Jade, Juan, Carlos, Aku y los niños estaban contemplando la cabaña, que por fin estaba terminada, en vez de puerta habían colgado una cortina que hicieron cortando una de las mantas. Les había sobrado mucha más leña por lo podrían tener el fuego todo el invierno encendido. Lo habían hecho, su refugio estaba terminado.
- Ha quedado perfecto. – dijo Jade contenta.
- Sí, estos dos son unos artistas. – dijo Carlos mirando a Aku y Río.
Alas volaba por encima de los árboles, en la mano sujetaba un gran saco abultado, se había recuperado del todo y volvía a tener toda su fuerza. Vio una columna de humo no muy lejos de él, descendió y aterrizó en el suelo, podía escuchar las voces de los amigos de Aura, vio a Guardián que se acercó a él corriendo, Aku lo llamó, pero este no le hizo caso. Guardián se abalanzó encima de Alas, cayeron al suelo y Guardián le lamió la cara.
- ¿Cómo está, como está? – le preguntó Guardián impaciente.
- Bien, todavía no está consciente pero me ha hablado, Rilen dice que se recuperará. – le dijo Alas mentalmente.
- Ve a decírselo, están muy preocupados. – Guardián estaba feliz sabía que si Rilen decía que se recuperaría estaría en lo cierto, como siempre…
- Guardián, no sé como hacerlo… - Alas estaba nervioso.
- Ven conmigo, sabrás hacerlo. – le dijo Guardián. – Te caerán bien, son muy buenas personas.
Alas y Guardián se acercaron a la cabaña, todos se giraron hacia él, Alas retrocedió un poco, parecía un animal desconfiado. Nadie dijo nada, estaban esperando a que él lo hiciera. Aku se acercó lentamente.
- Alas, ¿verdad? – le preguntó con respeto.
- Sí… - Alas sabía lo que tenía que decir, miró a Aku a los ojos, por alguna razón aquel chico le inspiraba confianza. – Aura está mejor, todavía duerme pero se recuperará.
- ¿Podemos verla? – preguntó Jade.
- No sé si puedo… - Alas miró a Guardián. No esperaba que le hicieran aquella pregunta. – Os he traído ropa, y algunas mantas, por cortesía de mi padre. – dijo mientras depositaba el saco en el suelo.
- ¿El padre de Aura? – preguntó Jade, quería conocer a aquel hombre.
- Sí. – dijo Alas.
- Guardián, ¿Qué hago? No puedo llevármelos a todos, sé que si lo hiciera Aura estaría feliz. – le dijo mentalmente.
- Mejor esperemos a que Aura despierte, tú ven a menudo a darnos buenas noticias. – le dijo calmado.
- ¿Te quedas aquí? – le preguntó Alas.
- Sí, he estado observando a Aku, creo que tu madre está interesada en él. - dijo Guardián.
- ¿De qué forma?- Alas no sabía a que se refería.
- No lo sé, por eso me quedare con ellos un poco más, son muy divertidos. Quédate a comer y así los conocerás un poco más. - dijo animándolo.
- Alas, ¿Te quedas a comer? – le preguntó Jade, de esta forma podría contarles más cosas sobre Aura. – No tenemos mucho pero podemos compartirlo.
- También os he traído arroz. – dijo Alas.
- Pues, solo por eso, tienes la obligación de quedarte a comer. – dijo Carlos sonriendo.
Alas miró a Guardián, no estaba seguro de quedarse allí, quería estar con Aura, a su lado apoyándola en todo momento. Aunque si hablaba con ellos un poco más, después se lo podría contar a Aura así ella se pondría contenta.
- ¿Qué dices chico? – le pregunto Juan.
- De acuerdo. – decidió Alas.
- Mientras hacemos la comida podrías contarnos más cosas sobre Aura. – dijo Jade, quería saber quien era en realidad su amiga.
Aku le ofreció una piedra-silla a Alas, este se sentó. Los niños lo miraban sorprendidos, no llevaba camiseta y hacia bastante frío.
- ¿No tienes frío? – le preguntó Kaley.
- No. – Alas era de pocas palabras.
- ¿Dónde están tus alas? – le preguntó Río.
