La ciudad permanecía en silencio, el sol matutino
reflejaba en las aceras humedecidas por el rocío de la noche, el invierno
estaba llegando haciéndose notar con su fría brisa matinal. En una de las casas,
de aquel barrio de la ciudad, las ventanas estaban tapiadas con telas negras.
Alguien vestido con una túnica negra e impecable, con la cabeza cubierta con
una gran capucha, giró por una esquina directo a aquella casa. Abrió la puerta
y miró a unas bestias que estaban en una esquina tumbadas en el suelo. En la
habitación había dos más de aquellas bestias que caminaban como humanos.
-
¿Qué ha
pasado? - Pregunto mientras se quitaba la capucha.
Las bestias lo miraron con miedo, era un joven con
pelo rojo fuego y los ojos de un amarillo puro, su piel era blanquecina lo que
le daba un aspecto temible.
-
La… la – una
de las bestias empezó a hablar. – Los teníamos… acorralados a ella y a sus
amigos pero el apareció.
-
Alas… -
Susurró el chico pensativo.
-
Si, Alas. Nos
sorprendió cayendo del cielo, los pulverizó a todos menos a nosotros dos que
conseguimos escapar. – dijo nervioso.
-
Ya apareció,
no esperaba que lo hiciera tan pronto. Si es así tenemos que capturarla lo
antes posible.
-
Lo sentimos Akai, no pudimos hacer nada. – dijo esperando
un severo castigo.
El joven se quedó pensando, sabía que tenía que
dar nuevas órdenes a sus súbditos y necesitaba pensar en un plan. Tenía que ser
inteligente y rápido pues bien sabía que si Alas aparecía de nuevo no habría
posibilidades de capturarla, además de eso, la necesitaban con vida. Aunque
deseaba verse las caras con su antiguo enemigo debía tener paciencia y seguir
con las órdenes del maestro.
-
A las afueras
de la ciudad está creciendo un bosque, los árboles ya son de más de tres metros,
os será imposible entrar allí, la tierra esta enfurecida – contó el chico. –
Pero es lo único que puede hacer. Os contaré el plan: haremos una búsqueda por
todas las casas y edificios de la ciudad por donde la habéis visto, para ello
los necesitamos a todos. Si alguien ve a Alas que me lo haga saber de
inmediato, aunque os cueste la vida.- dijo con los ojos llenos de ira. - Si lo encontramos,
lo mataré… - No estaba muy seguro de sus palabras pero su odio era mayor que su
miedo. – Cuando encontréis a Aura matad a todos sus amigos, si os apetece, pero
a ella no le hagáis ni un rasguño o sufriréis las consecuencias. En cada grupo
ira un Oscur, sabéis que son despiadados así que seguid todas sus instrucciones
o os mataran. Partiremos una vez se esconda el sol. Avisad a los demás.
Las bestias, sorprendidas porque no les había
castigado, salieron rápido de la habitación. Akai se quedó mirando a la pared, esta vez no
tenía que fallar, el mismo iría por
ella.
Un ser entró en la habitación, flotando a unos
centímetros del suelo y se acercó a Akai, este se giró y lo miró fijamente.
Aquel ser no tenía ojos, ni nariz, ni boca, era como una sombra completamente
negra, parecía que se estaba diluyendo con agua ya que de su cuerpo se
desprendían un sinfín de hilos negros que se iban desasiendo en el aire.
-
Fallaron… -
de la posición de aquel ser salió una voz grave y demoniaca. - ¿Los has
castigado?
-
No tenemos
tiempo para eso. – dijo sin apartar sus intensos ojos amarillos de aquel ser. –
Les he dado nuevas instrucciones, ayer comprobaste conmigo que está pasando
fuera de la ciudad, tenemos que darnos prisa. Ya sabes que tienes que hacer
Oscur.
-
Como desees
joven maestro.
-
¿Por qué me
llamas así? – Akai se extraño, siempre le habían llamado por su nombre.
-
Órdenes del
maestro. – su voz seguía sonando aterradora.
El chico se puso feliz, el maestro lo había
galardonado con un nuevo nombre digno de alguien poderoso, ahora no tenía que
fallar, no quería defraudar a quien tanto le enseñó.
