sábado, 19 de mayo de 2012

Capitulo 4 Trágica despedida


Guardián seguía indicando el camino hacía las afueras de la ciudad. Aura estaba confusa,  no sabía porque Alas, como lo nombró en el sueño, les había dicho que salieran de la ciudad, ¿Qué les esperaba allí? Tal vez se dirigían a alguna montaña o incluso a algún vivero, no conocía la zona tan bien como Jade ya que solo había ido allí pocas veces. Por otra parte, estaba aterrada, todas las bestias de la ciudad se habían organizado para buscarla, no paraba de preguntarse qué pasaría si les encontraban, ¿cómo iba a protegerlos a todos? Aku se acercó a ella y la miró con tristeza él sabía que se estaría culpando por todo.
-          ¿Cómo te encuentras? – susurró.
-          Bien Aku, pero si les pasara algo a alguno de los niños o a Jade… - Aura le resultó imposible  terminar la frase.
-          Tranquila, saldremos de esta, te prometo que protegeré a los niños y a Jade con mi vida. – su seriedad hizo que Aura creyera sus palabras.
-          Tampoco quiero que te pase nada a ti, eres una buena persona Aku. –lo miró con los ojos lagrimosos. - ¿Qué hay a las afueras de la ciudad?
-          Creo que hay más pueblos pequeños rodeados de campos de naranjas.
-          Es posible que si llegamos allí estemos a salvo. – Aura le dedicó una tierna sonrisa. – Sigamos con nuestras posiciones, no te preocupes por mí.
-          De… acuerdo. – se puso muy nervioso cuando Aura le sonrió.
Siguieron avanzando por las oscuras calles, la media luna era de gran ayuda para distinguir las calles, aunque no les daba la suficiente luz para tener toda la zona controlada. Lo único que podían hacer era agudizar sus oídos y estar alerta.
Llevaban casi dos horas de camino cuando Aku distinguió lo que parecían unos grandes Arboles a pocos metros de ellos, le indicó a Aura que mirara al frente, se quedaron boquiabiertos cuando vieron aquellos enormes árboles delante de ellos.
-          Jade. –dijo Aura retrocediendo. – Mirad eso.
-          ¿Un bosque?. – Jade no salía de su asombro.
-          ¿Cómo ha aparecido eso ahí? - Carlos estaba maravillado.
-          ¿Qué cojones?. – fue lo primero que se le ocurrió a Juan.
-          Silencio. Seguid ya estamos cerca. – Aura tuvo un mal presentimiento.

Un sonido agudo corto el viento, Aura se giró de inmediato y vio una esfera de fuego acercarse a ellos con rapidez, antes de que pudiera pensar en nada la esfera fue directa a Río, Guardián salto y fue impactado por ella rodó por el suelo con Río.
-          ¡Río!. – Aura gritó.
Aku vio que más de treinta bestias estaban avanzando hacia ellos, pero no solo eso, con ellos había cuatro seres oscuros como el que vio aquella vez con Aura, y otro encapuchado con las manos en llamas. Sin pensarlo más empezó a atacar con su arco, le dio a uno de los seres pero la flecha lo atravesó. Aura se abalanzó sobre Río que estaba tirado en el suelo aturdido, se le había prendido la ropa, a Guardián, que estaba en llamas, se le iluminó el pelo con un color azulado y este brillo pasó a Río extinguiendo las llamas. Río abrió los ojos y miró a Aura. Aura lo abrazó con fuerza.
-          Lo siento. – Aura empezó a llorar. – Todo esto es por mi culpa.
-          ¡No!. – le grito Río. - No lo es, si no fuera por ti estaríamos todos muertos.
-          ¡Maldito chucho! – gritó el encapuchado.
Aura giró la cabeza, su expresión cambió de repente, la ira empezó a invadirle el cuerpo sintió un fuerte odio que crecía rápidamente dentro de ella, nunca había tenido aquella sensación, se levantó despacio y se adelantó a Aku que estaba a unos tres metros de sus enemigos sin dejar de lanzar flechas.
-          Aura, ¿Qué haces?. –Aku se asustó al ver la cara de Aura, parecía estar en trance, otra vez. - ¡Aura salid de aquí, os cubro! ¡Entrad en el bosque!
Aura no le hizo caso y siguió avanzando poco a poco hacía el encapuchado, este se quitó la capucha y la miró con sus ojos amarillos. 
