Aura abrió los ojos lentamente, notó que en su cabeza había algo
húmedo y frio. Su vista se fue aclarando poco a poco.
-
Jade ha despertado. – dijo
Río con una sonrisa en su cara.- Aura, ¿Cómo te encuentras? - Le cayó una lágrima por la mejilla.
-
Río… Río. – Aura se
incorporó, rodeó a Río con sus brazos y lo abrazó con fuerza.
-
Aura, sabía que despertarías.
–dijo Jade que entró en el salón con una infusión caliente. – Tomate esto te
sentirás mejor.
Aura cogió el vaso después de soltar a Rió, sopló y bebió. El
estomago le rugió con fuerza. Los otros niños estaban mirándola alegres de ver
que estaba bien, pero ninguno se acercó a ella, esperaban a que ella les dijera
algo. Jade los había avisado de que no la atosigarán cuando despertará. Aura
levantó la vista y los vio a los tres sentaditos en el suelo mirándola con cara
de preocupación.
-
¿Qué hacéis ahí sentados?
¿Dónde está mi cálida bienvenida llena de abrazos? - dijo Aura sonriendo, ya se encontraba
mucho mejor pero tenía mucha hambre.
Los niños se levantaron rápidamente alegres y se acercaron a Aura
con delicadeza. Aura cogió a la niña de unos seis años castaña y de ojos azules
y se la llevó a sus brazos, después le cogió la mano al más tímido y pequeño, de
unos tres años, de pelo oscuro y corto y de ojos verdes este la miró y se
acercó con timidez hasta sentarse a su lado.
-
Mi pequeño Dum siempre tan
tímido… - Le dijo Aura al pequeño tocándole la nariz con el dedo.
Mientras que el otro, un poco más joven que Río, los miraba
pensativo, Aura miró sus traviesos ojos castaños que se escondían detrás de
unos mechones rojizos.
-
Kaley, ¿Qué vas…
Antes de que pudiera terminar
su frase, Kaley se tiró encima de todos. Estos cayeron de espaldas encima de
los colchones y empezaron a hacerse cosquillas, estaban contentos de ver que
Aura volvía a la normalidad, a su estado de locura en el que no paraba de jugar
como un niño más… cuando estaba en casa. Era más que una hermana mayor, al
igual que Jade, eran su familia.
El estomago de Aura sonó de nuevo y se mareó. Jade la miró, sabía
que cuando comiera se recuperaría instantáneamente, como siempre. Aura parecía
estar hecha para luchar y sobrevivir en pésimas condiciones pero eso no quitaba
el hecho de que tenía que alimentarse.
-
Vamos niños dejad a Aura y
ayudadme a prepararle algo bueno para que se ponga mejor. – dijo Jade
cogiéndole la mano a la niña de pelo castaño. – Tu Princesa, serás mi pinche. –
Miró a la niña a la que Aura había puesto ese nombre por su delicada belleza y
por ser la única niña.
Aura el ver que los niños, cuando los encontró, no recordaban sus
nombres pensó en ponerles uno nuevo a cada uno. Así podría hacerles olvidar lo
que les pasó con sus familias dotándoles de una nueva identidad. Muchos de
ellos habían olvidado ya su agrio pasado ya que Aura y Jade no les dejaban
pensar en nada que no fuera el presente. Se inventaban juegos, el preferido de
todos era uno en el que estaban en un bosque lleno de árboles y flores de mil
colores y corrían por allí como si fueran pequeños exploradores buscando
piedras preciosas. Jade escondía piedras y objetos raros que iba acumulando por
el edificio, para que lo buscaran los niños. Aura sonrió al recordar aquel
juego y pensó que sería todo perfecto si pudiera ser real. Río la miró.
-
¿Qué es lo que te ha pasado?
¿Y de dónde has sacado a ese lobo? – dijo Río temiendo la respuesta.
-
¿El perro? – dijo Aura
buscando con la mirada a su salvador peludo. – Oye chico ven aquí. – le dijo al
perro que permanecía sentado junto a la puerta, como si estuviera vigilando.