Jade estaba cocinando mientras Carlos buscaba
cubiertos en los cajones para poner la mesa, estaba animado, silbando una
alegre canción. Se acercó a Jade y olió la comida.
-
No te
esfuerces en oler nada, es arroz hervido con sal. – dijo Jade resignada, estaba
harta de comer siempre lo mismo.
-
Me imaginaré
que estas cocinando un delicioso estofado y me lo comeré como tal. – dijo
sonriendo. -Por cierto, ¿de dónde sacáis el agua? ¿Y el gas para cocinar?
-
Río es un
chico muy listo y habilidoso construyó en la terraza un cachivache, con
plásticos y trozos de madera y de hierro, que recoge el agua de la lluvia y se
va depositando en una bombona. Le pidió a Aura que le trajera cloro y tenemos
bastante agua embotellada en buen estado. – Jade sonrió al recordar cuando lo
construyeron todos juntos. – Hay una ferretería muy cerca de aquí en la que
quedan bastantes botellas de gas, Aura y yo trajimos unas seis botellas antes
de que todo empezara a ponerse peor, allí encontramos a Río escondido.
-
¿Cómo os
ducháis? – Carlos notó que Jade olía bien.
-
En este ático hay una bañera, menos mal que no
es plana. – sonrió. – Calentamos el agua con la olla que estoy haciendo el
arroz, y la metemos en la bañera. ¿Algo más señor preguntón? – hizo una mueca
burlona.
-
No Jade,
gracias. Iba a preguntar que si usáis jabón pero seguramente Aura os lo trae. –
Carlos estaba impresionado.
-
Sí, es
nuestra heroína, sin ella oleríamos mal. – Jade rió a carcajadas.
-
¿Solo eso? –
Carlos acompañó su risa. – ¿Puedo preguntar una cosa más? Tal vez sea una
pregunta bastante dura.
Juan entró en la cocina seguido de Aku, Aura les
había pedido que la dejaran a solas con los niños, ya que estaban muy asustados
y no querían hablar delante de ellos.
-
Aura nos ha
echado. - bromeó Juan. -¿Podemos ayudar en algo?
-
No, esto ya
está casi listo. – Jade pensó en la respuesta para la pregunta de Carlos, temía
que la entristeciera pero tenía que aguantar. – Carlos, puedes preguntar lo que
quieras, pero si no quiero contestar entiéndelo.
-
Lo entenderé.
– se puso serio y buscó las palabras más indicadas. - ¿Que le pasó a vuestras
familias? – Fue lo único que se le ocurrió.
-
Bueno. – se
entristeció pero decidió contarlo. – Yo estaba estudiando y viviendo en la
ciudad con unas compañeras de piso cuando todo esto empezó. Intenté volver a
casa pero ya no había trenes y no se conducir. Mis compañeras de piso empezaron
a desvariar y me vi obligada a salir de allí. Me pase dos días vagando por las
calles y escondiendome. Aura salió del pueblo y vino a buscarme pero cuando
estaba a unos ocho quilómetros se le terminó la gasolina, las gasolineras ya
habían sido arrasadas. Decidió seguir a pie, hasta que llegó a la ciudad y me
encontró. Todavía recuerdo cuando la vi aparecer, con esa katana que parece que
se le ha pegado al cuerpo. Me sentí muy feliz cuando la escuché gritar mi
nombre a pulmón abierto. Después de encontrarme buscamos un edificio vacío y
luego encontramos a Río, después a Princesa, a Dum y a Kaley.
-
¿Y Aura? ¿Qué
pasó con su familia? – preguntó Juan esta vez.
-
Aura es
huérfana, se ha pasado desde los cinco años de casa en casa, siempre ha sido un
poco extraña y muy asocial. Las familias que la acogían no podían llegar a
entenderse con ella que casi ni les hablaba, así que siempre volvía al orfanato.
Hasta que vino a vivir con una familia de mi pueblo, al parecer se encariñó con
su abuelo adoptivo, este le enseñó a ser amable y de él heredo su sentido del
humor. En el colegio nos hicimos amigas, se quedó con aquella familia, más bien
con su abuelo, pero este murió un poco antes de la guerra y Aura desapareció de
casa. Cuando llegó aquí, me contó que se había marchado al campo a una casita a
la que iban ella y su abuelo y allí vivió. Hasta que en uno de sus viajes a la
civilización vio como estaban cambiando las cosas y decidió venir a por mí.