-          Vas a venir con nosotros. – le dijo con voz escalofriante – O mataremos a todos tus amigos.
Aura levantó la cabeza y lo miró fijamente sus ojos desprendían una intensa luz verde, su cuerpo empezó a brillar, una capa de color purpura translucida le rodeó el cuerpo. El cielo crujió y un rayo, que atravesó el cielo de parte a parte, iluminó la escena por una milésima de segundo,  Aku no podía creer lo que estaba viendo, A Aura le estaba pasando algo que se escapaba de su comprensión. 
-          Aura, ¿Qué te ocurre? ¡AUARA PARA! .- Aku no sabía que hacer solo se le ocurrió gritarle para que volviera en si pero esta ni lo miró.
Un gritó resonó en el cielo, era Alas que aterrizó delante de Aura y extendió sus Alas cubriéndola de sus enemigos. Tenía el cuerpo lleno de arañazos y apenas se mantenía en pie pero no dejaría que nadie se acercara a ella.
-          Pequeña cálmate, por favor. – su voz era dulce y triste.
-          Ha llegado el insecto salvador. – el chico de ojos amarillos frunció el ceño.
-          Akai, maldito traidor. – dijo Alas con desprecio. – Si sigues así no sobrevivirá.
-          Yo creo que sí, si ella viene conmigo no sufrirá, puedo salvarla Alas – sonrió malévolamente.
-          ¡Cállate! –Alas estaba enfurecido.
Aura miró la fuerte espalda de Alas, levantó una mano y la posó sobre ella. De repente su cabeza se lleno de imágenes que iban pasando tan rápido que no podía distinguir ninguna con claridad. Se giró y vio a los cuerpos borrosos de los niños y a Jade, su cuerpo no le respondía. La capa que la rodeaba empezó a agrietarse y una fuerza sobrenatural presionó su cuerpo casándole tal dolor que empezó a chillar. Alas se giró hacia ella y la abrazó con fuerza, no sabía como parar aquello. Todos los demás se estremecieron, algo le estaba ocurriendo a su amiga y no podían hacer nada.
-          Mírame pequeña. – Alas cogió su cara y la obligó a míralo a los ojos. – Intenta pararlo, concéntrate, - dijo desesperado. – Vamos,  puedes hacerlo.
Akai aprovechó el despiste para lanzar otra llamarada que fue directa a Alas pero antes de que impactara Aura cambió sus posiciones con tal rapidez que nadie puedo verlo con claridad. Alas cayó al suelo, estaba demasiado débil. Aura levantó una mano y el fuego se consumió delante de ella. La capa que la cubría se pulverizó en mil trozos que desaparecieron, el cielo crujió de nuevo ensordándoles a todos que cayeron aturdidos al suelo.
-          ¡Ayúdanos! – Alas miró al cielo.
De repente el suelo se abrió entre ellos y sus enemigos y de la gran grieta salieron miles de raíces, de un verde grisáceo y del grosor de una columna, directas al cielo creando una inmensa pared. Aura vio una figura femenina casi tranparente, delante de ella, le sonrió con una ternura que le invadió el corazón, calmando su ira. Pero el dolor se intensificó de  tal manera que le resultaba imposible permanecer consciente. Pensó que había llegado su fin, no quería morir y menos ahora que estaba recordando quien era en realidad y quien era Alas, no podía morir ahora que lo había encontrado. Miró a Alas que se estaba incorporando a duras penas sin apartar la mirada de ella, no había dejado de mirarla ni un segundo, sus ojos estaban lagrimosos.
-          No… no puedes rendirte… - dijo al ver que Aura estaba cerrando los ojos lentamente.
-          Alas… no quiero morir. – dijo Aura mientras dos lágrimas recorrían sus mejillas.

Alas se acercó a ella con toda la rapidez que su cuerpo le podía ofrecer, sintió una punzada en el corazón, no soportaba verla llorar. Aura se tambaleó y sus ojos se cerraron por completo él la agarró y los dos cayeron al suelo.
-          Pequeña, no por favor, resiste, no te rindas ahora. – Alas empezó a llorar.
Intentó levantarse, con Aura en sus brazos inconsciente, pero su cuerpo no le obedecía, una mano agarró su brazo ayudándole a incorporase.