Este se giró y caminó hacía ella moviendo el rabo de un lado a
otro, le lamió la cara empapándola de babas, Aura lo rodeó con los brazos y lo
abrazó, se había encariñado con él en menos de un día era como si lo conociera.
-
Aura, no es un perro – dijo
Río arqueando una ceja. – Es un lobo, no lo ves, incluso es más grande, ¿Qué
hacía un lobo por la ciudad?
-
Río, él me salvó la vida, no
sé de dónde ha salido.- Aura soltó al lobo y este se fue otra vez a la puerta.
-¿Quiere salir? – Le preguntó Aura a Río.
-
No, Jade ya le ha abierto la
puerta pero se queda quieto ahí, desde que has llegado no se ha movido, ni ha
comido. –dijo.
-
Creo que ya tengo el nombre
perfecto para él. – dijo Aura sonriendo.
-
¿Cuál? – preguntó Río
emocionado e impaciente, le gustaban los nombres que Aura se inventaba para
todo el mundo, le encantaba el suyo.
-
Guardián. ¿Qué te parece? –
dijo Aura, el lobo se giró y la miró, Aura llegó a pensar que ese era su
verdadero nombre.
-
Parece que le gusta – dijo Río
con una sonrisa.
Los niños salieron de la cocina y se sentaron junto a Río y Aura,
Jade llamó a Aura para que entrara a la cocina quería saber que había pasado
así que le pidió a los niños que jugaran con Río porque habían nuevos tesoros
en el bosque imaginario. Le contaron a Río, que era el más mayor de todos, lo
que Jade les había dicho. Río se levantó y empezaron a corretear por el salón
buscando en cada rincón. Aura sonrió, se levantó con torpeza y fue lentamente a
la cocina.
-
Te estoy haciendo arroz
hervido. – dijo Jade al ver a Aura entrar hambrienta. – Tenemos mucho arroz,
menos mal que es duradero.
-
Jade… - antes de que pudiera
terminar su frase sonó su estomago de nuevo.
-
Será mejor que comas antes de
contarme que es lo que ha pasado y de dónde ha salido ese lobo peludo. –
Sonrió.
Jade abrió uno de los pequeños almarios, sujetados en la pared, de
la cocina y Aura miró que todavía quedaban un montón de paquetes de arroz y de
pasta. No era difícil encontrar ese tipo de comida, además aguantaba bastante,
tenían un montón. Pero Aura prefería salir a buscar más por si algún día se quedaran atrapados.
-
Tenemos mucha comida. –dijo
Jade mientras le ponía el plato de arroz encima de una mesa pequeña que había
junto a la pared, se sentó en una de las
dos sillas. – No vas a salir hasta que no te recuperes un poco, como mínimo te
quedas aquí encerrada dos días.
-
Estoy bien Jade. – Aura miró
a Jade con cara de preocupación, intentaba parecer tranquila pero no lo
conseguía, a Jade no le podía mentir ni ocultar nada.
-
Come, recupera fuerzas y
cuéntamelo todo. – dijo Jade arqueando una ceja.
Cuando Aura terminó de comer empezó a contarle todo desde el
principio a Aura, le contó la reacción de la bestia ante la tienda de
jardinería, la reunión que aquellas tres bestias estaban teniendo con el ser
sin ojos ni expresión, le contó sobre Guardián y el chico que le había salvado
y por último… las alucinaciones que tuvo.
-
Aquí está pasando algo Aura.
–dijo Jade pensativa. - No sabemos que es ese ser, pero dudo que las bestias
puedan evolucionar a eso. Hay algo más detrás de todo este caos.
-
Lo sé. –Aura agachó la
cabeza. – Pero las alucinaciones, Guardián, ¿de dónde ha salido todo eso? –
dijo confundida. -Ese animal no es un perro común, ni siquiera es un perro.
