- Papá, no pasa nada. – dijo Aura sonriendo.

- No me he vuelto loco, tranquilo. – le dijo Kinos a Rilen.

- ¿Y qué diablos estabais haciendo? – preguntó enfadado.

- Es un juego, el imita todo lo que hago. – dijo Aura divertida. – No te enfades papá.

- No me acostumbro hija, no me acostumbro. – dijo Rilen mientras la dejaba en el suelo.

- ¿A qué? – preguntó Aura.

- A que seamos diferentes a los otros niños. – dijo Alas con su típica expresión seria.

- Para mi sois los mejores hijos del mundo, ¿de acuerdo Alas? – dijo Rilen mirándolo.

Alas asintió con la cabeza y se abalanzó encima de Guardián para devolverle las cosquillas pero este ni se inmutó.

- Niños, tengo que salir. – dijo pensando que lo estaban ignorando. – Iré a la aldea a por algo de comida. Nicolás está trabajando no le hagáis ninguna de las vuestras.

- Tranquilo Rilen, nosotros nos ocupamos de tenerlos entretenidos. – dijo Lazúli tranquilizándolo.

- Muchas gracias, sois de gran ayuda. – sonrió y se fue.

Kinos empezó a andar hacia el bosque, Aura lo miró extrañada.

- ¿Dónde vas? – le preguntó.

- A estirar las piernas, a diferencia de estos dos yo no puedo tumbarme tan fácilmente como un vago. – dijo Kinos.

- ¿Puedo ir contigo? – preguntó Aura mirando a Lazúli, la veía como a su madre y siempre le hacía caso.

- Kinos, ¿puedo confiar en ti? – le preguntó Lazúli.

- ¿Lo dudas? – le dijo molesto.

- No, tened cuidado.

- ¡Bien! – gritó Aura entusiasmada. – ¿Alas quieres venir? – le preguntó mentalmente.

- No, tengo que encontrarle las cosquillas a Guardián. – le dijo Alas.

Aura siguió a Kinos por el bosque pero iba demasiado rápido para ella así que Aura se paró y cruzó los brazos enfadada.

- ¿Qué pasa bicho? – le preguntó.

- No puedo ir tan rápido. No es justo, Alas puede volar y siempre es más rápido que yo, y ahora tu con tus patas largas también me dejas atrás, si pudiera volar seguiría tu ritmo. – dijo Aura triste.

- Vamos no seas boba. – dijo Kinos riendo a carcajadas. – Seguro que sabes hacer algo mejor que nosotros.

- Sí, pero duele, duele saber lo que piensa la gente. – dijo Aura más triste.

- ¿Estás bien? – le preguntó al ver que sus ojos estaban lagrimosos.

Aura asintió pero las lágrimas que se deslizaban por su mejilla no engañaron a Kinos, este se acercó a ella y puso su morro en su frente.

- Bichito, ¿quieres ir tan rápido como el viento?

- Sí. – le dijo mientras lo miraba con su carita de pena. – Pero, ¿Cómo?

Kinos se arrodilló delante de ella, Aura lo miró sorprendida, sabía que a él no le gustaba que lo montaran y que nadie lo había hecho nunca. Empezó a llorar de nuevo de la emoción, sabía que tenían una conexión especial pero aquello parecía un pacto de amistad eterna.

- Vamos bichito. – le dijo Kinos con voz dulce, una voz que Aura nunca había escuchado de él.

Aquel caballo era maleducado, testarudo y gruñón pero supo como animar a su pequeño bichito como él la llamaba. Lazúli lo sabía y por eso confió en él. Aura dejó de mostrar su tristeza pero la tigresa, que poseía el sexto sentido de una madre, sabía exactamente como se sentía la pequeña.

Aura parecía indecisa delante de aquel majestuoso y precioso caballo que permanecía arrodilladlo ante ella, paciente. No tenía miedo y estaba deseando montar e ir veloz como el viento, pero no quería molestar a su amigo ni ofenderle.

- ¿De qué tienes miedo? – le dijo con la misma voz.

- ¿Estás seguro? – le preguntó ella.

- Sí. – su respuesta fue firme y sirvió para convencerla.

Aura se subió despacio para no hacerle daño, no tenia montura así que no sabía de donde cogerse.

- Cógete fuerte a mi pelo, tranquila bichito, no me duele. – le dijo con cariño. -¿Preparada?

- Sí. – dijo ella animada.

Kinos empezó a trotar, sabía que no podía salir disparado sino Aura no podría acostumbrarse a estar encima de él. Le dejó un tiempo para que ella encontrara la forma de cogerse bien sin resbalarse. Aura miraba a su alrededor, no sabía como poner los pies, los hecho hacia atrás y los apoyó en los muslos del caballo, sus pequeñas piernas se movían con las de Kinos, era como si corriesen juntos. Aura al fin encontró la forma de montarlo y Kinos aceleró la marcha. Iban esquivando árboles y ramas, hasta llegar a una gran llanura lisa. Kinos aceleró, era mucho más rápido que un caballo normal. Aura miraba al frente su cara de miedo empezó a cambiar, sonrió y gritó como una pequeña amazona, Kinos fue todavía más deprisa. Aura vio que delante de ellos había una gran roca.

- ¡Vamos a volar! – le dijo Kinos.

Aura confió en el. Cuando ya estaban casi encima de la piedra Kinos saltó y ambos se elevaron en el cielo por unos segundos, parecía que iban a volar de verdad. Delante de ellos había una gran montaña, Aura pensó que era una locura intentar subir, pero Kinos no se detuvo, siguió corriendo. Este empezó a saltar por las grandes rocas de la montaña, subiendo sin cansarse. Aura miró hacia atrás, sabía que un pequeño fallo y la caída sería mortal. Aquel caballo ahora parecía una cabra montés desafiando las pendientes como si fuera el mismo dios de la montaña. Llegaron a la cima y Kinos fue parando lentamente.

Aura relajó las piernas y las dejó colgando. Cogió aire y gritó a todo pulmón, de alguna forma se había librado de su sufrimiento. Rodeó el cuello de Kinos con sus brazos y se abrazó a él.

- Gracias. – le susurró Aura. – Te quiero Kinos.

Kinos se quedó callado, no sabía que decir. A Aura le pareció normal su comportamiento, lo conocía y casi estaba segura de que su amigo no sabía expresar sus sentimientos, aunque la había sorprendido.

- Te quiero bichito… - Kinos se armó de valor y se lo dijo, le dijo lo que sentía.

Aura se quedó petrificada no esperaba que Kinos le dijera aquello, una vez más le había abierto su corazón.

- No quiero que sufras. Y si algún día te sientes triste dímelo, no me lo ocultes o me enfadare, somos amigos, ¿no? – le dijo Kinos.

- Eres mi mejor amigo. – le dijo Aura sinceramente. – Y siempre, siempre lo serás.

Se quedaron en silencio contemplando el maravilloso paisaje que veían desde allí.



Rilen se había pasado media hora andando pero, por fin, llegó a la pequeña aldea. Podía haber ido más rápido pero decidió ir a pie y así contarle a su amada las travesuras de sus hijos.

Vio a unos niños delante de una casa hablándole a otro de pelo rojo, a Rilen le dio la impresión de que lo estaban molestando. Se acercó a ellos despacio, tampoco quería meterse en una común pelea de niños, por su experiencia sabía que los niños se pelean y al rato ya están jugando de nuevo. Pero vio algo raro, los niños eran mayores que el otro y este parecía estar muy enfadado, les escuchó insultarle y decirle que le iban a pegar.

- ¿Qué pasa aquí? – dijo Rilen con delicadeza.

- Él es lo que pasa. ¿No lo ves? Es un demonio. – dijo uno de los niños.

- ¿Y cómo sabéis eso? – les preguntó.

- Porque tiene el pelo rojo y los ojos amarillos. – le dijo otro niño.

- Yo tengo el pelo blanco y no soy un anciano. – les dijo sonriendo. – Porque alguien sea diferente no significa que sea malo.

- Vámonos, que el viejo este está loco. – dijo un niño.

En ese momento salió Clara de su casa.

- Akai, ¿estás bien? – le preguntó su madre.

- Sí, mamá. – la miró. – Él me ha ayudado.

- Muchísimas gracias señor, siempre están molestando a mi hijo, ya no se que hacer.

- No te preocupes, no me hables de usted que no soy viejo. – le dijo sonriendo mientras le tendía la mano. – Mi nombre es Rilen, encantado.