-          ¿Qué le está pasando? – pregunto Aku asustado, no quería que Aura muriera.
-          Su cuerpo no puede soportar… - Alas no tenía fuerzas para seguir hablando y las pocas que le quedaban le tenían que servir para llevar a Aura a su casa antes de que fuera demasiado tarde.
Alas miró al cielo, escuchó la acelerada respiración de Aura que seguía luchando por su vida, en ese momento se dio cuenta de que no se estaba rindiendo. Aura se estaba esforzando al máximo y si no se daba todo ese esfuerzo sería en vano. Tenía que llevarla a casa. Se levantó con la ayuda de Aku que no le soltó el brazo ni por un segundo, se dijo a si mismo que si Aura estaba aguantando todo aquel dolor él podría valerse de sus últimas fuerzas para salvarle la vida. Extendió sus alas y miró a Aku.
-          ¿A dónde te la llevas? - Aku se estremeció, no quería perderla, no quería estar lejos de Aura. – No puedes llevártela, no los puedes dejar sin ella. – Aku señaló a Jade y a los niños.
-          ¿¡Acaso quieres que muera!? – Todos se estremecieron al escuchar a Alas gritar aquellas palabras. – Él puede salvarla si llego a tiempo.
-          ¿Él?, ¿Tú? - Aku estaba cansado de tanto misterio. – ¡Al menos, dinos quien eres! – gritó enfadado.
-          Soy su hermano. – Alas lo miró fijamente a los ojos, y por primera vez en su vida se preocupó por un humano que no fuera su hermana. – Guardián se quedará con vosotros, seguidle a donde os guié, confiad en él, como lo hizo Aura, y estaréis a salvo.
Alas saltó para coger altura y poder alzar el vuelo, sus alas empezaron a aletear con fuerza alejándose cada vez mas del suelo.
-          ¡¿Volveremos a verla!?. – gritó Aku antes de perderlo de vista.
Alas no respondió y desapareció en el cielo. Unas voces los alertaron, sus enemigos seguían detrás del muro de raíces. Aku reaccionó rápidamente y corrió hacia los demás, los niños estaban llorando abrazados a Jade, esta intentaba controlar sus lágrimas pero estaba demasiado cansada. Juan y Carlos estaban aturdidos por todo lo sucedido sus caras estaban tristes y parecía que no les quedaba fuerza. Aku recordó la promesa que le hizo a Aura reprimió todo su dolor y miró a Guardián.
-          Sácanos de aquí por favor. – le dijo con los ojos tristes.
Guardián que había perdido su expresión alegre se dirigió hacia el bosque.
-          ¡Despertad de una vez!- le grito a Carlos y a Juan. – Coged a un niño cada uno y corred detrás de Guardián, el nos guiará.
Estos le obedecieron rápidamente, se habían encariñado con Aura aun siendo esta tan asocial, les había protegido sin pedir nada a cambio.
-          Jade, ¿Puedes correr con Kaley a hombros? – le preguntó Aku amablemente.
Jade tenía los ojos enrojecidos de llorar y las mejillas empapadas, se limpió con la manga de su chaqueta y asintió con la cabeza. Un rayo de esperanza invadió su corazón, confiaba tanto en Aura que estaba segura de que iba a sobrevivir, que sería capaz de hacerlo, no conocía a nadie tan fuerte como ella. Había sido capaz de cuidar de ellos tanto tiempo enfrentándose sola a el peligro día tras día. Se arrodillo en el suelo y Kaley se subió a su espalda sin dejar de sollozar.
Aku se acercó a Río que estaba llorando desamparado como si acabara de perder a su madre, no sabía que decirle.
-          Río, ¿acaso no confías en Aura? – la voz de Jade los sorprendió a todos incluido a Guardián que la miró con los ojos abiertos. – Es la persona más fuerte que he conocido, no sé que le está pasando pero sea lo que sea luchara contra ello, se recuperará y no tardará en venir a buscarnos. Ninguno de vosotros deberías dudarlo ni por un segundo, así que, si ella está luchando con todas sus fuerzas deberíamos ser capaces de sobrevivir.
La voz de Jade les dio esperanzas, Río se secó las lágrimas y Aku lo ayudó a subirse a su espalda, se giró y vio que el muro se estaba quemando.
-          ¡Corred!. – Aku gritó y todos corrieron hacia dentro del bosque.