-
Oye me has dicho que te salvó un chico. – Jade se emocionó. – Y su
flecha mató en el acto a la bestia, creo que ese chico debe de saber algo,
porque ir solo por ahí es una locura.
-
¿Me estás llamando loca? – Sonrió,
todavía le quedaba su buen sentido del humor.
-
En verdad si, como una
regadera. Eso o tienes unos ovarios gigantes y yo no te los veo. – Jade rió a
carcajadas. – Así que como una cabra Aura.
-
Gracias, gracias. – Aura rió
acompañando a Jade, les había entrado la risa floja y de vez en cuando era
bueno reírse. – Ahora enserio, tengo que buscar a ese chicho, no parecía mal
chaval… le debo una.
-
¿Lo vas a traer aquí cuando
lo encuentres? – preguntó Jade.
-
Cuando lo vuelva a ver lo
decidiré. Será mejor que salga a buscarlo pronto. – Miró a Jade con cara de
pena intentando persuadirla para que la dejara salir.
-
Aura que no, no vas a ninguna
parte. – dijo Jade enfadada, Aura podía convencer a mucha gente con su carita
de lastima pero con Jade era imposible.
Juan estaba tumbado encima de unos sacos de tierra colocados a
modo de cama y cubiertos por una sábana blanca amarillenta y llena de agujeros,
estaba durmiendo tranquilamente con la barriga vendada. Aku estaba junto a él
sentado en el suelo apoyado contra la pared de la habitación que un día fue un
mini almacén. Carlos entró por la puerta con un plató para Aku, sin hacer mucho
ruido, Juan por primera vez dormía tranquilo sin preocupaciones.
-
Parece que está mucho mejor.
– Susurró mientras se sentaba al lado de Aku.
-
Aquí estamos a salvo, pero
por irme sin avisaros os pasó esto. – dijo Aku con tristeza.
-
Oye chico, no te tortures,
Juan está bien y esa herida sanará perfectamente gracias a los medicamentos que
trajiste de fuera. – Carlos le puso una mano en el hombro y le sonrió. - ¿En
qué piensas?
-
En la chica que vi, la deje
ir sin mas. – dijo Aku enfadado consigo mismo.
-
Dijiste que se fue con ese
lobo, ¿no? Si ese animal es como me has contado creo que estará a salvo. – dijo
Carlos animando a Aku.
-
Ella dijo que iba a casa, es
posible que viva con alguien más. – dijo Aku. – Creo que quiere proteger su
hogar, por eso no me ofreció ir. – Aku suspiró resignado.
-
La volverás a ver. – dijo
Carlos riendo. – el amor siempre triunfa.
-
¿Pero qué dices Carlos?- Aku
se ruborizó. – Si solo la he visto una vez…
-
Carlos, no molestes al chico.
– dijo Juan medio adormecido. – Al final se enfadará.
-
Juan, ¿cómo te encuentras? –
dijo Aku acercándose a él. – Tienes buena cara. – sonrió.
-
Siempre he sido muy guapo. – guiñó
un ojo.
-
Yo no sé como os aguanto,
nunca habláis enserio. –Se le escapó una sonrisa.
Aku le quitó delicadamente el vendaje a Juan, la herida ya casi
había cicatrizado y no estaba infectada. Se la curó un poco y esta vez la dejó
al descubierto.
-
Creo que será mejor que le
pegue el aire para que se seque. – dijo Carlos mirando a Aku.
-
Bueno, ¿entonces me puedo levantar
ya e ir a jugar a futbol? – bromeó Juan.
-
Si, por ahora te quedarás en
el banquillo. – dijo Carlos con cara de entrenador.
-
No estáis muy bien, debe de
ser la edad. – dijo Aku moviendo la cabeza de lado a lado.
Aku se levantó, y abrió la puerta del pequeño almacén, entró la
luz matinal y le cegó. Cogió su Arco y sus flechas, todavía le quedaban unas
pocas con el polvo amarillo.
-
Volveré, cuida de Juan,
Carlos. – Cerró la puerta tras de sí.
