El sol se asomaba por las copas de los árboles,
una ligera brisa matinal envolvía el bosque, Aku estaba plantado delante de una
desgarbada tienda hecha de ramas y mantas. Jade, Carlos y Juan descansaban junto
a los niños. Solo habían pasado unos días desde que llegaron allí y todavía no
tenían noticias de Aura. Aku, en su soledad, no podía evitar sentirse triste,
seguía estando preocupado, al igual que Guardián que estaba sentado a su lado.
Desde que Aura se fue aquel animal se pegó a él como una sombra, Aku le estaba
muy agradecido, ambos intentaban consolarse, aunque tenían claro que su
felicidad no llegaría hasta que Aura estuviera con ellos, sana y salva.
Aku no podía entender como Aura lo había podido
cautivar en tan poco tiempo, sus extraños ojos, su piel pálida, sus rojizos
labios e incluso su alborotado pelo, todo le gustaba de ella. Pero lo que más
admiraba era su fuerza y la determinación con la que había cuidado de todos sin
desmoronarse ni una sola vez. Se preguntaba que le había ocurrido y si fue ella
quien hizo vibrar el cielo, cuando estaba a su lado días atrás sintió una gran
fuerza que le estremeció. A veces pensaba que Aura no era humana y que tal vez
era demasiado para él. Ella no sabía que la amaba desde el primer momento en
que la vio, se quedó prendado de su ser tanto que ni el mismo entendía porque.
Aku se acercó a la tienda silenciosamente para no
despertar a nadie, se arrodilló delante de las pertenecías que estaban
amontonadas a un lado y cogió prestada el hacha de Carlos, se puso de pie y los
miró a todos que dormían plácidamente. El no podía conciliar el sueño así que
se pasaba las noches explorando por el bosque seguido de Guardián que tampoco
dormía.
Ambos andaban por el bosque, Aku miraba las
grandes ramas de los árboles y pensó que les hacía falta más madera para terminar
de construir su casa, el invierno cada día era más duro. Se dispuso a cortar un
árbol, alzó el hacha y cuando ya estaba a punto de hincarla en el tronco se
paró en seco… no podía hacerlo, no podía cortar uno de los árboles que de algún
modo les estaban protegiendo. Sabía que tenía que hacerlo… era necesario.
Agachó la cabeza y se quedó mirando el hacha sumido en sus pensamientos,
Guardián lo observaba curioso, a Aku le pareció que estaba indagando en su
mente. Se levantó e hizo el mismo movimiento que antes y otra vez se paró en
seco, le era imposible. Soltó el hacha y cayó de rodillas al suelo, recordó la
promesa que le hizo a Aura, pensó que estaba defraudándola, se tapó la cara con
las manos, no encontraba ninguna solución alternativa. Cuando pensó que ya nada
podía hacer algo cayó con fuerza a su lado, Aku se levantó de golpe asustado,
miró al suelo y vio un gran tronco.
-
¿De dónde…? –
dijo confuso.
De repente decenas de troncos del mismo tamaño
empezaron a caer a su alrededor, se abalanzó encima de Guardián para cubrirlo,
el suelo vibraba y los arboles crujían, parecía que estuvieran bombardeando
aquel bosque, Aku no entendía lo que estaba pasando, tal vez les habían
encontrado.
Finalmente todo quedó en silencio, Aku se despegó
de Guardián lentamente, miró a su alrededor y cayó de rodillas nuevamente, no
podía creer lo que estaba viendo, había decenas de troncos por todo su
alrededor y ni uno le había rozado, alzó la mirada para buscar el árbol
destrozado pero no lo encontró, no vio nada extraño, era como si aquella madera
hubiera caído del cielo.
-
¡AKU! –
Carlos gritó asustado mientras corría en su dirección seguido de Juan y Río.
Los tres se pararon delante de Aku y se quedaron perplejos,
era imposible que el solo hubiera podido talar tanta leña en tan poco tiempo.
-
Aku, ¿Qué
coño ha pasado aquí? – lo miró asombrado. - ¿Te encuentras bien? – le preguntó
Juan al ver su pálida cara.
-
Sí… creo que
sí. – Aku no sabía que decir, ni como explicar aquello.
-
¿Toda esta
madera? Esta húmeda, ¿la has cortado tú? – preguntó Carlos mientras tocaba los
troncos.
-
No… yo no, no
me vais a creer pero… han empezado a caer de los árboles uno detrás de otro… - Señaló
varios troncos.
-
Con todo lo
que hemos visto nos lo creemos chico. – Juan le sonrió. – Aunque se te ha
puesto cara de loco.
-
Tienes mucha
suerte, tanta que me asusta. – Bromeó Carlos.
Río no había dicho nada, estaba observando su
alrededor intentando desvelar el misterio que envolvía al mundo. Primero lo de
Aura, el chico de las alas, la gran grieta que los salvó, Guardián y los
árboles que les regalaban la leña. Él sabía que todo tenía una relación, no
creía en el dios en el que su madre le obligaba a creer le parecía demasiado
falso. Tal vez sí existía un dios pero estaba seguro que no era el dios en el
que creían sus padres.
-
Río, ¿estás
bien? – le preguntó Aku preocupado.