Guardián cesó la marcha y empezó a olisquear a su alrededor, todos pararon para descansar ya estaban a unos kilómetros de la ciudad y no habían escuchado a nadie detrás de ellos.
-          ¡Todo ha sido por tu culpa! – le gritó Río enfadado a Aku mientras se desprendía de su espalda. – Si no hubierais aparecido Aura nunca…
-          ¡Río¡ - Jade gritó enfadada.
-          Déjalo Jade, tiene razón… - Aku agachó la cabeza y se sintió culpable.
-          Aku… le salvaste la vida. – Jade se acercó y le puso una mano en el hombro. – Y si no fuera por ti quien sabe dónde estaría ahora.
-          Vamos chico no te atormentes, no tienes la culpa de nada, -dijo Carlos con voz dulce.
-          Pero si aquel día Aura no me hubiera salvado en el callejón… las cosas serian diferentes.  – una lágrima recorrió su mejilla, cayó al suelo de rodillas, no podía evitar sentirse culpable. – Lo siento Río, yo no quería haceros daño.
-          ¿Pero qué estupideces estás diciendo? – dijo Juan. – Si no fuera por ti yo estaría muerto, tú no has hecho ningún mal. Es más, no creo que exista una persona más buena que tú. No le hagas caso a Río, está dolido por lo ocurrido y seguramente lo ha dicho sin pensar.
Río miró a Aku fijamente que estaba arrodillado delante de él. Le había caído mal desde la primera vez que lo vio pero no porque fuera una mala persona, sino, porque pensaba que iba a apartar a Aura de su lado… se arrepintió de haberle gritado aquellas duras palabras. Sabía que a él le gustaba Aura y seguramente los dos estaban igual de tristes. Recordó que Aku le dijo a Aura que él los cubriría que se adentraran en el bosque, Río se dio cuenta de que si Aura le hubiera obedecido este hubiera muerto protegiéndolos y no solo a Aura sino a todos. Río empezó a odiarse a sí mismo.
-          Lo… siento. – dijo entre sollozos y se abalanzó sobre Aku abrazándolo con fuerza. – No quería hacerte daño, perdóname. Soy un imbécil.
-          No lo eres. – Aku le devolvió el abrazo.
-          Nada es culpa tuya, gracias por cuidar de Aura. – Río seguía agarrado a él. – Yo soy demasiado débil para cuidar de ella. No sirvo para nada.
-          Río mírame. – Aku apartó a Río delicadamente. – Tú no eres débil, tan solo eres pequeño, - Aku le apoyó las manos en los hombros. – Además tienes los hombros fuertes ya casi estas hecho un hombre. – Intentó animarle. – Seguramente cuando crezcas podrás darme una paliza. – le sonrió.
-          No lo haré. – Río no pudo evitar sonreír. – Me caes bien.
-          Si es que… ahora se están riendo los jodidos. –soltó Carlos.
Guardián se acercó a ellos, había cambiado desde que Aura ya no estaba, no parecía ser el mismo lobo invencible, estaba decaído como un perro abandonado. Pero aun así había encontrado un claro en el bosque donde podrían vivir mientras esperaban a que Aura se recuperara. Todos lo siguieron y este se dejó caer en el suelo, suspiró profundamente.
Aku lo miró, no sabía como podía animar a un lobo aunque Guardián no era normal. Pensó que tal vez si le hablaba lo entendería, al menos con Aura parecía entenderse. Se acercó y se sentó a su lado acariciándole el lomo suavemente.
-          No sé si me puedes entender. – dijo – Se que estas triste y preocupado por Aura y nosotros para ti somos diferentes a ella, pero no quiero que te sientas fuera de lugar, te queremos como a uno más, te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho, salvaste a Río a Aura y a mí.
Guardián lo miró con los ojos tristes, le acercó la cabeza y la apoyó en sus piernas suspirando de nuevo.
-          Me gustaría poder animarte, pero yo tampoco lo estoy. Aunque tengo la esperanza de que Aura sea capaz de sobrevivir. Seguramente tú la conociste cuando era pequeña y separarte de ella ahora que estabais juntos debe de ser más difícil para ti que para mí. Pero aun así quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites, ¿de acuerdo?