El viento acariciaba las altas hierbas
amarillentas de aquella extensa llanura, rodeada de grandes montañas que
dibujaban extrañas sombras, mientras el sol se escondía lentamente detrás de
una de ellas, dando paso a la noche junto el canto de los primeros grillos y el
despertar de los nocturnos roedores inquietos.
Un chico de ojos azul eléctrico y pelo Cataño
oscuro estaba sentado encima de una gran piedra en medio de aquella llanura. El
sol se iba escondiendo poco a poco y su cara cada vez estaba más triste, su
pelo revoloteaba con el viento. De pronto un profundo sonido que llegaba de la
misma tierra lo alteró, los pájaros que picoteaban por el suelo salieron
volando alertando a todos los animales que corrieron despavoridos lejos de él.
Del suelo salieron cuatro raíces fuertes y gruesas
que agarraron al chico por los tobillos y las muñecas, inmovilizándolo. Todo
quedo en silencio, el sol se escondió por completo y este empezó a gemir de
dolor. De su espalda crecieron dos alas
de golpe, salpicando gotas de sangre y sudor. Aquellas alas de plumaje azul
oscuro y púrpura permanecían quietas sostenidas por la espalda ensangrentada
del chico. Se puso de pie y miró hacia la media luna.
-
Pequeña.- susurró al viento.
De repente sus alas se movieron intentando alzar
el vuelo pero las raíces lo impedían. Se convirtieron en algo incontrolable, el
chico era balanceado de lado a lado mientras las fuertes ramas le agarraban con
fuerza, él parecía luchar contra su voluntad intentando tranquilizar sus alas
que habían cobrado vida propia, pero estas eran más fuertes y no se dejaban
dominar.
-
… Alas, Alas. – Una voz triste repetía su nombre
una y otra vez.
Las alas se pararon en seco al escuchar aquella
voz, Alas miraba hacia arriba, sabía que no la podía alcanzar…
-
¡ALAS! – el grito rompió el silencio.
Aura despertó de golpe, empapada en sudor frío,
miró a su alrededor, estaba en uno de los colchones del salón. Por un momento
le pareció estar en otro sitio, entonces recordó su sueño.
-
¿Alas? – se
pregunto a sí misma en voz baja.
Estaba confusa, de normal tenía sueños extraños,
pero este había sido demasiado real. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al
recordar que ya había pronunciado ese nombre antes cuando la atacaron la última
vez. Sin saber porque estaba preocupada por aquel chico, se repetía a si misma
que era un sueño pero su mente la estaba atormentando. Sentía nostalgia,
tristeza y rabia, todos sus sentimientos se estaban mezclando, sin saber como
escapar de aquellas sensaciones se derrumbó y empezó a llorar. Otro sentimiento
la hizo reaccionar, sentía que alguien estaba en peligro. Se levantó
sigilosamente, los niños y Jade estaban dormidos, Jade le había prohibido salir
pero tenía que hacerlo, tenía que salir. Cogió su katana. Guardián, que no
había parado de mirarla, se levantó, Aura pensó que sería de ayuda, no sabía
que les esperaba fuera.
Aura abrió la puerta del edificio y salió sin
mirar nada, empezó a correr. Sin saber porque, sabía hacía donde tenía que ir.
Guardián la seguía de cerca mirando de reojo todos los rincones de las calles.
El sol ya estaba alto, era mediodía. Aura paro de
correr al escuchar unas voces que salían de un callejón, se fue acercando
sigilosamente hasta asomar la cabeza. Lo primero que distinguió fue a Aku,
estaba tirado en el suelo pero consciente, mientras cuatro bestias lo
acorralaban contra la pared, parecía que le estaban interrogando. Su arco
estaba tirado en el suelo lejos de él. Aura miró a Guardián sacó su katana y se
precipito hacia los enemigos. Estos se giraron de repente.
-
No la matéis.
– dijo uno de ellos.