- Clara, encantada. – le dio la mano. – No eres de aquí, ¿verdad?

- No. – le respondió. – Tengo que ir a comprar.

- Yo también, si quieres vamos juntos. – sonrió.

- De acuerdo, así me dices donde puedo encontrar la mejor verdura. – sonrió.

- Eres la única persona con la que he hablado, aparte de Akai, desde que mi marido se fue de viaje. – le dijo Clara.

- ¿Por qué? – le preguntó Rilen sin pensar. – Lo siento no quiero inmiscuirme.

- No pasa nada. – le dijo ella amablemente. – La gente de esta aldea es demasiado religiosa y se creen que mi hijo es un demonio.

- Eso es una tontería. – dijo Rilen indignado. – A veces pienso que les han robado el cerebro.

Entraron en una tienda y la gente los miró con desprecio mientras cuchicheaban. Rilen cogió lo que necesitaba y esperó a que Clara hiciera sus cosas. Después fueron a la caja, Rilen pagó primero.

- Son veinte euros. – le dijo la dependienta a Clara.

Clara iba a sacar el dinero cuando Rilen le cogió el brazo.

- Señorita, ¿está segura de que no se ha equivocado? – le dijo Rilen educadamente a la dependienta.

- Sí, son veinte euros. – dijo esta cortante.

- Me parece que no. – dijo Rilen que empezaba a enfadarse. – El pan vale un euro, la leche dos, la carne cinco y las botellas de agua tres, son once euros.

- Para ella son veinte. – dijo la dependienta con cara de pocos amigos.

- ¿Por qué? – preguntó Rilen irritado.

- Porque son demonios. – dijo esta con desprecio.

- Déjalo Rilen, no pasa nada. – le dijo Clara.

- Me gustaría que me explicase porque lo son. – le dijo Rilen a la dependienta.

- Porque son raros. – le dijo esta.

- ¿En serio? Usted no tiene respeto ni lo conoce, su dios dice que hay que amar al prójimo pero hace suposiciones absurdas, juzgando a la gente por su apariencia en vez de intentar conocerlos. – Rilen estaba muy molesto.

- Déjalo Rilen no vas a cambiar nada. – le dijo Clara preocupada, no quiera montar una escena. Sacó el dinero y se lo dio a la dependienta.

- Gente como usted acabará con este mundo. – le dijo Rilen.

Salieron de aquella tienda, Rilen estaba muy enfadado, no entendía como podía existir gente así de inculta.

- No te lo tomes así. – le dijo con cariño. – Ya me he acostumbrado.

- No hay derecho. – dijo Rilen. – Ahora mismo hasta podría soltar un sinfín de insultos.

- Gracias por intentar defenderme pero no hay nada que hacer. – dijo Clara riéndose, era muy optimista.

- ¿Sabes qué? Te invito a tomar algo y que les… y que se aguante la gente de este pueblo. – sonrió.

- No sé si será buena idea, tal vez no nos sirvan. – le dijo ella.

- Lo harán, por mis… lo harán. – Rilen quería desahogarse pero no podía decir palabrotas delante del niño. – Vamos.

Clara lo llevó a un bar que había en una pequeña plaza y se sentaron en la terraza. Ya pensaban que nadie los iba a servir cuando un camarero se acercó a ellos. El chico se dirigió a Rilen y le tomó nota pero se fue antes de atender a Clara y a Akai.

- Joven, disculpa. – Rilen levantó el brazo.

- ¿Dígame? – le dijo el chico.

- Ellos no han pedido.

- No les sirvo.

- Vais a acabar con mi paciencia, lo que no han conseguido mis hijos en cinco años de travesuras hoy lo vais a conseguir vosotros. – le dijo Rilen enfadado. – Entonces quiero dos de lo que te he pedido y un vaso de leche.

- ¿Son para usted señor?

- Sí, sí, son para mí, ¿de acuerdo? – le dijo con un tono de voz elevado.

- De acuerdo.

El camarero se fue y Akai miró al hombre que estaba haciendo todo aquello por ellos, sin juzgarlos previamente como los demás.

- ¿Tienes dos hijos? – le preguntó Clara.

- Sí, una niña y un niño de cinco años. – le dijo Rilen con cara de felicidad.

- ¿Los has dejado con tu esposa? Si vuelves, ven con ellos y os invito a comer. – le dijo Clara con amabilidad.

- Mi esposa… está de viaje… también. – Rilen se quedó pensando un momento, tenía que inventarse algo. – Es la directora de un ONG y siempre está de viaje, los niños la adoran porque saben que es una mujer maravillosa que se dedica a salvar vidas. Ahora están con su tío.

- Es un alivio saber que existe gente como tu esposa. – le dijo Clara sonriendo. – Si quieres puedes traer a tus hijos, así Akai podría jugar con alguien.

- Me odiaran, como todos. – dijo Akai con la cabeza agachada.

- No lo creo pequeño. – le dijo Rilen tocándole la cabeza. – Son un poco especiales y tampoco tienen amigos.

- ¿Y eso? - le preguntó Clara.

- Vivimos apartados de la civilización y no les gusta la ciudad. – dijo Rilen. – No sé si traerlos aquí, Aura se pone muy nerviosa cuando hay gente a su alrededor.

- ¿Aura? Que nombre más bonito. ¿Cómo se llama el niño? – preguntó Clara, estaba feliz de mantener una conversación normal con alguien.

- Alas, el niño es Alas y es muy serio. – dijo Rilen rascándose la cabeza. – Son gemelos.

- Que trabajo te habrán dado. – Clara rio.

- Si, más del que imaginas. – dijo riendo.

- ¿Y si no les caigo bien? ¿Y si al verme me odian? – dijo Akai preocupado.

- ¿Cuántos años crees que tengo Akai? – le preguntó Rilen.

- ¿Sesenta?

- No. – Rilen estalló en carcajadas. – Tengo treintaiuno.

- ¿De verdad? – le dijo Clara sorprendida.

- Sí, ¿sabes desde cuando tengo el pelo blanco? – le dijo Rilen a Akai.

- No. – dijo este que empezaba a tener curiosidad.

- Desde los siete. A los seis empezó a ponerse blanco. Y me asusté, los demás niños dejaron de hablarme menos uno, que era mi mejor amigo y siguió siéndolo sin importarle el color de mi pelo.

- ¿Y porque se te puso el pelo blanco? – le preguntó el niño interesado.

- Porque era más inteligente que los demás. – dijo Rilen tocándole la nariz.

- Más inteligente eres, al menos más que la gente de esta aldea. – dijo Clara sonriendo.

- Mis hijos son como yo, nunca juzgarían a alguien por su apariencia. – les dijo a los dos.

- Rilen, me gustaría que mi hijo los conociera, si son como tú podrán hacerse amigos y no estará tan solo.

- Hablaré con ellos pero si quieren, iremos directos a tu casa. No quiero que Aura se agobie.

- Mi casa esta donde nos hemos conocido. ¿Venís pasado mañana? – le preguntó contenta.

- Sí, una cosa más. No comen carne, si pudieras hacer arroz o pasta te lo agradecería. – le dijo Rilen amablemente.

- No hay problema. – Clara sonrió.



La tarde estaba anunciando la noche, el sol tiñó el cielo de naranja. Aura, que estaba sentada en una piedra, miró a Kinos.

- Deberíamos volver, esta anocheciendo. – le dijo Kinos.

- ¿Cómo bajamos de aquí? – le preguntó Aura que tenía sus dudas.

- Sube. – Kinos se arrodilló.

Aura subió a su lomo, sabía que la bajada iba a ser terrorífica pero confiaba en su amigo. Kinos esperó a que Aura se colocara y cuando ya lo estuvo fue descendiendo con la misma agilidad con la que subió. Por fin llegaron a la llanura y Aura se calmó. Kinos iba trotando despacio, Entraron en el bosque y Aura se dejó caer encima de la espalda de Kinos y cerró los ojos lentamente, sin soltarle el pelo. Kinos dejó de trotar para que no se cayera. El sol se escondió por completo y Kinos llegó a la casa donde Rilen les estaba esperando fuera paseándose de un lado a otro.

- ¿Dónde habéis estado? – le preguntó a Kinos enfadado.

- En las montañas, ¿no confias en mi Rilen? – le dijo Kinos molesto.

- Sí, solo estaba preocupado. – Rilen se calmó.

- Nunca dejaría que le pasara nada.

- ¿La has llevado todo el rato así? – le preguntó Rilen sorprendido.