-          ¿Qué le ocurre? ¿Está enfermo? - dijo Jade acercándose a Guardián, preocupada por su estado, se dio cuenta de que su pelo había perdido brillo.
-          Esta triste. – Aku suspiró.
Los niños se acercaron a Guardián y empezaron a acarícialo con delicadeza, Juan y Carlos se sentaron junto ellos rodeando al animal. Guardián que había cerrado los ojos los abrió y los miró a todos. Le lamió la cara a Dum que le estaba acariciando las orejas con sus pequeñas manos.
-          Ah… que asco. – dijo Dum limpiándose la cara. – Ponte bueno perrito grande.
-          Te ha lavado la cara Dum. – dijo Río sonriendo, seguía estando triste pero las palabras de Jade resonaban en su cabeza y eso le daba animos.
-          Dum, no es un perrito grande. – Kaley le frotó la cabeza a Dum. – Es el dios de los lobos, el más fuerte y poderoso, puede partir una montaña de un coletazo y con su aullido debilitar hasta al más valiente. – Kaley parecía narrar el inicio de una historia.
-          No es un dios es el guerrero que protege a la princesa. – dijo la niña.
-          Claro como tú eres la princesa… - Kaley le sacó la lengua. – Pero yo te digo que es un dios.
-          Es un perrito grande. – dijo Dum sin entender muy bien de que iba la cosa.
-          Dum, ¿para ti todo es grande o pequeño? – dijo Río arqueando una ceja.
-          Tú eres pequeño. – Dum señalo a Río. Y tú también. –señalo a Kaley. – Y tú. –señalo a Princesa. – Y tú eres grande. – abrazó a Guardián.
Carlos, Juan, Aku y Jade observaban embobados a los niños que sin darse cuenta les estaban animando a todos incluido Guardián que se incorporó y empezó a lamer las caras de los niños que estallaron en carcajadas.
Aku sonrió aliviado Guardián ya estaba mucho más animado. El sol empezó a iluminar el bosque lentamente, los rayos de luz se filtraban entre las copas de los árboles. Todos se quedaron callados observando, habían estado demasiado ocupados y no se habían dado cuenta de que estaban rodeados de inmensos arboles. Las raíces adornaban el suelo junto con unas pequeñas flores de tonalidad azulada. Los pájaros despertaron y el cielo se lleno de pequeños aleteos y cantos.
-          Es como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que escuche cantar a un pájaro. – dijo Juan mientras miraba al cielo hipnotizado.
-          Es precioso… - dijo Jade con los mismos síntomas que estaba padeciendo Juan.
Aku prefería observar sin hablar, cuando estaba mirando a su alrededor, vio a lo lejos una rama en el suelo, pensó que tenían que aprovisionarse antes de que cayera la noche, sino querían morirse de frío. Tenían que construir un refugio y buscar comida. Después de todo seguían perdidos. Miró a Río que lo estaba mirando curioso por saber sus pensamientos.
-          ¿En qué piensas? – dijo Río.
-          Tenemos que construirnos un refugio, por la noche refrescará. – dijo señalando la rama. – También tenemos que encontrar comida.
-          ¿Puedo ayudarte? – Río sacó de su mochila un pequeño bloc y un lápiz desgastado.
-          Claro que puedes. ¿pero me vas a ayudar con un papel y un lápiz? – preguntó, tenia curiosidad por saber lo que Río estaba tramando parecía muy animado.
-          Río es un pequeño genio. –le dijo Jade. – Si encontramos lo que está apuntando en su cuaderno pronto tendremos un bonito y practico refugio.
-          Pero si te ayudo me tienes que enseñar a utilizar tu arco. – le dedicó una picara sonrisa.
-          Trato hecho. – sonrió.


Sus fuerzas se estaban agotando, Alas seguía surcando el cielo, su respiración era cada vez más acelerada y forzada, estaba llegando a su límite pero tenía que seguir… solo un poco más. Miró hacia abajo sabía dónde estaba pero a causa de su cansancio estaba desorientado, buscaba con la mirada un claro entre aquellos gigantes árboles de copas frondosas, Aura yacía inconsciente entre sus brazos, estaba empapada de sudor y no paraba de gritar por el dolor.
-          ¡RILEN! – Alas gritó.