- Escondidas. – Alas no sabía como explicárselo.
- ¿Escondidas en otra dimensión? – preguntó Río.
- ¿Cómo sabes eso? – Alas se extrañó.
- Porque si dices que están escondidas y yo no puedo verlas será porque no están en esta dimensión. – dijo Río convencido.
- ¿Cómo sabes que existen otras dimensiones? – preguntó Aku sorprendido.
- He estado pensando mucho estos días. – Río podía hacer más de diez teorías a la vez e ir descartándolas hasta quedarse con la más apropiada. – Es muy difícil que crezca un bosque de estas dimensiones en un lugar en el que antes solo habían campos, pienso que… todo esto estaba en otro lugar, en otra dimensión y que algo o alguien ha sido capaz de cruzarlo a esta.
- Río, ¿tú de dónde has salido? – Juan estaba sorprendido por las teorías de Río que no eran del todo descabelladas.
- Te pareces a mi padre, él lo sabe todo. – dijo Alas un poco más integrado pero con su expresión seria.
- ¿Lo que he dicho es posible? – le preguntó a Alas.
- Sí. – dijo Alas sin intención de aclarar nada.
- Es lo bueno de los niños, que como no conocen la supuesta realidad del mundo adulto, pueden pensar libremente y nada les parece absurdo. – dijo Carlos. – Y si a eso le añadimos una inteligencia superior tenemos a Río. – Carlos le guiño un ojo, en verdad pensaba que aquel niño era un genio. – Habrías sido un buen músico Río.
Todo aquello era extraño pero a nadie se le hacía difícil de asumir, ya que habían visto muchas cosas extrañas últimamente y ya nada les parecía imposible.
- Alas, vuestra madre debe de estar muy preocupada. – dijo Jade esperando averiguar más. – Me gustaría conocerla y a tú padre también.
- Mi madre… - Alas no sabía que decirle.
- Lo siento, ¿No está con vosotros? –dijo Jade pensando que había metido la pata.
- Lo está, de alguna manera… lo está. – Alas no quería decirles nada más, aunque aquella gente no le desagradaba prefería que fuera Aura quien lo contara.
Aku, quería saber más de Aura pero tenía la certeza de que Alas no les contaría mucho más, parecía distante y reacio a hablar, le recordaba a ella la primera vez que la vio. Le rondaba algo por la cabeza, había estado observando a Guardián y nunca lo había visto comer o dormir, estaba empezando a creer que las suposiciones de los niños no eran del todo descabelladas.
- Alas, ¿te puedo preguntar algo? – dijo Aku educadamente.
- Si… pregunta. – dijo Alas.
- ¿Quién o qué es Guardián? – dijo mientras miraba al lobo.
Alas miró a Guardián que a su vez lo miró divertido, parecía estar a gusto con aquella gente, siempre había sido muy simpático y amable a diferencia de Kinos.
- ¿Qué hago Guardián? – le dijo Alas.
- Dile que soy especial. – Guardián parecía divertirse con todo aquello. – Puede que algún día le hable, quiero ver su cara de asombro.
- Aku, Guardián es… - le parecía absurdo decir aquello ya que no era una respuesta. – especial.
- ¿Especial? - Aku arqueó una ceja. – Eso ya lo sabía.
- Lo siento, no puedo contarte más. – dijo Alas.
- ¿Por qué? – dijo Aku extrañado.
- Porque… - Alas hizo una pausa, no sabía que decir. – Es mejor que lo descubras tú.
- Muy bien, has sabido como salir de esta. – bromeó Guardián.
- Te diviertes, ¿verdad? – Alas estaba un poco molesto. Sabía que Guardián lo estaba obligando a hablar más de lo que él quería.
- Una cosa más, ¿puede entenderme verdad? – Aku sabía la respuesta pero quería estar seguro.
- Sí, a todos. – dijo Alas sin cambiar su expresión.
- Pero Aura lo entendía a él. – dijo Río seguro de sus palabras. – Y tú también.
- Me encanta este niño, nunca deja de sorprenderme. – le dijo Guardián a Alas.
- Siento como que si fuera a leerme la mente. – dijo Alas.