Aura se dio cuenta de que aquellas bestias no eran
como las de siempre, podían hablar y incorporarse como un humano. Sin pensar
más, dio un salto directa a uno de ellos, cuando iba a meterle la espada en la
cabeza este la esquivó ágilmente. Aura se quedó confundida, nunca había
fallado. Guardián saltó detrás de ella y
embistió a uno que iba a inmovilizarla. Aura se giró rápidamente, no tenía que
vacilar más, se centró en la batalla y esta vez le clavó la espada en la cabeza
a la bestia derribada, se giró rápidamente y se defendió de otro ataque. Aku se
levantó y corrió a coger su arco pero antes de que pudiera alcanzarlo, una
bestia lo piso. Guardián saltó encima de ella y Aku cogió rápidamente el arco,
se levantó mientras colocaba una flecha y disparó hacia la bestia que estaba
atacando a Aura. Guardián había acabado con otro, el último que quedaba logró
escapar.
Aura se sentó de golpe en el suelo y apoyó la
cabeza en la pared, nunca había luchado así. Tenía la respiración acelerada y
el corazón le latía con fuerza. Aku la imitó y se sentó a su lado. Los dos
estaban exhaustos, Guardián se fue a la salida del callejón y se sentó vigilando
las calles, tranquilo y sin un rasguño.
-
¿De que estas
hecho Guardián? – dijo Aura con tono cansado.
Aku miró a Aura sin despegar la cabeza de la
pared, su cuerpo se resistía a obedecerle. Se fijó en su delgado cuello, en sus
rojizos labios, en sus extraños ojos. La primera vez que la vio no le dio
tiempo ni a preguntarle el nombre, al recordar aquel momento en el que la dejó
marchar Aku se esforzó a sí mismo para hablar con ella.
-
Gracias, por
favor no te vayas corriendo. – fue lo primero que se le ocurrió.
Aura lo miró fijamente a los ojos, lo observó por
unos segundos, quería estar segura de que no corría peligro a su lado. Sintió
que no tenía nada que temer, era un buen chico, su mirada le recordaba a la de
un niño y el color verde claro de sus ojos la tranquilizaba.
-
He venido a
buscarte… - dijo esforzándose, le costaba respirar, todavía estaba confundida
por lo ocurrido.
-
¿A buscarme?
– se sorprendió, la primera vez que la vio parecía poco sociable. – Yo también
salí a buscarte. Estaba preocupado por ti. – Aku se ruborizó al escuchar esa
frase salir de su propia boca. - ¿Cómo
te llamas?
-
Aura, ¿y tú?
– preguntó.
-
Aku… -
recordó que ese no era su verdadero nombre pero era el que tenía ahora, el que
su nueva familia le había puesto. – Creo que deberíamos movernos, ven conmigo,
tengo que contarte lo que ha pasado.
Aku se levantó estaba un poco dolorido pero le
ofreció su mano a Aura para levantarla, siempre había sido un chico cordial y
caballeroso aunque muy tímido. Sus mejillas se enrojecieron al sentir la cálida
mano de Aura y apartó la mirada.
-
¿A dónde
vamos? – Aura no quería ir a casa, temía la reacción de Jade por haberse
escapado y no tenía muy claro si llevar a Aku a su escondite.
-
A mi casa,
está cerca. Te presentare a mi familia. – Aku no sabía si era buena idea
decirle que vivía con alguien más, pues Aura podría salir corriendo como la
última vez pero tenía que ser sincero.
-
¿No vives
solo? – Aura se asustó, no había pensado en eso, ahora su decisión era más
difícil.
-
Tranquila,
son de fiar. – Aku buscaba las palabras para convencerla de que no había
peligro. – Además si quisieran hacerte algo, podrías con ellos. – Bromeó.
Aura se quedó plantada sin moverse, estaba
indecisa. Miró a Guardián y este camino hasta el lado de Aku que se quedó
sorprendido por la reacción del animal. Aura al ver aquello no dudo en ir con
Aku. Confiaba plenamente en su peludo amigo que tanto la había ayudado, si algo
tenía claro era que los animales no tienen maldad y que a veces son más astutos
que los humanos.