- Sí, incluso hemos ido tan rápido como el viento. – le dijo Kinos feliz de recordarlo.

- Pero si tú… dijiste que nadie te montaría nunca.

- Pero ella es mi pequeño bichito y quería animarla. Verás Rilen, puedo parecer un caballo testarudo y gruñón pero con Aura soy diferente. – Kinos se sinceró con Rilen.

- ¿Y quién no? Si con esa carita conquista a cualquiera. – dijo Rilen sonriendo, ahora sabía que había más gente que podía proteger a su hija.

Rilen cogió en brazos a Aura que parecía un peso muerto de lo dormida que estaba. La llevó a su habitación y la tumbó al lado de Alas que estaba despierto en la cama jugueteando con una pelota.

- Te dije que estaría bien. – le dijo Alas orgulloso de tener razón.

- Bien, ya te pareces más a mí. – Rilen sonrió.

- Pues, que bien. – dijo Alas con tono burlón.

- Venga a dormir, deja la pelota. No despiertes a tu hermana. – le advirtió. – Mañana tengo que deciros algo.

Alas se pegó a su hermana y Rilen les arropó. Rilen abrió la puerta de la habitación.

- Buenas noches papá. – le dijo Alas mientras Rilen cerraba la puerta.

Rilen sonrió al otro lado de la puerta, su hijo a veces era irritante pero estaba seguro de que lo quería.



Aura despertó en mitad de la noche, miró a su alrededor y vio a Alas a su lado durmiendo como un bebé, le dio un beso en la frente y se levantó con cuidado para no despertarlo. Salió de la habitación silenciosamente, fue al jardín y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo. Había tenido una revelación, pensó que si conseguía concentrarse y hacer una gran bola de luz podría desvanecer la oscuridad que los humanos tenían en las mentes, no sabía como pero decidió crear primero la esfera. Cerró los ojos, no lograba concentrarse, recordó que en la ciudad al enfadarse sintió su energía emerger de su interior, así que empezó a pensar en todas las cosas que había visto aquel día.

Un pequeño grano de luz se formó delante de ella, abrió los ojos y sonrió. Se quedó mirando fijamente aquel grano luminoso. La luz se izo cada vez más grande obteniendo energía de su alrededor, cuando Aura se quiso dar cuenta tenía delante de ella una esfera de su mismo tamaño que brillaba con fuerza cegándola, era como la luz del sol. Pensó en hacerla lo más grande que pudiera y después la enviaría al cielo.

Alas se despertó y se levantó de golpe al no ver a Aura, bajó de la cama corriendo y alertó a Rilen gritando, tenía un mal presentimiento. Alas vio una luz entrar por las ventanas que daban al jardín, se tapó los ojos, aquella luz lo estaba cegando. Volvió a mirar con cuidado y vio una figura sentada delante de aquella gran esfera. Rilen corrió hacia él y cuando iba a preguntarle qué pasaba miró hacia la ventana. Corrió hacia la puerta, la esfera cada vez era más grande y había envuelto a Aura. Rilen se quitó la camiseta mientras se acercaba a su hija corriendo y la cubrió con ella.

- ¡Aura para! – le gritó.

Aura estaba tan concentrada que no se dio cuenta de lo que estaba haciendo, abrió los ojos pero los cerró de inmediato, estaba dentro de la esfera y hacía mucho calor. Se asustó y la esfera estalló descomponiéndose en el aire, en ese momento Rilen se abalanzó cubriendo a su hija con su cuerpo.

- Aura, Aura. – le dijo Rilen asustado parecía que iba a desmayarse.

- Papá, ¿Dónde estoy? – Aura estaba aturdida.

- Mírame, ¿puedes ver? ¿me ves Aura? – Rilen estaba nervioso y asustado.

Aura abrió los ojos lentamente, veía a su padre pero tenía la vista manchada de colores que no le dejaban enfocar bien.

- Sí, estas dentro de un arco iris. – le dijo medio atontada.

- Has sufrido una fuerte insolación. – le tocó la frente. – Aura no vuelvas a hacerlo.

A Rilen se le fue aclarando la vista y se fijo en la cara de su hija, le habían salido pecas a la altura de la nariz y en la mejillas a causa de la radiación. Alas salió al jardín y se quedó mirando a su hermana.

- Aura tienes pecas. – le dijo extrañado, podía sentir que su hermana estaba bien.

- ¿Por qué? – Aura empezó a sentirse mejor pero tenía mucha sed.

- Por la luz que has creado, menos mal que no te has quemado la piel. – le dijo Rilen enfadado.

- Papá tengo sed. – le dijo Aura.

Rilen la cogió en brazos y entraron dentro de casa, la sentó en el sofá mientras iba a por agua. Alas no paraba de mirarla, aquellas pecas no le quedaban mal, le gustaban.

- Son bonitas. – le dijo Alas sonriendo.

- Pues vaya mierda, todo mi esfuerzo solo ha servido para tener pecas. – dijo Aura enfada.

- ¡Aura! ¿De dónde has sacado ese lenguaje? – le dijo su padre sorprendido e irritado, era la primera vez que Aura decía un taco.

- Lo aprendí en la ciudad. – había estado pensando tanto en todo aquello que no se dio cuenta y habló sin pensar.

- Toma. – Rilen le dio un vaso de agua. – Ahora sé que es mala idea llevaros a la aldea.

- ¿A la aldea? – preguntó Aura. – Yo quiero ir.

- Aura, ¿Por qué has hecho eso? – le preguntó Rilen extrañado.

- Pensé que si podía hacer una gran bola de luz podría acabar con la oscuridad de las personas. – dijo entristecida.

- Pequeña… - Rilen le acarició el pelo. – Tu sola no puedes hacerlo. Antes de volver a hacer una locura consúltamelo antes.

- Vale, lo siento papá. – lo miró con sus grandes y tiernos ojos. - ¿Cuándo vamos a la aldea? – su cara cambió de repente.

- No creo que os lleve… - dijo Rilen.

- ¿Por qué? Yo quiero ir, porfi, porfi, papá. – lo miró con su carita irresistible, era imposible negarle nada. – Te prometo que me portaré bien.

- Prometedme, los dos, que no vais a mostrar vuestras habilidades, tenéis que comportaros como niños normales. – les advirtió serio.

- ¿Para qué vamos a la aldea? Ya has hecho la compra. – le preguntó Alas.

- Clara, una mujer que conocí y su hijo Akai, nos han invitado a comer. Akai tiene vuestra edad, quiero que lo tratéis bien. – Rilen miró a Alas. - ¿De acuerdo Alas?

- De acuerdo. – Alas refunfuñó, no quería conocer a nadie y menos a un niño normal.

- Lo habéis prometido, no me falléis. – les dijo sonriendo.

Nicolás entró al salón medio adormecido con el pelo todo revuelto y el pijama descolocado.

- He tenido un sueño muy extraño. – dijo mientras intentaba domar su pelo con las manos. – He soñado en una luz que entraba por mi ventana y lo curioso es que al despertar veía manchas de colores.

- No ha sido un sueño, Aura lo ha hecho. – dijo Rilen.

- ¿Qué? – Nicolás abrió los ojos y los miró a todos. – Rilen que le ha pasado a tu camiseta. – dijo al ver en el suelo la camiseta chamuscada.

- Cubrí a Aura con ella y ahora no sirve ni para trapos.

- Rilen tienes la espalda quemada, y Aura tiene pecas. – Nicolás se acercó a su amigo y le tocó la frente luego hizo lo mismo con Aura. – Tenéis un poco de fiebre los dos.

- Alas, ¿puedes traerme el botiquín? – le preguntó al niño.

- Tranquilo Nicolás, te estás exaltando demasiado. – Rilen intentó tranquilizarlo.

Alas le trajo el botiquín y Nicolás le curó la espalda a Rilen, su fuerte cuerpo contrastaba con su pelo y barba blanca, sin duda podía verse que era bastante joven.

Aura no se había dado cuenta de que le había hecho daño a su padre y se entristeció, Rilen la miró y pego su nariz contra la suya.

- No pasa nada pequeña, estoy bien, estamos bien y eso es lo importante. – su dulce voz animó a Aura.