- La comida ya esta lista. – Jade se había fijado en que Alas estaba incomodo. – Vamos a comer y hablaremos de otras cosas, sino Alas no volverá más.
Durante la comida no hablaron mucho, estaban muy felices de las buenas noticias que Alas les había traído. Alas dejó el plato medio vacío en el suelo, tenía que irse, ya había estado demasiado tiempo allí y quería volver con Aura.
- Me voy. – dijo levantándose.
- ¿Te volveremos a ver? – pregunto Jade.
- Tal vez. – dijo Alas secamente.
Alas se adentró en el bosque. Todos se miraron y sonrieron, por fin habían tenido noticias de Aura y eran buenas.
Akai estaba apoyado en la pared de uno de los edificios de la ciudad, el sol resplandecía en su cara y su pelo despeinado se movía suavemente con la brisa. Destacaba en medio de la sucia y abandonada ciudad, su rojizo pelo, su esbelto cuerpo cubierto por una túnica, sus brillantes ojos amarillos y su blanca piel le daban un atractivo misterioso.
Estaba mirando al cielo pensativo cuando escuchó unos pasos muy cerca de él, aquella forma de andar le resultaba familiar.
- Nunca podremos… - dijo Akai sin mirar. – Nunca será nuestra.
- ¿Has perdido la esperanza? – dijo un hombre de pelo y ojos oscuros.
- Padre, soy un inútil. – dijo Akai mirándolo con ojos tristes.
- No lo eres. – dijo Démian mientras le ponía una mano en el hombro. – Hijo, los encontraste, no contábamos con que ella los ayudaría. Pero ahora está más débil no creo que interfiera de nuevo.
- Sí que lo hará, son sus hijos. – le dijo Akai. – ¿Crees que nuestro plan funcionará?
- Aura vendrá a nosotros. – Démian puso una cara terrorífica. – Vendrá a por ellos.
- Eso espero… - Akai suspiró.
Démian se giró y empezó a andar por la ciudad, giró una esquina y llegó a un gran edificio situado en medio de una plaza, con barrotes en todas las ventanas, dos grandes puertas de hierro cubrían la entrada. Se escuchaban gritos mezclados con ruidos de metal que venían de dentro del edificio. Una de las bestias que merodeaban alrededor de la plaza se acercó a él con miedo.
- Maestro, ¿está todo a su gusto? ¿Quiere entrar? – Su voz era temblorosa. – Le abriré la puerta. – empujó las puertas con fuerza y las abrió de par en par.
En la amplia entrada de aquel edificio había más bestias trabajando con hierro construyendo rejas y montándolas, el ruido de los martillazos apagaba los gritos de la gente. Un Oscur salió de un pasillo y se acercó a Démian.
- Silencio bestias. – el oscuro gritó y su grave voz resonó por todo el edificio.
- ¿Cuántas personas hay? – le preguntó Démian.
- Unas doscientas en este edificio. – dijo el Oscur.
- ¿Y en los otros cuatro? – preguntó Démian.
- El mismo número aproximadamente. – dijo el Oscur con desprecio.
- ¿Qué se supone que vamos a hacer con tantos humanos?. – dijo Akai andando hacía ellos. – Ya lo hemos probado y no se convierten en bestias.
- Son nuestro señuelo para atraer a la pescadita y a sus amigos. – dijo Démian entusiasmado. – Y a su perfecto padre. No podrán dejar que mueran estos humanos.
- ¿Y cómo van a saber que hay humanos encerrados aquí? – preguntó Akai.
- Rilen nos ha estado vigilando… - Démian frunció el ceño. – Pero, por ahora, estará muy ocupado cuidando de su hija.
Rilen estaba sentado en un gran escritorio lleno de papeles desorganizados, la paredes de aquella habitación estaban repletas de estanterías con libros, en medio había una escalera de caracol de metal negro que subía a una especie de guardilla donde había más libros amontonados unos sobre otros. El techo estaba cubierto de vidrio por el que entraba una bonita y agradable luz. Nicolás abrió la puerta y se dirigió al escritorio, cogió una silla y se sentó al lado opuesto de Rilen. Miró a su amigo que estaba sumido en sus pensamientos.