Caminaron hasta la tienda de jardinería. Aku se
paró enfrente de ella y abrió la puerta. Aura se sorprendió, era la misma
tienda en la que había estado dos días atrás. De pronto Guardián gruñó,
enseñando sus grandes colmillos blancos, mirando hacia el final de la calle.
Aura giró rápidamente la cabeza y vio que la bestia que había escapado los
había seguido hasta allí, ahora sabía el escondite de Aku.
-
Aku, nos ha
seguido. – le dijo alterada.
-
Entra. –
cogió a Aura de la mano mientras entraban en la tienda. – ¡Tenemos que
largarnos de aquí ya! – gritó Aku.
Carlos entró en el almacén cogiendo todas las
pertenencias necesarias.
-
¿Juan puedes
andar? – le preguntó.
-
Si y correr
si hace falta. – dijo Juan que se había levantado de golpe al escuchar a Aku gritar.
Aura sabía que tenían que salir de allí y rápido.
Miró a Juan y a Carlos que ya estaban preparados para irse. Miró a Guardián
esperando una respuesta pero este estaba observando todos los rincones de la
calle. Ahora tendría que decidir sola y rápido, odiaba tomar decisiones y esta
era una de las más difíciles. No tenía elección si quería salvar a aquella
gente no podía dejarlos tirados, los llevaría a su hogar.
-
Iremos a mi
casa, deprisa. – dijo Aura convencida al fin.
Salieron corriendo de la tienda, Guardián les
guiaba. Aura presentía que algo malo iba a pasar, estaba cada vez más asustada.
Giraron por una calle y se encontraron con dos bestias comunes que al verlos
gritaron. Aura sacó la katana y se precipitó sobre uno de ellos, Aku disparó al
otro. Pero cuando parecían estar a salvo ocho bestias como las del callejón les
cortaron el paso. Guardián aulló al viento alertando del peligro, Aura no
entendió su reacción, mas bien estaba alertando a más bestias, pensó.
-
No podemos
escapar. – dijo Juan aterrorizado.
A Aura le temblaban las piernas, no sabía que
hacer, eran demasiados. De repente una sombra los cubrió, al mirar al cielo
vieron a un chico de pelo castaño oscuro que calló, de espaldas a ellos, con
una agilidad sobrenatural, flexionando las piernas y apoyando una mano en el
suelo. Tan solo iba vestido con unos pantalones marrones desgastados.
-
¡Huid! – dijo con voz firme.
Se quedaron petrificados por la aparición de aquel
chico pero Aku reaccionó rápidamente.
-
¡Vamos,
corred! –gritó.
Guardián miró a Aura que se había quedado en
trance mirando a aquel chico. Algo le impedía irse y alejarse de él, le
resultaba familiar, lo había visto antes. Su mente empezó a formular preguntas
que resonaban una y otra vez, ¿Quién es?, ¿Por qué nos cubre?, ¿Por qué me
resulta familiar? Recordó el sueño, ¡era el mismo chico! Aunque no le veía la
cara estaba segura de que era él. La confusión que le estaba causando aquella
extraña situación se apoderó de ella y se quedó inmóvil. Aku se giró y vio a Aura
y a Guardián que tiraba de su manga con la boca. Retrocedió rápidamente y la
cogió de la mano tirando de ella, pero Aura se movía muy lentamente mirando
hacia atrás.
-
¡Aura
reacciona! – gritó.