Por fin amaneció, Aura estaba despierta desde muy temprano, dando vueltas en la cama, quería conocer a aquel chico y a su madre, era la primera vez que hablaría con otra gente y quería averiguar si pensaban igual que los de la ciudad. Su padre la advirtió de que intentara no mirar a los ojos a las personas pero ella tenía una misión…

Rilen entró en la habitación, de su brazo colgaba la ropa que iba a ponerles, Alas lo miró e hizo mala cara, odiaba vestirse así. En cambio Aura dio un salto y le quitó la ropa a su padre y se vistió deprisa, estaba muy emocionada. A Alas lo tuvo que vestir su padre que tardó bastante en convencerlo, mientras Aura no paraba de saltar en la cama.

- Aura, tranquilízate me estas poniendo nervioso. – le dijo su padre.

- Perdón. – dijo mientras se sentaba de golpe.

Alas la miró, le gustaba verla tan ilusionada y feliz, sonrió y terminó de ponerse la camiseta.

Salieron de casa, Rilen llevaba en una mano una botella de vino para regársela a Clara, y en la otra las chaquetas rojas que llevaban los niños en la ciudad. Aura iba saltando por el bosque como una cabrita.

Por fin llegaron a la casa de Clara y Rilen llamó a la puerta. Clara abrió y lo saludo, Aura se escondió detrás de su padre, no tenía miedo pero se avergonzó a ver a aquella mujer tan bella.

- Tú debes de ser Aura. – Clara le sonrió. – Eres muy bonita.

- Gra… gracias tú también. – le dijo Aura ruborizada.

- Y tú eres Alas. Pareces un chico fuerte. – le dijo amablemente.

- Lo soy. – dijo serio.

Aura se decidió a mirarla a los ojos, le gusto ver lo que pensaba, aquella mujer amaba a su hijo y a su marido y pensaba que ella y su hermano eran muy bonitos. Aura se puso tan feliz que estuvo a punto de llorar. Era la primera vez que veía luz en la mente de una persona.

- Akai, ven a saludar.

Akai salió a la puerta, tenía miedo de la reacción de Aura y Alas.

- Hola, soy Akai. – Akai tenía la cabeza agachada esperando el rechazó.

- Que pelo más bonito. – le dijo Aura.

- Gracias. – Akai se sorprendió, la miró y vio como Aura le sonreía.

- Alas salúdalo. – le dijo Rilen a su hijo.

- Hola, soy Alas. – le dijo serio.

- Yo soy Aura. – Aura le tendió la mano.

Akai titubeó, le temblaba la mano, nunca antes había tocado a otro niño. Aura se acercó a él y cogió su mano. Akai la miró a los ojos, le pareció muy bonita y se avergonzó. Aura cogió la mano de Alas y le obligó a dársela a Akai. Los dos se dieron la mano.

- No te preocupes, Alas es así con todo el mundo. – le dijo Aura.

- Lo siento Clara, te dije que mi hijo era serio. – dijo Rilen preocupado.

- No pasa nada, al menos no lo mira como los otros niños. – Clara sonrió al ver a su hijo hablar con otros niños. - ¿Queréis ir a jugar mientras terminamos la comida?

- Sí. – dijo Aura animada.

- Niños no hagáis ninguna trastada, y no os acerquéis a la gente de esta aldea. – les advirtió Rilen.

Los niños salieron a la calle, se sentaron en el suelo, Akai llevaba unos coches de juguete en los bolsillos y le ofreció uno a cada uno.

- ¿Qué es esto? – Alas analizó el juguete, no sabía que era ni para que servía.

- Es un coche, ¿no sabes lo que es? – le preguntó extrañado.

- No, ¿para qué sirve? – preguntó Alas.

- Los mayores los tienen más grandes y se meten dentro y viajan con él.

- Es como los que vimos en la ciudad. – dijo Aura. – Pero ¿Qué tenemos que hacer con ellos?

- Pues… ¿no tenéis juguetes? – preguntó Akai.

- No. – dijo Aura.

- ¿Cómo jugáis? – Akai se sorprendió al conocer a niños que eran más raros que él.

- Jugamos por el bosque, corremos y buscamos cosas. – Aura sabía que no podía contarle nada más.

- Seguro que os divertís solos vosotros dos, yo no tengo amigos y solo tengo mis juguetes. – Akai se entristeció.

Tres niños se acercaron a ellos. Aura los miró y pensó que cuantos más mejor, así podrían inventarse un juego todos juntos.

- ¿Ya tienes amigos?, Demonio. – dijo un niño. – O los has invocado.

- ¿Demonio? – Aura se quedó extrañada parecía que no querían ser sus amigos.

- Vámonos dentro de casa. – dijo Akai levantándose.

- ¿Por qué? – preguntó Alas mientras se levantaba y ayudaba a levantarse a Aura.

Aura miró al niño, que estaba hablando, a los ojos y vio que quería tirarle del pelo a Akai, aunque le tenía miedo, de verdad pensaba que era un demonio. Aura se enfadó.

- No te acerques a él. – le dijo Aura al niño.

- ¿Y esta quién es? ¿Tu novia? – el niño miró a Aura. – Que pecas más feas.

Aquel niño intentó empujar a Aura pero Alas lo cogió del brazo y apretó con todas sus fuerzas.

- Si la tocas te mato. – dijo furioso.

- Me haces daño, suéltame. – dijo el niño con cara de dolor.

- Alas vámonos dentro. – dijo Akai preocupado, Alas estaba muy enfadado.

- No quiero hacerle nada, solo venimos a pegarle a Akai. – dijo el niño.

- Primero me tendrás que pegar a mí, si puedes. – Alas lo soltó y se puso delante de Akai.

- Te crees muy valiente mocoso, pero te saco dos años podría pegarte si quisiera. – dijo el niño.

- Inténtalo. – dijo Alas con una sonrisa burlona en sus labios, sabía que no sería capaz ni de rozarlo.

- Alas, recuerda lo que ha dicho papa, vámonos de aquí. – dijo Aura preocupada, podía ver lo que su hermano estaba pensando y no era nada bueno.

El niño se arremangó la camisa y cuando iba a pegarle un puñetazo a Alas, este lo esquivó rápidamente. Alas lo cogió del brazo y lo tiró al suelo mientras le retorcía la mano. El niño chillo de dolor.

- ¡Alas para! – gritó Aura.

Alas soltó al niño, en ese momento Rilen salió de la casa de Clara corriendo seguido de ella. El niño que estaba en el suelo empezó a llorar mientras los otros lo levantaban.

- ¿Qué ha pasado aquí? – dijo Rilen enfadado. – ¿Alas que le has hecho?

- Querían pegarle a Akai y Alas lo ha defendido. – dijo Aura excusando a su hermano.

- Es verdad. – dijo Akai preocupado, no quería que Rilen se enfadara con Alas.

- ¿Chico estás bien? – le preguntó Rilen al niño.

- Déjame viejo, voy a contárselo a mi padre y vendrá a darte una paliza a ti a tu hijo. – dijo el niño con lágrimas en los ojos y luego se fue corriendo con los otros niños.

- Alas, ¿no le habrás roto el brazo? – Rilen estaba preocupado, podían tener grandes problemas.

- No, no se lo he roto. – dijo Alas enfadado.

- ¿Encima te enfadas? Nos podemos meter en un buen lio por no saber controlarte. – Rilen estaba muy molesto con su hijo.

- ¿Y que querías que hiciera? Casi le pegan a Aura y querían pegarle a Akai, solo los he defendido, la culpa es de ese estúpido niño.

- Papá no te enfades con Alas. – dijo Aura.

- Vamos a comer. – dijo Rilen enfadado. – Esperemos que no venga el padre del niño. Lo siento Clara, parece que te he dado más problemas de los que tienes.

- No te preocupes Rilen. Son niños, es normal que se peleen. – dijo Clara calmada.

- Sí, es normal si los niños no saben pelear pero mi hijo… bueno, es igual, vamos a comer. Cuando venga el padre del niño yo hablaré con él.

Todos entraron en casa de Clara y los niños se sentaron en el sofá del salón con las cabezas agachadas, Rilen y Clara estaban detrás de una barra, que separaba el salón de la cocina, poniendo la comida en los platos. Rilen no paraba de disculparse. A Clara parecía no importarle lo sucedido, estaba feliz de ver a su hijo jugar con Aura y Alas.

- Rilen, ya basta. No pasa nada. – le dijo Clara con cariño. - ¿Qué pueden hacer? Son niños, no nos pueden denunciar ellos son más mayores que Alas. A demás, la gente de este pueblo está loca pero la policía se reiría de ellos al decirles que a su hijo le ha pegado el amigo de un demonio. – Clara se rio.

- Lo malo será que el padre de ese niño quiera pegarme. – dijo Rilen preocupado.