- ¿En qué piensas? – le preguntó Nicolás amablemente.
- Démian… - Rilen suspiró. – Tiene a más de ochocientas personas encerradas en edificios.
- ¿Bestias? – preguntó Nicolás espantado.
- No, humanos que no se han convertido, gente pura. – Rilen puso cara de preocupación. – Se lo que está pensando, quiere atraer a Aura, a todos. Nicolás, cuando Aura despierte no le cuentes nada de esto o irá a por ellos sin mi permiso.
- No le diré nada. Puedes confiar en mí. – dijo su amigo.
Rilen le sonrió. Se habían olvidado de Alas, él les había estado escuchando desde la habitación de Aura gracias a su agudo oído. Decidió ocultárselo a Aura, sería lo mejor, al menos hasta que se recuperara del todo. Rilen entró en la habitación y sentó en una silla.
- ¿Lo has escuchado? – le preguntó Rilen.
- Sí pero no se lo diré. – le respondió.
- Ya ha pasado casi un mes, pronto despertará. – Rilen parecía nervioso.
- ¿Qué ocurre? ¿Está bien? – Alas se preocupó al ver la cara de su padre.
- No creo que vengan a buscarla aquí, las bestias no pueden entrar en el bosque pero los Oscurs sí. – dijo Rilen intentando creer en sus propias palabras.
- Me deshice de uno en la ciudad… - dijo Alas.
- ¿Cómo lo hiciste? – preguntó Rilen curioso.
- Concentre mi energía y la electricidad se aglomeró alrededor de mi cuerpo, utilicé todas mis fuerzas y la electricidad se transformó en luz. El Oscur se desintegró.
- Los Oscurs se crearon a partir de la oscuridad que los humanos tenían en sus mentes, son incorpóreos solo se pueden matar con luz. – Rilen se frotó la barba pensativo. – Siempre creí que los humanos destrozarían el mundo pero nunca pensé que iba a ser así. El poder que no sabían que tenían actuó por su cuenta…
- Tal vez, tuvieron ayuda… - dijo Nicolás que entraba a la habitación. – Pero no deberíamos hablar aquí sobre esto, Aura podría enterarse.
- Alas, quédate con tu hermana. – dijo Rilen mientras se levantaba. – Los Elementales no tardaran en llegar. Tengo que ponerlos al día de la situación.
Rilen abrió uno de los ventanales de la habitación y una gran tigresa seguida de un caballo gris entraron a la habitación.
- ¿Por qué no despierta? – dijo Kinos impaciente.
- Relájate un poco. – le respondió Lazúli calmada. – Te has pasado todos estos años esperándola, espera un poco más.
Alas sonrió al recordar como Aura y Kinos discutían constantemente y luego jugaban como si nada hubiera pasado.
- Una sonrisa… - dijo Lazúli animada. – Que difíciles son de ver.
La tigresa se acercó a él y frotó su cara contra la suya. Kinos sopló inquieto, parecía un caballo salvaje indomable. Se acercó lentamente a Aura y su aspecto distante y arrogante cambio, sus ojos reflejaron ternura. Acercó su cara a Aura y apoyó suavemente el morro en su frente.
- No tardes en despertar bicho… - le dijo Kinos.
Rilen se paseaba, impaciente, de un lado a otro del salón. Nicolás lo seguía con la mirada, lo estaba contagiando con su nerviosismo.
- ¿Qué ocurre Rilen? – le preguntó.
- Na… nada, bueno algo, tal vez un poco. – dijo Rilen con inquietud.
- ¿Qué pasa? Me estas asustando. ¿Es la primera vez que hablas con los Elementales? – preguntó Nicolás.
- No, hablé una vez con ellos. Cuando nacieron Aura y Alas. Son un poco… Salvajes. – Rilen cada vez estaba más nervioso. – Cuando hablé con ellos, aquella vez, no paraban de moverse y juguetear con sus habilidades, parecía que no me prestaban atención y me costaba mantener una conversación normal con ellos. Espero que esta vez sea diferente, si causan mucho alboroto podrían perjudicar a Aura.
- No creo que hagan eso, le tendrán respeto, ¿no? – dijo Nicolás intentando calmar a su amigo.