Pero Aura estaba en trance y ni los gritos la
despertaban. Guardián agachó la cabeza y pasó por debajo de las piernas de Aura
y con una increíble fuerza se la subió a su lomo y empezó a correr junto a Aku,
Juan y Carlos. Aura miraba atrás hipnotizada no podía apartar los ojos de aquel
chico que cada vez estaba más lejos, quería ir con él, quería estar con él, la
sensación de alejarse la ofuscaba sin dejarla pensar en nada. Se fueron
alejando hasta ya no podía ver nada. Aura sintió algo cálido debajo de ella,
despertó de su trance y se dio cuenta de que estaba corriendo a lomos de
Guardián. Notó sus fuertes músculos moverse enérgicamente, su respiración
pausada, no mostraba ni un ápice de cansancio o sobreesfuerzo. Aura pensó que
Guardián no era de este mundo, era imposible que un animal de su tamaño pudiera
llevar a un adulto tan rápida y fácilmente, todo eso le ocasionó más y más
preguntas. Estaba apuntó de desmayarse cuando Guardián cesó la marcha, habían
llegado a casa. Bajó de su lomo
torpemente y se dirigió a la puerta.
-
Es aquí, la última
puerta. – soltó su último esfuerzo y se desmayó.
Aku la cogió en brazos antes de que cayera al
suelo y subieron, una vez llegaron a la última puerta Aku no supo que hacer.
Carlos al ver a Aku parado se le adelantó y tocó a la puerta.
La puerta se abrió casi al instante.
-
¡Te dije que
no salie… - La voz de Jade fue cesando al darse cuenta de lo que tenía delante.
-
Hola
señorita, - dijo Juan educadamente. – Aura nos ha conducido hasta aquí, espero
no molestarla.
-
¿Qué le ha
pasado? – Jade miró a Aura asustada.
-
Solo se ha
desmayado. – dijo Carlos intentando tranquilizarla.
-
Aura… - dijo
Río que salió corriendo.
-
¡Un niño! – a
Carlos se le iluminaron los ojos al ver aquella criatura llena de vida.
-
Entrad,
tumbadla en un colchón.- dijo Jade.
Aku entró, Río lo seguía de cerca sin separarse de
Aura. Juan y Carlos lo siguieron, Guardián entró el último y cerró la puerta
con su hocico.
Río se había sentado en el colchón al lado de Aura
sin perder de vista a los extraños que entraron en su hogar, estaba enfadado
pero en el fondo sabía que eran buenas personas porque Aura y Guardián nunca
los pondrían en peligro.
Aura empezó a despertarse poco a poco, distinguió
a Río que miraba fijamente hacia otro lado, le cogió la mano y este la miró.
-
Aura. – Río
se sintió aliviado.
Aura se incorporó lentamente, estaba un poco atontada.
Miró a su alrededor y vio que todos estaban en silencio, Juan, Carlos, Aku y Jade
estaban sentados en las sillas de la mesa, los demás niños no estaban, pensó
que estarían escondidos en alguna habitación esperando a que Aura despertara.
Todos estaban serios, Aku tenía la cabeza agachada se sentía incómodo, no sabía
que decir para romper el hielo. Una risa les sorprendió a todos, miraron a Aura
que se estaba riendo a carcajadas al ver aquella situación, olvidando por
completo lo que había pasado momentos antes.
-
Guardián
habla tú que ellos no saben. – dijo entre risas. Todo aquello le parecía muy cómico.
-
Tú no eres
las más indicada para reírte que has llegado hecha polvo. – dijo Jade enfadada.
– Te dije que no salieras y me vienes con tres hombres.
-
Vamos Jade,
no te enfades. – le sonrió.
-
¿Qué no me
enfade? – cada vez estaba más furiosa con Aura. – ¿A ti que te ha pasado?
Pensaba que eras responsable, apenas conoces a esta gente.
-
Perdón por
meterme. – Aku se armó de valor para hablar. – Si Aura no hubiera venido a
buscarme probablemente estaría muerto, vino en el momento justo, me salvó la
vida.
-
Después nos
siguieron y descubrieron su escondite, Jade. – Aura dejo de reírse. - ¿Qué
querías que hiciera? No los iba a dejar allí solos.
-
Si os creéis
que os voy a hacer la comida, estáis muy equivocados. – Jade se cruzó de
brazos, frunciendo el ceño, quería seguir enfadada pero no podía.
-
Señorita yo
haré la comida, les ayudaré en todo lo que pueda. – dijo Carlos.