-
¿Qué edad
tenéis? – pregunto Juan.
-
Seriáis
buenos reporteros. – Jade arqueó una ceja. - Tenemos veintiuno.
-
Aku es un año
más pequeño. – dijo Carlos.
-
¿Aku qué pasó
con tu familia? – preguntó Jade sin pensar.
-
Mi familia… -
Aku se entristeció. – Me pasó lo mismo que a ti, estaba aquí estudiando y no
pude volver. No sé nada de ellos. Pero seguramente estarán escondidos en mi
casa del campo, como lo estuvo Aura.
-
Creo que
estarán bien. – dijo Carlos. – Tu mismo descubriste que para esos bichos el
polen es como un veneno, así que, no creo que se acerquen a la naturaleza.
-
¿Eso lo sabe
Aura? – preguntó Jade.
-
No, era lo
que os quería contar después de cenar. – dijo Aku. – Eso y algo más.
-
Pues esto ya
esta.- cogió la olla para colar el arroz pero Carlos se la quitó de las manos.
Aura estaba sentada con los niños en los colchones
había conseguido distraerlos y ahora estaban todos jugando a cartas. Decidió no
pensar más en los acontecimientos ya que la cabeza le daba vueltas. Carlos,
Juan, Jade y Aku salieron de la cocina con los cubiertos y la olla de arroz.
Aku miró a Aura que estaba sonriendo y bromeando con los niños, se quedó
prendado de su cálida sonrisa y deseó que alguna vez le dedicara una para él.
-
¿Ves? El amor
siempre triunfa. – bromeó Carlos.
-
Cállate. –
sus mejillas se enrojecieron.
Aura se levantó con Dum pegado a su pierna, el
niño tenía mucha vergüenza y se escondía detrás de ella. Aura lo cogió en
brazos.
-
Vamos Dumi. –
le acarició la cabeza mientras este la abrazaba con fuerza escondiéndose entre
su pelo.
Todos se sentaron y empezaron a comer, pero el
pequeño Dum, todavía en los brazos de Aura, no tenía intención de hacerlo. Aura
intentó despegárselo del cuello pero estaba cogido como un monito.
-
Dumi, si no
comes no podrás jugar con los demás. – su voz era cálida y agradable. – Y me ha
contado Jade que hay un tesoro muy especial que lleva tu nombre.
-
¿Sí? – dijo
el niño todavía sin separarse de ella.
-
Sí, ¿verdad
Jade? – preguntó Aura.
-
Sí, y es muy
brillante. – Jade no tenía mucha paciencia para eso así que su voz sonó un poco
distante.
-
Bri…llante. –
Le encantaban las cosas brillantes.
Al fin se despegó de Aura y sentado en su regazo
empezó a comer lentamente mirando de reojo a Carlos, que estaba sentado a su
lado. Aku no podía apartar la vista de Aura, era completamente diferente cuando
estaba con los niños, le encantaba su dulzura, aunque en la calle pareciera una
seria guerrera, él ahora la veía de otra forma. Juan le dio una patada por
debajo de la mesa y le sonrió, Aku, como siempre, se ruborizó.
Terminaron de comer y los niños los ayudaron a
recoger la mesa, Dum seguía enganchado a Aura. Las chicas acostaron a los niños
y los arroparon. A Jade le molestaba un poco hacer aquello pero cuando estaban
todos dormidos se sentía feliz al ver sus dulces caritas. Pensaba que sería
perfecto si siempre estuvieran así, ya que era ella quien tenía que aguantarlos
cuando Aura se iba a la calle. Al fin y al cabo seguían siendo niños con toda
su energía inagotable.
Después de asegurarse que estaban todos dormidos
se sentaron en la mesa, se miraron por unos instantes, Aku estaba nervioso temía
que lo que iba a contar perjudicara más la situación por la que Aura estaba
pasando.
-
Aku, antes de
nada, dile a Aura lo que descubriste. – dijo Carlos.