- No le tienen respeto a nadie, son pura energía y no pueden estarse quietos.
Un soplo de aire frió le rozó la cara, Rilen se estremeció, ya habían llegado. Una cara se materializo delante de él rápidamente.
- ¡Bu! – dijo con tono burlesco.
Aquel ser se materializó por completo, aunque era translucido, tenía el pelo grisáceo que revoloteaba sin parar como si el viento lo hiciera danzar. Sus ojos eran de color gris claro sin ninguna pizca de color. Se parecía a un fantasma. Su cuerpo no paraba de cambiar como si fuera una duna golpeada por un fuerte viento, dándole un aspecto espectral.
- Ketar, bienvenido. – dijo Rilen siendo todo lo amable que podía.
El techo de cristal empezó a gotear, las gotas caían al suelo formando un charco, el charco empezó a crecer hacia arriba formando el cuerpo desnudo de una mujer tranparente con una tonalidad verdosa parecido a las aguas de los lagos, su pelo era de color azul marino aunque más que pelo parecían tubos de agua que se asemejaban al pelo de los cantantes de reggae, sus ojos azules del mismo color parecían dos piedras brillantes… era muy hermosa.
- Aqua, bienvenida. – dijo Rilen sinceramente, sin duda era la más tranquila de todos.
La puerta se abrió de golpe y por ella entró un hombre grande y musculoso su piel era marrón oscura y estaba cubierta de moho, sus ojos de color verde hoja estaban llenos de energía, su pelo verde grisáceo caía por sus hombros como las ramas de un sauce llorón y de ellas colgaban pequeñas hojas. Se acercó a Rilen dando grades zancadas, media dos metros y era muy robusto lo que hizo que Rilen retrocediera unos pasos, parecía que lo iba a aplastas con sus grandes manos rocosas.
- Rilen, me alegro de volver a verte. – Su voz era grave y más elevada de lo que a Rilen le gustaría.
- Igualmente Terrus… Podrías hablar un poco más bajo, Aura necesita tranquilidad. – dijo educadamente.
- Tranquilidad, tranquilidad. – Una voz distorsionada resonó por toda la habitación.
Miles de pequeños rayos se acumularon formando un delgado cuerpo azul que parecía inestable y no dejaba de desprender pequeños rayos que sonaban como la electricidad al tocar el agua, su cabeza no tenía ni un pelo y sus ojos azul eléctrico chispeaban sin parar.
- Bienvenido Ectodo. – Rilen suspiró estresado. – Ya estamos todos.
- Nos falta uno pero no es bien recibido. – dijo Aqua con una voz dulce.
- Os presento a mi amigo Nicolás. – Rilen miró a su amigo con cara de angustia.
- Mucho gusto. – dijo Terrus con la voz un poco más baja.
Los demás asintieron con la cabeza. Rilen no sabía como empezar la conversación, aunque esta vez parecían tranquilos, Ketar estaba bastante quieto y Ectodo, que era el que más le preocupaba, no se estaba moviendo mucho. Todos permanecían callados esperando a que Rilen empezara a hablar.
- Bueno. – Rilen cogió aire. – Como sabéis, el mundo tal y como lo conocíamos ya no existe. La Diosa está luchando contra la contaminación y no tiene fuerzas para luchar contra nuestros enemigos. Démian y su hijo están formando un gran ejercito de bestias, que algunas de ellas están evolucionando, y otras criaturas como los Oscurs. Por otra parte, tienen encerrados a unos cientos de humanos en edificios. Están esperando a que Aura despierte para atraerla hacia ellos, saben que ella no dejará que esas personas sigan sufriendo, ya que han pasado la prueba y sus mentes son puras. Necesito vuestra ayuda, ya que esto desembarcara en una gran guerra, ellos son miles y nosotros por ahora menos de diez. Si aceptáis os estaré muy agradecido.
- Acepto. – dijo Terrus sin apenas pensar. - ¿A quién hay que machacar? – preguntó golpeando su puño contra la palma de su mano.
- Acepto. – dijo Aqua segura. – No dejaré que le hagan daño a mi pequeña Aura y a mi pequeño Alas.