- ¿No podrás con él? – le dijo Clara divertida. – Pareces fuerte y el padre de ese niño es regordete y bajito, se asustará solo de verte.

- Que optimista eres. – le dijo Rilen sonriendo.

- Sino ¿Cómo podría vivir aquí? – Clara miró a los niños que estaban sentados sin moverse. – Anda, ve a decirles que no pasa nada, que parecía que se estaban haciendo amigos.

- Está bien. – dijo Rilen mientras dejaba el plató encima del banco.

Rilen se acercó a ellos y se sentó en una silla, no sabía que decirle a Alas estaba seguro de que estaría muy enfadado con él, en verdad el niño no había hecho nada malo, solo defendía a su hermana y a su nuevo amigo. Para alguien como Alas defender a otra persona que no era su hermana era un gran progreso.

- Alas… siento lo que ha pasado. – dijo Rilen. – Se que no has hecho nada malo.

Alas lo miró con cara de enfado. Rilen suspiró, aquello iba a ser difícil.

- Lo que ocurre es que eres más fuerte que esos niños bobos y me he asustado porque podríamos tener problemas con sus padres.

- ¿Qué has dicho? – preguntó Alas con otra expresión más relajada.

- Que podríamos tener proble…

- Eso no, ¿Qué son esos niños? – lo interrumpió.

- Bobos… - dijo Rilen.

- Y querían pegarle a Aura y a Akai, así que, no me regañes porque tú hubieras hecho lo mismo.

- Vale hijo, lo siento. Pero a la próxima, avísame o intenta controlar tu fuerza.

- Tranquilo papá no habrá una próxima. – dijo Alas orgulloso. – Ahora me tendrán miedo y no se volverán a acercar a Aura ni a Akai , porque sino…

- Si no nada, Alas. – lo interrumpió ahora su padre. – No puedes ir por ahí pegándole a la gente. Puedes hablar antes de precipitarte.

- Hablar, esos bobos se piensan que Akai es un demonio, como va entenderme gente tan retrasada. Los animales del bosque son mucho más listos que ellos.

- Prométeme que intentaras solucionarlo con palabras la próxima vez. – Rilen lo miró fijamente.

- Vale, está bien, intentaré habar antes. – dijo Alas refunfuñando.

- Ahora animaos y jugad a algo, ¿de acuerdo? – les dijo Rilen, Aura parecía triste. - ¿Qué pasa Aura?

- Odio a la gente, no me gustan, todos son malos. – dijo Aura con los ojos llorosos.

Clara se acercó a los niños, se arrodillo delante de Aura y le puso una mano en la mejilla.

- Pequeña, no todo el mundo es malo. – le dijo con una voz muy suave. – Hay gente buena solo que no la has encontrado.

- Solo tú y Akai sois buenos. – le dijo Aura.

- No, te prometo que hay más gente buena, solo tienes que encontrarla y no rendirte nunca, no dejes que esos bobos te hagan llorar porque no se lo merecen. – Clara sacó un pañuelo de su bolsillo y le secó las lágrimas.

- Eres muy dulce, gracias Clara. – le dijo Rilen, sabía que aquellas palabras la animarían, el no podía competir con una mujer a la hora de animar a su hija, ellas siempre saben que decir.

Los niños se levantaron y fueron a la habitación de Akai que era bastante grande. Había una pequeña cama pegada a la pared y en el centro, en el suelo, una gran alfombra de colores, en otra parte de la habitación había un baúl de madera.

- ¿Qué hay ahí? – peguntó Aura señalando el baúl.

- Juguetes… ¿queréis verlos? – preguntó Akai un poco triste. – No sé si os gustaran, lo siento, no quiero que os aburráis.

- No pasa nada, nos inventaremos algo. – Aura se levantó y arrastró el baúl hacia la alfombra. Se arrodilló y empezó a sacar juguetes.

- Una pelota. – dijo Aura emocionada con una pelota en la mano.

- Es verdad, la pelota. – A Akai se le fue pronto la emoción. – Pero no podemos salir fuera a jugar.

- Podemos hacer una competición. – A Aura se le ocurrió un juego. – A ver quien aguanta más tiempo plantado encima de ella.

- Seguro que gano. – dijo Alas.

- Yo primero. – dijo Aura, sabía que iba a perder pero quería probarlo.

Aura se subió a la pelota con la ayuda de Alas y Akai que le sujetaban una mano cada uno.

- ¿Preparada? – dijo Akai feliz de estar jugando con ellos dos.

Aura asintió y ambos la soltaron al mismo tiempo. Permaneció una fracción de segundo y luego se calló encima de Akai que se apoyó en Alas desequilibrándolo y todos cayeron encima de la alfombra, empezaron a reírse a carcajadas.



Rilen y Clara oyeron un golpe que venía de la habitación corrieron hacia ella pero antes de abrir los oyeron reírse.

- Dejémosles que hagan travesuras. – dijo Clara feliz de escuchar a su hijo reírse. – Será la primera vez que Akai las haga.

- Vale pero si te destrozan la habitación no me culpes. – bromeó Rilen.



El día trascurrió con normalidad, los niños no pararon de jugar a juegos que se inventaban. Nadie llamó a la puerta aquel día, parecía que el padre de aquel niño lo había dejado pasar, tal vez era la única persona racional de aquella aldea. A Rilen le sorprendió ver a Alas jugando tranquilamente con Akai, como si fuera un niño normal, parecía que se llevaban bien, tal vez siempre había querido tener un amigo. Se estaba haciendo tarde y Rilen pensó que era el momento de irse, sino Nicolás empezaría a preocuparse.

- Clara muchas gracias por todo y perdón por lo que ha pasado. – dijo Rilen con educación. – Tenemos que irnos antes de que anochezca.

- No te preocupes Rilen, vuestra visita a sido lo mejor que le ha pasado a mi hijo. Volved pronto. – le dijo Clara feliz de haberlos conocido.

- Niños nos vamos. – Rilen cogió sus chaquetas.

- ¿Ya? ¿Por qué? Yo no quiero. – dijo Aura triste.

- Porque tu tío Nicolás se preocupara si llegamos tarde, ya se estará subiendo por las paredes. – dijo Rilen mientras le ponía la chaqueta a Aura.

- ¿Podemos volver? – le dijo Aura.

- Sí, volveremos.

- Cuando queráis, esta es vuestra casa. – dijo Clara sonriendo.

Aura corrió hacia ella con la chaqueta mal puesta mientras Rilen intentaba terminar de vestirla.

- Gracias. – Aura se acercó a Clara y esta se agachó y le dio un beso.

- Pero que niña más bonita. – le dijo Clara feliz, le encantaban los niños.

Rilen terminó de ponerle la chaqueta y luego se la puso a Alas. Aura se acercó a Akai y le dio un beso en la mejilla, Akai se ruborizo, Aura le gustaba era muy bonita y dulce con él.

- Vamos, hasta luego. Pórtate bien Akai. – dijo Rilen mientras abría la puerta.

- Akai, si alguien te molesta dímelo que le daré… - Alas miró a su padre. – Que intentaré hablar con él.

- Me lo he pasado muy bien, gracias Alas, gracias Aura. – dijo Akai sonriendo.



Empezaba a refrescar y Aura parecía tener sueño. Rilen la miró.

- ¿Estás bien Aura? – le preguntó.

- Estoy cansada. – le dijo bostezando.

- Ven. – Rilen se arrodilló y Aura subió a su espalda. – Pero no te acostumbres.

Aura cerró los ojos y se durmió con facilidad. Rilen quería hablar con Alas, tenía curiosidad por saber porque se llevaba tan bien con Akai.

- Alas, ¿te cae bien Akai? – le preguntó.

- Supongo. – dijo este indiferente. – Es extraño y tiene cosas raras que él dice que son juguetes. Pero sabe jugar como Aura y yo. Y si somos tres es más divertido.

- Estoy orgulloso de ti, hijo.

- ¿Por qué me lo preguntas?

- Pensé que serias más reservado. – dijo Rilen.

- A Aura le cae bien, y ha visto que no piensa cosas malas. Creo que puedo confiar en él. – dijo Alas seguro.

- Siempre es bueno tener un amigo. – Rilen sonrió.

- Ahora somos como tú y el tío Nicolás. – dijo Alas feliz.

- Ves, te dije que cada día te pareces más a mí, por mucho que intentes cambiarlo. – dijo Rilen bromeando.

- Pero yo nunca pareceré un viejo. – Alas le sacó la lengua.