No conseguía encontrar su casa y los gritos de Aura lo estaban poniendo cada vez más nervioso. Al fin divisó una cúpula de cristal a unos metros de él. Descendió mientras esquivaba las gruesas ramas que se cruzaban unas con otras, haciendo de su trayectoria un complejo laberinto lleno de obstáculos. Salió del bosque, envolvió a Aura con sus alas y cayó al suelo de espaldas, protegiéndola de la caída. Delante de ellos había una casa hecha de piedra de luna lo que le daba un aspecto ilusorio, el techo abombado de aquella casa estaba compuesto de un extraño cristal de colores que dejaba filtrar la luz al interior.
Alas respiraba intensamente, sus fuerzas se habían acabado y ni siquiera podía levantarse del suelo. Un hombre de pelo y barba blanca cogió a Aura y se la llevó corriendo dentro de la casa. Alas giró sobre su cuerpo y miró a Aura, intentó levantarse pero su mente y su cuerpo cedieron al agotamiento, sus ojos se cerraron y quedó semiinconsciente en el suelo.
Un hombre delgado y de pelo grisáceo se acercó a Alas rápidamente. Se arrodilló a su lado y le tocó la frente, con la otra mano se recolocó las redondas gafas de gruesos cristales que le hacían los ojos pequeños, su cara estaba llena de arrugas y manchas de carbón, su pelo alborotado le daba un aspecto alocado.
-          Lo hiciste muy bien Alas. – le dijo con una aguda pero relajada voz. – Tienes fiebre muchacho. – intentó levantarlo del suelo. – Este viejo ya no tiene fuerzas para esto.
Alas entreabrió los ojos, sus músculos estaban engarrotados y a duras penas podía mantenerse consciente. Pero quería estar a su lado.
-          ¿Cómo esta? – pregunto jadeando.
-          Rilen ha conseguido estabilizarla, ha dejado de gritar y se ha calmado un poco.
-          Llévame con ella. – dijo Alas mientras se ayudaba del anciano para levantarse.
Alas entró en una habitación y vio a Aura tumbada boca arriba en una cama, su cuerpo estaba envuelto por una luminosa esfera verde y de ella salían una multitud de delgados tubos, del mismo aspecto, que se juntaban todos en otra esfera del mismo color pero completamente opaca. Las paredes estaban cubiertas por una enredadera de color verde oscuro con hojas en forma de flecha, encima de algunas de estas palpitaban unas blancas y pequeñas luces que no paraban de moverse. Alas se dirigió a la cama y se tumbo a su lado, atravesó la esfera con su mano y esta se alargó abarcando su cuerpo, Alas le cogió delicadamente la mano a su hermana. Sus heridas empezaron a sanar, Alas cerró los ojos y se sumió en un profundo sueño.
-          ¿No será peligroso Rilen? – dijo el viejo preocupado. – Aura esta curándolo, en su estado, es increíble.
-          No creo que sea peligroso, Alas le da calor, ya que el cuerpo de Aura ahora solo puede proporcionarle veintisiete grados. – dijo seguro, pero su cara reflejaba angustia y sufrimiento.
-          ¿Estás bien? – lo miró con tristeza. – Llevas mucho tiempo sin dormir y comiendo fatal, ahora te necesitan al cien por cien, deberías descansar y comer.
-          Tranquilo Nicolás, estoy bien, no voy a poder dormir hasta que despierte. – miró hacia la cama preocupado.
-          Voy a prepararte algo para ti y Alas, el también debería comer, conociéndolo sé que no habrá comido nada desde que se fue.
-          Nicolás… - dijo antes de que saliera por la puerta. - ¿Qué he hecho mal para que pasara esto? - miró a su amigo con sus intensos ojos azules esperando consuelo.
-          Tú no tienes la culpa de nada, hiciste lo que pudiste entonces y ahora, estás haciendo lo imposible. – le puso una mano en el hombro.
-          Alas me odia… - agachó la cabeza. – Y Aura cuando despierte también me odiará.
-          No digas estupideces, son tus hijos y eres el mejor padre que he conocido. Alas ha estado muy decaído por la ausencia de Aura y vuestra relación no ha sido muy buena, pero a los dos os faltaba algo. Cuando Aura despierte os invadirá otra vez con su alegría. – Nicolás sonrió al recordar. – Y todo volverá a ser como antes.
-          Eso espero, querido amigo. – suspiró.
- Próximo capítulo: 26 de Mayo de 2012 - 

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