-
No soy
señorita, soy Jade, no hace falta que seáis tan respetuosos. – dijo molesta.
-
Carlos tienes
que hacer la comida para, un, dos, tres, - Aura contaba con los dedos. -… para nueve personas.
-
¿Nueve? –
Carlos se extrañó.
-
Vamos niños
salid, que no pasa nada. – Aura llamo a los niños.
Los pequeños entraron despacio al salón mirando a
los tres hombres que había sentados allí. Aku, Carlos y Juan se quedaron
perplejos, aquellas chicas habían conseguido salvar a cuatro niños y ninguno de
ellos parecía estar enfermo ni demasiado delgado.
-
Carlos podrás
dar clases de nuevo. – le dijo Juan ilusionado.
-
¿Eres
profesor? - Jade se interesó de repente.
-
Si, o al
menos lo fui. – dijo nostálgico.
-
Aura. – Aku
interrumpió la conversación al recordar lo que sucedió en el callejón antes de
que llegara Aura. – Tengo que hablar contigo, con todos…
-
Si es sobre
lo que ha pasado ahí fuera, hablaremos después de cenar, cuando se duerman los
niños. – dijo Aura.
-
Yo no pienso
dormir. – Río se irritó. – Quiero saber lo que está pasando.
-
Río… - empezó
a marearse. – No es bueno que sepas… - le rugió el estomago interrumpiéndola.
-
Aura, primero
come y luego me respondes. – le dijo Río enseñándole su tierna sonrisa.
-
Jade ¿me
enseñas donde puedo cocinar? – dijo Carlos amablemente.
Jade se levantó y entraron juntos a la cocina, ya
no estaba enfadada y su opinión sobre aquellos hombres había cambiado desde que
Carlos dijo que era profesor. Ella también quería serlo y estaba estudiando
para ello, al fin podría hablar con alguien, ya que Aura no estaba casi nunca
en casa. Ahora al menos tendría compañía y lo más importante, le ayudarían en
las tareas.
Aura se tumbó de nuevo, la cabeza le daba vueltas,
por un momento se había librado de su frustración pero todas aquellas preguntas
le volvieron a la cabeza. ¿Por qué le estaba pasando todo aquello? Recordó que
antes de pasar nada soñaba con aquel chico y con aquel ser extraño y delgado
que vieron ella y Aku, la atormentaba en sueños. Pero aquel chico siempre la
salvaba una y otra vez. A veces cuando estaba sola sentía que le faltaba algo,
echaba de menos algo o alguien que no conocía, al menos ahora sabía su nombre,
Alas. Quería encontrarlo y preguntarle que estaba pasando. Recordó el aullido
de Guardián, el lo llamó, lo conoce,
pensó. Aura se incorporó y miró a Guardián este le devolvió la mirada.
-
Tú lo
llamaste, ¿verdad? – dijo segura de sus palabras. - ¿Quién eres? ¿Por qué
apareciste y me salvaste? ¿Qué me está pasando? – se puso las manos en la
cabeza.
Río, Juan y Aku miraban a Aura sin saber que
decir. Río le acarició el pelo, sabía que le pasaba algo desde aquel día en la
terraza, le parecía extraña la aparición de Guardián aunque confiaba en él. Río
era un chico muy listo y aunque Aura intentaba ocultarle la realidad este se
percataba de todo. Había oído a Aura y a Jade hablar de las bestias, del cambio
del mundo, también había escuchado a Aura pedir ayuda al cielo cuando salía a
la terraza, según ella, a reflexionar.
Aura estaba a punto de ponerse a llorar cuando
Guardián se le acercó y le rozó la mejilla con la cabeza, los ojos del animal
estaban tristes. Ella lo miró y lo abrazó, a su lado se sentía a salvo, sabía
que nunca la traicionaría, entre ellos había una conexión especial…
- Próximo capitulo: 12 de Mayo 2012 -
que interesante esta y me gusta mucho los nuevos personajes. gracias sigue así
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