- Serás… - Rilen rio.

- ¿Por qué no te cortas esa barba fea? Seguro que hay bichos ahí dentro.

- Tú sí que eres un bicho. – dijo Rilen sonriéndole.

- Y tu un yeti de las nieves. – Alas estalló en carcajadas.

- Papa es un yeti. – dijo Aura medio dormida.

- En el fondo sé que me queréis. – Rilen suspiró.

Alas sonrió. Le gustaba bromear con su padre ya que nunca se enfadaba, el siempre intentaba no faltarle al respeto y sabia cuando estaba de broma y cuando no. Quería ser como él, tener razón siempre y ser tan fuerte y sabio. Aunque pensaba que nunca se lo diría, no aguantaría ver su cara de felicidad y sus abrazos de yeti orgulloso. Alas sonrió al imaginárselo como un yeti.

lunes, 18 de junio de 2012

Capítulo 8. Noticias y aliados.



Jade, Juan, Carlos, Aku y los niños estaban contemplando la cabaña, que por fin estaba terminada, en vez de puerta habían colgado una cortina que hicieron cortando una de las mantas. Les había sobrado mucha más leña por lo podrían tener el fuego todo el invierno encendido. Lo habían hecho, su refugio estaba terminado.

- Ha quedado perfecto. – dijo Jade contenta.

- Sí, estos dos son unos artistas. – dijo Carlos mirando a Aku y Río.



Alas volaba por encima de los árboles, en la mano sujetaba un gran saco abultado, se había recuperado del todo y volvía a tener toda su fuerza. Vio una columna de humo no muy lejos de él, descendió y aterrizó en el suelo, podía escuchar las voces de los amigos de Aura, vio a Guardián que se acercó a él corriendo, Aku lo llamó, pero este no le hizo caso. Guardián se abalanzó encima de Alas, cayeron al suelo y Guardián le lamió la cara.

- ¿Cómo está, como está? – le preguntó Guardián impaciente.

- Bien, todavía no está consciente pero me ha hablado, Rilen dice que se recuperará. – le dijo Alas mentalmente.

- Ve a decírselo, están muy preocupados. – Guardián estaba feliz sabía que si Rilen decía que se recuperaría estaría en lo cierto, como siempre…

- Guardián, no sé como hacerlo… - Alas estaba nervioso.

- Ven conmigo, sabrás hacerlo. – le dijo Guardián. – Te caerán bien, son muy buenas personas.

Alas y Guardián se acercaron a la cabaña, todos se giraron hacia él, Alas retrocedió un poco, parecía un animal desconfiado. Nadie dijo nada, estaban esperando a que él lo hiciera. Aku se acercó lentamente.

- Alas, ¿verdad? – le preguntó con respeto.

- Sí… - Alas sabía lo que tenía que decir, miró a Aku a los ojos, por alguna razón aquel chico le inspiraba confianza. – Aura está mejor, todavía duerme pero se recuperará.

- ¿Podemos verla? – preguntó Jade.

- No sé si puedo… - Alas miró a Guardián. No esperaba que le hicieran aquella pregunta. – Os he traído ropa, y algunas mantas, por cortesía de mi padre. – dijo mientras depositaba el saco en el suelo.

- ¿El padre de Aura? – preguntó Jade, quería conocer a aquel hombre.

- Sí. – dijo Alas.

- Guardián, ¿Qué hago? No puedo llevármelos a todos, sé que si lo hiciera Aura estaría feliz. – le dijo mentalmente.

- Mejor esperemos a que Aura despierte, tú ven a menudo a darnos buenas noticias. – le dijo calmado.

- ¿Te quedas aquí? – le preguntó Alas.

- Sí, he estado observando a Aku, creo que tu madre está interesada en él. - dijo Guardián.

- ¿De qué forma?- Alas no sabía a que se refería.

- No lo sé, por eso me quedare con ellos un poco más, son muy divertidos. Quédate a comer y así los conocerás un poco más. - dijo animándolo. 

- Alas, ¿Te quedas a comer? – le preguntó Jade, de esta forma podría contarles más cosas sobre Aura. – No tenemos mucho pero podemos compartirlo.

- También os he traído arroz. – dijo Alas.

- Pues, solo por eso, tienes la obligación de quedarte a comer. – dijo Carlos sonriendo.

Alas miró a Guardián, no estaba seguro de quedarse allí, quería estar con Aura, a su lado apoyándola en todo momento. Aunque si hablaba con ellos un poco más, después se lo podría contar a Aura así ella se pondría contenta.

- ¿Qué dices chico? – le pregunto Juan.

- De acuerdo. – decidió Alas.

- Mientras hacemos la comida podrías contarnos más cosas sobre Aura. – dijo Jade, quería saber quien era en realidad su amiga.

Aku le ofreció una piedra-silla a Alas, este se sentó. Los niños lo miraban sorprendidos, no llevaba camiseta y hacia bastante frío.

- ¿No tienes frío? – le preguntó Kaley.

- No. – Alas era de pocas palabras.

- ¿Dónde están tus alas? – le preguntó Río.

- Escondidas. – Alas no sabía como explicárselo.

- ¿Escondidas en otra dimensión? – preguntó Río.

- ¿Cómo sabes eso? – Alas se extrañó.

- Porque si dices que están escondidas y yo no puedo verlas será porque no están en esta dimensión. – dijo Río convencido.

- ¿Cómo sabes que existen otras dimensiones? – preguntó Aku sorprendido.

- He estado pensando mucho estos días. – Río podía hacer más de diez teorías a la vez e ir descartándolas hasta quedarse con la más apropiada. – Es muy difícil que crezca un bosque de estas dimensiones en un lugar en el que antes solo habían campos, pienso que… todo esto estaba en otro lugar, en otra dimensión y que algo o alguien ha sido capaz de cruzarlo a esta.

- Río, ¿tú de dónde has salido? – Juan estaba sorprendido por las teorías de Río que no eran del todo descabelladas.

- Te pareces a mi padre, él lo sabe todo. – dijo Alas un poco más integrado pero con su expresión seria.

- ¿Lo que he dicho es posible? – le preguntó a Alas.

- Sí. – dijo Alas sin intención de aclarar nada.

- Es lo bueno de los niños, que como no conocen la supuesta realidad del mundo adulto, pueden pensar libremente y nada les parece absurdo. – dijo Carlos. – Y si a eso le añadimos una inteligencia superior tenemos a Río. – Carlos le guiño un ojo, en verdad pensaba que aquel niño era un genio. – Habrías sido un buen músico Río.

Todo aquello era extraño pero a nadie se le hacía difícil de asumir, ya que habían visto muchas cosas extrañas últimamente y ya nada les parecía imposible.

- Alas, vuestra madre debe de estar muy preocupada. – dijo Jade esperando averiguar más. – Me gustaría conocerla y a tú padre también.

- Mi madre… - Alas no sabía que decirle.

- Lo siento, ¿No está con vosotros? –dijo Jade pensando que había metido la pata.

- Lo está, de alguna manera… lo está. – Alas no quería decirles nada más, aunque aquella gente no le desagradaba prefería que fuera Aura quien lo contara.

Aku, quería saber más de Aura pero tenía la certeza de que Alas no les contaría mucho más, parecía distante y reacio a hablar, le recordaba a ella la primera vez que la vio. Le rondaba algo por la cabeza, había estado observando a Guardián y nunca lo había visto comer o dormir, estaba empezando a creer que las suposiciones de los niños no eran del todo descabelladas.

- Alas, ¿te puedo preguntar algo? – dijo Aku educadamente.

- Si… pregunta. – dijo Alas.

- ¿Quién o qué es Guardián? – dijo mientras miraba al lobo.

Alas miró a Guardián que a su vez lo miró divertido, parecía estar a gusto con aquella gente, siempre había sido muy simpático y amable a diferencia de Kinos.

- ¿Qué hago Guardián? – le dijo Alas.

- Dile que soy especial. – Guardián parecía divertirse con todo aquello. – Puede que algún día le hable, quiero ver su cara de asombro.

- Aku, Guardián es… - le parecía absurdo decir aquello ya que no era una respuesta. – especial.

- ¿Especial? - Aku arqueó una ceja. – Eso ya lo sabía.

- Lo siento, no puedo contarte más. – dijo Alas.

- ¿Por qué? – dijo Aku extrañado.

- Porque… - Alas hizo una pausa, no sabía que decir. – Es mejor que lo descubras tú.

- Muy bien, has sabido como salir de esta. – bromeó Guardián.