- Ya no son tan pequeños. – dijo Rilen sonriendo nostálgico.
- Siempre serán mucho más pequeños que yo. – Aqua sonrió.
- Acepto. – dijo Ketar divertido. – Será muy emocionante.
- ¿Por qué debería de salvar a unos malditos humanos? – dijo con su voz distorsionada, Ectodo.
- Porque la Diosa les está dando una segunda oportunidad y deberíamos complacer sus deseos. – dijo Terrus.
- Deber y querer son dos conceptos muy diferentes. – dijo Ectodo.
- Pues cuando todo termine y salgamos victoriosos tú te encargaras de los fuegos artificiales. – bromeó Ketar. – Solo tienes que hacer chispitas en el cielo.
- Al menos yo no salgo de los culos ajenos. – dijo Ectodo enfadado.
- Cállate chispitas y acepta. – dijo Ketar sin enfadarse. – Todos sabemos que te encantara aniquilar a esas bestias. Y tú puedes encargarte de los más fuertes, los Oscurs.
- Eres un pesado viento apestoso. – dijo Ectodo irritado. - De acuerdo, aceptaré pero los Oscurs son míos.
Rilen suspiró aliviado, no pensó que iba a ser tan fácil. Miró a Nicolás que se había quedado atónito, era la primera vez que veía a los Elementales.
- Tengo una misión para ti, Ketar. – dijo Rilen. – Serás nuestro espía.
- Dime capitán. – Ketar nunca dejaba de bromear. – ¿A quién quieres que espié?
- Quiero que averigües todo lo que puedas de esos edificios, y busques una forma para que nosotros, cuando llegué el momento, podamos entrar y evacuar a la gente. Pero no te acerques mucho a Rilen y a Akai, podrían notar tu presencia.
- De acuerdo, me voy ya. Te traeré la información que necesitas. – dijo Ketar entusiasmado.
- No… no hace falta que vayas ahora. – dijo Rilen sorprendido por aquella reacción.
- Me aburro y me voy. – le dijo a Rilen. – No te preocupes seré muy silencioso.
- Los pedos no lo son. – bromeó Ectodo.
- Hasta luego chispitas. – Ketar nunca se enfadaba por nada y eso enfurecía a Ectodo.
- Si tu cuerpo fuera tangible te hubiera electrocutado hace mucho. – dijo irritado.
- Pero después de darme un beso de amor. – Ketar se desvaneció en el aire y se esfumó riendo a carcajadas.
- Aqua, ¿te gustan los niños? – le preguntó Rilen.
- Si, ¿Por qué? – preguntó Aqua intrigada.
- Tengo una misión para ti, no es tan emocionante como la de Ketar pero sé que te gustará.
- Dime… capitán. Que buena idea ha tenido Ketar, capitán te queda genial. – sonrió divertida.
- Hay un grupo de humanos, son cuatro niños, dos adultos varones, una chica de la misma edad que Aura y un chico un año más joven llamado Aku. Me gustaría que estuvieras pendiente de ellos y los protegieras, hasta que pueda traerlos aquí. Ten bien vigilado los alrededores de su hogar.
- De acuerdo, ¿me puedo ir ya? – dijo Aqua impaciente.
- Si… bueno, como quieras. – dijo Rilen, parecía que los Elementales habían estado muy aburridos.
- ¿Nosotros que hacemos? – preguntó Terrus.
- Por ahora, esperar. Vosotros sois nuestro elemento sorpresa. Así podremos tomar ventaja en la batalla ya que no se lo esperaran. Terrus tu nos serán de gran ayuda luchando cuerpo a cuerpo. Y Ectodo se encargará de los Oscurs, lo que desbancara la estrategia de Démian ya que son sus guerreros más fuertes. – Rilen miró hacia arriba pensativo. – Solo espero que ellos no nos sorprendan.
- ¿Aura luchará? – preguntó Ectodo.
- No quiero que luche, tenemos que ocultárselo. – Rilen sabia que aquello era complicado. - Si la cogen no sé como reaccionará su madre. Podría ser el fin de este mundo…
- Próximo capítulo: 29 de Junio de 2012 -
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