-
Aura… esos
seres parece que son alérgicos… o vulnerables al polen. Pero creo que no solo a
eso. – dijo Aku. – Parece que la naturaleza les causa alguna especie de daño,
es como si les envenenara. He observado que no se acercan a las plantas, por eso elegimos aquella tienda para vivir.
-
Por eso
aquella bestia se fue rápidamente cuando pasó por delante… - dijo Aura
pensativa.
-
Aura eso es
una gran noticia, ¿No crees? - dijo Jade animada.
-
Otra cosa
más. – Aku suspiró. – Las bestias que me acorralaron este mediodía en el
callejón… me preguntaron por ti. Querían saber donde estabas. Aura… me temo que
quieren algo de ti. – Aku se asustó, temía empeorar su estado.
-
¿Qué? – Aura
se extrañó. - ¿Pero como sabes que preguntaron por mi? ¿Te dijeron mi nombre?
-
No, me
preguntaron por la chica que iba con un lobo. Por supuesto no les dije nada.
Uno de ellos dijo que no te mataran cuando estábamos peleando ¿recuerdas?
-
¿Pero… por
qué? – Aura empezó a asustarse, si aquello era así estaba poniéndoles a todos
en peligro. – Esto es demasiado para mí, las alucinaciones, aquel ser extraño,
Guardián y el chico que nos ha salvado… ¿Qué me está pasando?
-
No dejaré que
te ocurra nada malo, te protegeré. – Aku tenía las mejillas rojas pero le daba
igual, quería que Aura supiera que él estaba allí.
-
Aura, ¿estás
bien? – Jade estaba preocupada su amiga tenía la mirada perdida.
-
Sí, creo que
sí. – Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Aura se levantó de la silla y salió a la terraza,
estaba percibiendo algo. Los demás la siguieron parecía estar en trance otra
vez. Se asomó por la gruesa pared de la terraza y a lo lejos distinguió una
luz.
-
Hay una luz.
– dijo Aku.
-
Hay más de
una. – dijo Aura recorriendo con la mirada toda la ciudad. – Me están buscando.
Aura recordó, cuando estaba con su abuelo en el
campo, que jugaban a ver quién podía distinguir y escuchar a más pájaros.
Decidió intentarlo, agudizó su odio al máximo, su objetivo estaba demasiado
lejos pero se concentró. Cerró los ojos… y poco a poco su mente separó todos los
sonidos, las respiraciones de sus amigos el latir de sus corazones que cada vez
eran más fuertes, ¡estaba funcionando!… Hasta que pudo oír unas voces a la
lejanía, eran confusas, se esforzó para entenderlas, fue separándolas una por
una hasta que al fin oyó, con bastante claridad, una de ellas. Buscad en todos los edificios de la ciudad,
en todas las plantas… abrid todas las puertas.
Aku, Carlos, Juan y Jade no entendían que estaba
haciendo. Aura abrió los ojos de repente con cara de espanto.
-
Nos van a
encontrar. – le temblaba la voz. – Están buscando en todos los edificios y son
muchos, tenemos que irnos de aquí, salir de la ciudad ya.
-
¿Qué dices
Aura? – Jade se estaba asustando.- ¿Cómo vamos a sacar a los niños de aquí? ¿A
dónde quieres que vayamos?
-
A las afueras
de la ciudad estaréis a salvo. – Una voz les sorprendió desde el tejado.
-
¿Quién eres?
– Aura intentó ver quien se escondía entre las sombras.
-
Eso no
importa… salid de aquí, los distraeré.
-
¿Eres el
chico que nos salvó? – pregunto Aku, aun sabiendo la repuesta.
-
Seguid a
Guardián él os guiará. ¡Rápido! – su voz era firme.
Aura no lo pensó ni un segundo más por alguna razón
confiaba en aquel chico misterioso. Entró en el ático. Jade la siguió y empezó
a coger las cosas necesarias. Rió se despertó sobresaltado al ver que todo el
mundo estaba nervioso y haciendo, lo que parecían, las maletas.
-
Aura ¿Qué
pasa? – Rió se le acercó asustado.
-
Río,
escúchame bien. Tenemos que irnos de aquí. – Aura le puso una mano en la mejilla.