- Te diviertes, ¿verdad? – Alas estaba un poco molesto. Sabía que Guardián lo estaba obligando a hablar más de lo que él quería.

- Una cosa más, ¿puede entenderme verdad? – Aku sabía la respuesta pero quería estar seguro.

- Sí, a todos. – dijo Alas sin cambiar su expresión.

- Pero Aura lo entendía a él. – dijo Río seguro de sus palabras. – Y tú también.

- Me encanta este niño, nunca deja de sorprenderme. – le dijo Guardián a Alas.

- Siento como que si fuera a leerme la mente. – dijo Alas.

- La comida ya esta lista. – Jade se había fijado en que Alas estaba incomodo. – Vamos a comer y hablaremos de otras cosas, sino Alas no volverá más.

Durante la comida no hablaron mucho, estaban muy felices de las buenas noticias que Alas les había traído. Alas dejó el plato medio vacío en el suelo, tenía que irse, ya había estado demasiado tiempo allí y quería volver con Aura.

- Me voy. – dijo levantándose.

- ¿Te volveremos a ver? – pregunto Jade.

- Tal vez. – dijo Alas secamente.

Alas se adentró en el bosque. Todos se miraron y sonrieron, por fin habían tenido noticias de Aura y eran buenas.



Akai estaba apoyado en la pared de uno de los edificios de la ciudad, el sol resplandecía en su cara y su pelo despeinado se movía suavemente con la brisa. Destacaba en medio de la sucia y abandonada ciudad, su rojizo pelo, su esbelto cuerpo cubierto por una túnica, sus brillantes ojos amarillos y su blanca piel le daban un atractivo misterioso.

Estaba mirando al cielo pensativo cuando escuchó unos pasos muy cerca de él, aquella forma de andar le resultaba familiar.

- Nunca podremos… - dijo Akai sin mirar. – Nunca será nuestra.

- ¿Has perdido la esperanza? – dijo un hombre de pelo y ojos oscuros.

- Padre, soy un inútil. – dijo Akai mirándolo con ojos tristes.

- No lo eres. – dijo Démian mientras le ponía una mano en el hombro. – Hijo, los encontraste, no contábamos con que ella los ayudaría. Pero ahora está más débil no creo que interfiera de nuevo.

- Sí que lo hará, son sus hijos. – le dijo Akai. – ¿Crees que nuestro plan funcionará?

- Aura vendrá a nosotros. – Démian puso una cara terrorífica. – Vendrá a por ellos.

- Eso espero… - Akai suspiró.

Démian se giró y empezó a andar por la ciudad, giró una esquina y llegó a un gran edificio situado en medio de una plaza, con barrotes en todas las ventanas, dos grandes puertas de hierro cubrían la entrada. Se escuchaban gritos mezclados con ruidos de metal que venían de dentro del edificio. Una de las bestias que merodeaban alrededor de la plaza se acercó a él con miedo.

- Maestro, ¿está todo a su gusto? ¿Quiere entrar? – Su voz era temblorosa. – Le abriré la puerta. – empujó las puertas con fuerza y las abrió de par en par.

En la amplia entrada de aquel edificio había más bestias trabajando con hierro construyendo rejas y montándolas, el ruido de los martillazos apagaba los gritos de la gente. Un Oscur salió de un pasillo y se acercó a Démian.

- Silencio bestias. – el oscuro gritó y su grave voz resonó por todo el edificio.

- ¿Cuántas personas hay? – le preguntó Démian.

- Unas doscientas en este edificio. – dijo el Oscur.

- ¿Y en los otros cuatro? – preguntó Démian.

- El mismo número aproximadamente. – dijo el Oscur con desprecio.

- ¿Qué se supone que vamos a hacer con tantos humanos?. – dijo Akai andando hacía ellos. – Ya lo hemos probado y no se convierten en bestias.

- Son nuestro señuelo para atraer a la pescadita y a sus amigos. – dijo Démian entusiasmado. – Y a su perfecto padre. No podrán dejar que mueran estos humanos.

- ¿Y cómo van a saber que hay humanos encerrados aquí? – preguntó Akai.

- Rilen nos ha estado vigilando… - Démian frunció el ceño. – Pero, por ahora, estará muy ocupado cuidando de su hija.



Rilen estaba sentado en un gran escritorio lleno de papeles desorganizados, la paredes de aquella habitación estaban repletas de estanterías con libros, en medio había una escalera de caracol de metal negro que subía a una especie de guardilla donde había más libros amontonados unos sobre otros. El techo estaba cubierto de vidrio por el que entraba una bonita y agradable luz. Nicolás abrió la puerta y se dirigió al escritorio, cogió una silla y se sentó al lado opuesto de Rilen. Miró a su amigo que estaba sumido en sus pensamientos.

- ¿En qué piensas? – le preguntó Nicolás amablemente.

- Démian… - Rilen suspiró. – Tiene a más de ochocientas personas encerradas en edificios.

- ¿Bestias? – preguntó Nicolás espantado.

- No, humanos que no se han convertido, gente pura. – Rilen puso cara de preocupación. – Se lo que está pensando, quiere atraer a Aura, a todos. Nicolás, cuando Aura despierte no le cuentes nada de esto o irá a por ellos sin mi permiso.

- No le diré nada. Puedes confiar en mí. – dijo su amigo.

Rilen le sonrió. Se habían olvidado de Alas, él les había estado escuchando desde la habitación de Aura gracias a su agudo oído. Decidió ocultárselo a Aura, sería lo mejor, al menos hasta que se recuperara del todo. Rilen entró en la habitación y sentó en una silla.

- ¿Lo has escuchado? – le preguntó Rilen.

- Sí pero no se lo diré. – le respondió.

- Ya ha pasado casi un mes, pronto despertará. – Rilen parecía nervioso.

- ¿Qué ocurre? ¿Está bien? – Alas se preocupó al ver la cara de su padre.

- No creo que vengan a buscarla aquí, las bestias no pueden entrar en el bosque pero los Oscurs sí. – dijo Rilen intentando creer en sus propias palabras.

- Me deshice de uno en la ciudad… - dijo Alas.

- ¿Cómo lo hiciste? – preguntó Rilen curioso.

- Concentre mi energía y la electricidad se aglomeró alrededor de mi cuerpo, utilicé todas mis fuerzas y la electricidad se transformó en luz. El Oscur se desintegró.

- Los Oscurs se crearon a partir de la oscuridad que los humanos tenían en sus mentes, son incorpóreos solo se pueden matar con luz. – Rilen se frotó la barba pensativo. – Siempre creí que los humanos destrozarían el mundo pero nunca pensé que iba a ser así. El poder que no sabían que tenían actuó por su cuenta…

- Tal vez, tuvieron ayuda… - dijo Nicolás que entraba a la habitación. – Pero no deberíamos hablar aquí sobre esto, Aura podría enterarse.

- Alas, quédate con tu hermana. – dijo Rilen mientras se levantaba. – Los Elementales no tardaran en llegar. Tengo que ponerlos al día de la situación.

Rilen abrió uno de los ventanales de la habitación y una gran tigresa seguida de un caballo gris entraron a la habitación.

- ¿Por qué no despierta? – dijo Kinos impaciente.

- Relájate un poco. – le respondió Lazúli calmada. – Te has pasado todos estos años esperándola, espera un poco más.

Alas sonrió al recordar como Aura y Kinos discutían constantemente y luego jugaban como si nada hubiera pasado.

- Una sonrisa… - dijo Lazúli animada. – Que difíciles son de ver.

La tigresa se acercó a él y frotó su cara contra la suya. Kinos sopló inquieto, parecía un caballo salvaje indomable. Se acercó lentamente a Aura y su aspecto distante y arrogante cambio, sus ojos reflejaron ternura. Acercó su cara a Aura y apoyó suavemente el morro en su frente.

- No tardes en despertar bicho… - le dijo Kinos.



Rilen se paseaba, impaciente, de un lado a otro del salón. Nicolás lo seguía con la mirada, lo estaba contagiando con su nerviosismo.

- ¿Qué ocurre Rilen? – le preguntó.

- Na… nada, bueno algo, tal vez un poco. – dijo Rilen con inquietud.

- ¿Qué pasa? Me estas asustando. ¿Es la primera vez que hablas con los Elementales? – preguntó Nicolás.