– Tienes que ser fuerte y cuidar de los niños ¿de acuerdo? No dejaré que te
ocurra nada. – le besó la frente.
Aura miró a su alrededor, todos estaban
preparados, los otros niños aun dormían.
-
Este es el
plan. – dijo seria. – Carlos, Juan vosotros dos llevareis a Dum y a Princesa,
ellos no podrán seguir nuestro ritmo a pie. Jade encárgate de Río y Kaley que
no se separen de ti. Aku, tú iras a la derecha más avanzado inspeccionando las
calles, yo iré a la izquierda si ves algo no grites hazme una seña. ¿De
acuerdo?
Todos asintieron, Aura despertó a los niños, iba a
ser difícil convencer a Dum. Princesa accedió de inmediato era una niña muy
obediente. Dum les costó más pero Río lo animó diciéndole que sería como ir
montado en un caballo, como un legendario caballero. Aura les advirtió de que
por nada tenían que gritar, debían ser silenciosos.
Bajaron las escaleras, los niños estaban muy
asustados aunque al mismo tiempo querían ver la ciudad, era la primera vez que
salían en mucho tiempo. Aura dejó que Guardián saliera primero, al menos eso le
hizo entender el animal. Al cabo de unos segundos se acercó a la puerta y Aura
hizo una seña para que salieran. Todos se colocaron de acuerdo a las
instrucciones de Aura y Guardián les enseñó el camino. La noche era fría y
oscura alumbrada ligeramente por la media luna, así que su visión era muy
pobre. Jade les apretó las manos a Kaley y a Río estos la miraron asustados
pero ella les devolvió una sonrisa.
-
Con Aura
estaremos bien. – susurró.
Alas caminaba sigiloso por las calles de la oscura
ciudad, pegado a las paredes con los sentidos agudizados pero estaba demasiado
nervioso para darse cuenta de todo lo que pasaba a su alrededor. Escuchó unas
voces cerca de su posición, se escondió detrás de un cubo de basura.
-
Encontré al
insecto. – una voz grave lo sobresaltó detrás de él.
Alas se giró de inmediato y vio un Oscur a unos
dos metros de él. Se preparó para lo peor, iba a escapar de allí cuando unas
bestias lo sorprendieron rodeándolo, eran más de veinte. Se abalanzaron sobre
él, desplegó sus alas que aparecieron de la nada e intentó salir volando pero
las bestias lo atacaron como una manada de buitres hambrientos. Unos le
sujetaban las alas otros los brazos y piernas. Cerró los ojos y pensó en Aura
eso le dio fuerzas y de su cuerpo se desprendieron miles de rayos azul
eléctrico que aturdieron a sus enemigos, pero eran demasiados, sus alas se
movían con fuerza apartando a las bestias haciéndolas rodas por el suelo al ser
golpeadas . Tenía el cuerpo llenos de arañazos y mordeduras, se estaba
debilitando. Solo necesitaba alcanzar el cielo para estas a salvo…
-
Insecto,
¿Dónde está ella? – el Oscur se acercó a él flotando lentamente.
Alas lo ignoró por completo e intentó deshacerse
de las bestias, que lo inmovilizaban, con otra descarga eléctrica. Eran
demasiados y se iban relevando unos a otros para mantenerlo atrapado. El Oscur
se paró delante de él levantó una mano y lo agarró del cuello apretando con
fuerza.
-
Dímelo o
morirás.
-
¡No! – le
costaba respirar.
Otra descarga eléctrica sacudió a las bestias que
se desprendieron de él, a el Oscur no parecía afectarle. Alas intentó alzar el
vuelo pero aquel ser lo empujó hacia el suelo y Alas cayó golpeándose la
cabeza.
Se incorporó lentamente pero antes de que pudiera
ponerse de pie el Oscur le agarró la cabeza y la empujó hacia el suelo. No
sabía que hacer, estaba aturdido por el dolor que las heridas le estaban
causando. No podía luchar contra el Oscur que tenía una fuerza sobrenatural.
-
Vas a morir
aquí, sin volver a verla…nunca más.
- Capitulo 4: 19 de Mayo de 2012 -
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