- No, hablé una vez con ellos. Cuando nacieron Aura y Alas. Son un poco… Salvajes. – Rilen cada vez estaba más nervioso. – Cuando hablé con ellos, aquella vez, no paraban de moverse y juguetear con sus habilidades, parecía que no me prestaban atención y me costaba mantener una conversación normal con ellos. Espero que esta vez sea diferente, si causan mucho alboroto podrían perjudicar a Aura.

- No creo que hagan eso, le tendrán respeto, ¿no? – dijo Nicolás intentando calmar a su amigo.

- No le tienen respeto a nadie, son pura energía y no pueden estarse quietos.

Un soplo de aire frió le rozó la cara, Rilen se estremeció, ya habían llegado. Una cara se materializo delante de él rápidamente.

- ¡Bu! – dijo con tono burlesco.

Aquel ser se materializó por completo, aunque era translucido, tenía el pelo grisáceo que revoloteaba sin parar como si el viento lo hiciera danzar. Sus ojos eran de color gris claro sin ninguna pizca de color. Se parecía a un fantasma. Su cuerpo no paraba de cambiar como si fuera una duna golpeada por un fuerte viento, dándole un aspecto espectral.

- Ketar, bienvenido. – dijo Rilen siendo todo lo amable que podía.

El techo de cristal empezó a gotear, las gotas caían al suelo formando un charco, el charco empezó a crecer hacia arriba formando el cuerpo desnudo de una mujer tranparente con una tonalidad verdosa parecido a las aguas de los lagos, su pelo era de color azul marino aunque más que pelo parecían tubos de agua que se asemejaban al pelo de los cantantes de reggae, sus ojos azules del mismo color parecían dos piedras brillantes… era muy hermosa.

- Aqua, bienvenida. – dijo Rilen sinceramente, sin duda era la más tranquila de todos.

La puerta se abrió de golpe y por ella entró un hombre grande y musculoso su piel era marrón oscura y estaba cubierta de moho, sus ojos de color verde hoja estaban llenos de energía, su pelo verde grisáceo caía por sus hombros como las ramas de un sauce llorón y de ellas colgaban pequeñas hojas. Se acercó a Rilen dando grades zancadas, media dos metros y era muy robusto lo que hizo que Rilen retrocediera unos pasos, parecía que lo iba a aplastas con sus grandes manos rocosas.

- Rilen, me alegro de volver a verte. – Su voz era grave y más elevada de lo que a Rilen le gustaría.

- Igualmente Terrus… Podrías hablar un poco más bajo, Aura necesita tranquilidad. – dijo educadamente.

- Tranquilidad, tranquilidad. – Una voz distorsionada resonó por toda la habitación.

Miles de pequeños rayos se acumularon formando un delgado cuerpo azul que parecía inestable y no dejaba de desprender pequeños rayos que sonaban como la electricidad al tocar el agua, su cabeza no tenía ni un pelo y sus ojos azul eléctrico chispeaban sin parar.

- Bienvenido Ectodo. – Rilen suspiró estresado. – Ya estamos todos.

- Nos falta uno pero no es bien recibido. – dijo Aqua con una voz dulce.

- Os presento a mi amigo Nicolás. – Rilen miró a su amigo con cara de angustia.

- Mucho gusto. – dijo Terrus con la voz un poco más baja.

Los demás asintieron con la cabeza. Rilen no sabía como empezar la conversación, aunque esta vez parecían tranquilos, Ketar estaba bastante quieto y Ectodo, que era el que más le preocupaba, no se estaba moviendo mucho. Todos permanecían callados esperando a que Rilen empezara a hablar.

- Bueno. – Rilen cogió aire. – Como sabéis, el mundo tal y como lo conocíamos ya no existe. La Diosa está luchando contra la contaminación y no tiene fuerzas para luchar contra nuestros enemigos. Démian y su hijo están formando un gran ejercito de bestias, que algunas de ellas están evolucionando, y otras criaturas como los Oscurs. Por otra parte, tienen encerrados a unos cientos de humanos en edificios. Están esperando a que Aura despierte para atraerla hacia ellos, saben que ella no dejará que esas personas sigan sufriendo, ya que han pasado la prueba y sus mentes son puras. Necesito vuestra ayuda, ya que esto desembarcara en una gran guerra, ellos son miles y nosotros por ahora menos de diez. Si aceptáis os estaré muy agradecido.

- Acepto. – dijo Terrus sin apenas pensar. - ¿A quién hay que machacar? – preguntó golpeando su puño contra la palma de su mano.

- Acepto. – dijo Aqua segura. – No dejaré que le hagan daño a mi pequeña Aura y a mi pequeño Alas.

- Ya no son tan pequeños. – dijo Rilen sonriendo nostálgico.

- Siempre serán mucho más pequeños que yo. – Aqua sonrió.

- Acepto. – dijo Ketar divertido. – Será muy emocionante.

- ¿Por qué debería de salvar a unos malditos humanos? – dijo con su voz distorsionada, Ectodo.

- Porque la Diosa les está dando una segunda oportunidad y deberíamos complacer sus deseos. – dijo Terrus.

- Deber y querer son dos conceptos muy diferentes. – dijo Ectodo.

- Pues cuando todo termine y salgamos victoriosos tú te encargaras de los fuegos artificiales. – bromeó Ketar. – Solo tienes que hacer chispitas en el cielo.

- Al menos yo no salgo de los culos ajenos. – dijo Ectodo enfadado.

- Cállate chispitas y acepta. – dijo Ketar sin enfadarse. – Todos sabemos que te encantara aniquilar a esas bestias. Y tú puedes encargarte de los más fuertes, los Oscurs.

- Eres un pesado viento apestoso. – dijo Ectodo irritado. - De acuerdo, aceptaré pero los Oscurs son míos.

Rilen suspiró aliviado, no pensó que iba a ser tan fácil. Miró a Nicolás que se había quedado atónito, era la primera vez que veía a los Elementales.

- Tengo una misión para ti, Ketar. – dijo Rilen. – Serás nuestro espía.

- Dime capitán. – Ketar nunca dejaba de bromear. – ¿A quién quieres que espié?

- Quiero que averigües todo lo que puedas de esos edificios, y busques una forma para que nosotros, cuando llegué el momento, podamos entrar y evacuar a la gente. Pero no te acerques mucho a Rilen y a Akai, podrían notar tu presencia.

- De acuerdo, me voy ya. Te traeré la información que necesitas. – dijo Ketar entusiasmado.

- No… no hace falta que vayas ahora. – dijo Rilen sorprendido por aquella reacción.

- Me aburro y me voy. – le dijo a Rilen. – No te preocupes seré muy silencioso.

- Los pedos no lo son. – bromeó Ectodo.

- Hasta luego chispitas. – Ketar nunca se enfadaba por nada y eso enfurecía a Ectodo.

- Si tu cuerpo fuera tangible te hubiera electrocutado hace mucho. – dijo irritado.

- Pero después de darme un beso de amor. – Ketar se desvaneció en el aire y se esfumó riendo a carcajadas.

- Aqua, ¿te gustan los niños? – le preguntó Rilen.

- Si, ¿Por qué? – preguntó Aqua intrigada.

- Tengo una misión para ti, no es tan emocionante como la de Ketar pero sé que te gustará.

- Dime… capitán. Que buena idea ha tenido Ketar, capitán te queda genial. – sonrió divertida.

- Hay un grupo de humanos, son cuatro niños, dos adultos varones, una chica de la misma edad que Aura y un chico un año más joven llamado Aku. Me gustaría que estuvieras pendiente de ellos y los protegieras, hasta que pueda traerlos aquí. Ten bien vigilado los alrededores de su hogar.

- De acuerdo, ¿me puedo ir ya? – dijo Aqua impaciente.

- Si… bueno, como quieras. – dijo Rilen, parecía que los Elementales habían estado muy aburridos.

- ¿Nosotros que hacemos? – preguntó Terrus.

- Por ahora, esperar. Vosotros sois nuestro elemento sorpresa. Así podremos tomar ventaja en la batalla ya que no se lo esperaran. Terrus tu nos serán de gran ayuda luchando cuerpo a cuerpo. Y Ectodo se encargará de los Oscurs, lo que desbancara la estrategia de Démian ya que son sus guerreros más fuertes. – Rilen miró hacia arriba pensativo. – Solo espero que ellos no nos sorprendan.

- ¿Aura luchará? – preguntó Ectodo.

- No quiero que luche, tenemos que ocultárselo. – Rilen sabia que aquello era complicado. - Si la cogen no sé como reaccionará su madre. Podría ser el fin de este mundo…

- Próximo capítulo: 29 de Junio de 2012 -  
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