-
Sí, solo
estaba pensando. – respondió tranquilo.
-
¿Se puede
saber en que? – Aku estaba interesado, sabía que Río era muy inteligente.
-
Estaba… -
hizo una pausa decidió ocultar lo que pensaba. – Estaba pensando como podemos
hacernos una cabaña con esta madera, nos harán falta cuerdas y no tenemos
ninguna.
-
Podemos
hacerlas con las ramas más finas, aunque no sé como… - dijo Aku tocándose la
barbilla.
-
Si están húmedas
es posible que podamos separar los hilos poco a poco y unirlos después. – Dijo
Carlos.
-
Puede
funcionar… - dijo Juan. – Será mejor que volvamos Jade estará preocupada.
-
Juan, Aku y
yo cogeremos un tronco grande, Río tú
busca uno más pequeño. Tenemos trabajo para todo el día.
Los chicos llegaron con la leña y Jade se quedó
sorprendida. Le explicaron lo que había pasado y le pidieron que intentara
hacer cuerdas mientras ellos trasladaban los troncos, Aku se quedó con Jade a
cortar los troncos por la mitad para tener más cantidad de ellos, ya que si
querían hacer una cabaña tenían que caber todos dentro. No podía cortar la leña a bandas con el
hacha, así que hizo lo que pudo. Los niños ayudaron a Jade en todo lo que
podían, aquel día estaba siendo muy divertido para ellos, estaban bajo la luz
del sol, respirando aire fresco y haciendo cosas que nunca habían hecho, se
sentían como verdaderos supervivientes de esos que salían en la televisión. Aku
le pidió a Guardián que se hiciera cargo de los niños para que no molestaran
mucho a Jade ya que a veces se estresaba un poco con tanto jaleo.
Era mediodía, todos estaban hambrientos después de
todo el trabajo. Jade se levantó y buscó en una de las mochilas, se quedó
mirando el interior con cara de preocupación, se les estaba terminando el
arroz, tenían que encontrar comida cuanto antes. Aku estaba encendiendo el
fuego con Río, los otros niños estaban jugando con Carlos para que no
molestaran mientras se hacia la comida. Juan se acercó a Aku.
-
Chico, nos
estamos quedando sin agua y no parece que vaya a llover, podrías darte una
vuelta por el bosque con Guardián a ver si encuentras algo. – le dijo Juan. –
Yo me ocupo del fuego.
-
De acuerdo,
vamos Guardián. – se levantó y cogió su arco.
-
¿Puedo ir
contigo Aku? – le preguntó Río.
-
Que vaya Aku,
Guardián os protegerá, ¿verdad campeón? – dijo Juan mientras le acariciaba el
pelo al animal.
-
Venga,
vámonos a… - bajo el volumen de la voz. – explorar.
Aku no quería que los niños escucharan aquella
palabra ya que todos los días le pedían a Jade permiso para jugar al juego que
Aura se inventó. Aku no quería que nadie se separara demasiado del grupo.
Llevaban cinco minutos caminando en silencio, no
sabían que decir, tan solo podían pensar en Aura pero no querían sacar el tema
ya que cada día estaban más preocupados.
-
Tal vez no
haya agua por aquí.- dijo Río preocupado.
-
Vamos a ser
optimistas Río, Guardián ayúdanos a encontrar agua.- Aku estaba seguro de que
lo entendería.
Guardián que les había
estado guiando todo el tiempo siguió haciendo lo mismo, parecía seguro de donde
iba como si conociera aquel bosque, tal vez antes vivía aquí, pensó Aku.
Siguieron andando un poco más y Guardián movió la cola enérgicamente mirando
hacia delante. Aku corrió hacia él.
-
¿Has
encontrado algo? – Aku le acarició el lomo.
Río corrió hasta donde estaban sus amigos, Aku se
había quedado inmóvil, cuando Río se acercó le hizo un gesto para que guardara
silencio y le señaló un riachuelo donde unas pequeñas luces volaban alegremente
a su alrededor.
-
¿Qué es eso
Aku? – susurró.
-
No lo sé,
vamos a acercarnos despacio. – Aku se adelanto a Río y Guardián.
Apoyaba los pies suavemente en el suelo, quería
acercarse al máximo para poder ver mejor que eran aquellas luces, no parecían
luciérnagas, se acercó más y vio una de ellas que estaba parada en una piedra,
le pareció ver un pequeño cuerpecito luminoso pero cuando intentó acercarse más
piso una ramita y todas las luces se alejaron de ellos rápidamente.
-
¡Mierda! –
exclamó Aku.
-
No, era una
rama… - bromeó Río. – ¿Has podido ver que eran?
-
Me ha
parecido ver un cuerpecito luminoso sentado en esta piedra… pero no estoy
seguro. – Aku pensó que tal vez su imaginación le había jugado una mala pasada.
-
¿Un hada? – preguntó
Río.
-
No, y si lo
era no es como me las imaginaba. – suspiró. – Muy bien Guardián, eres el mejor,
gracias.
-
Aku, ¿Qué te
parece si nos trasladamos aquí? – a Río le parecía mejor estar más cerca del
agua.
-
No me parece
buena idea, aquí viven esos seres y parece que estaban muy tranquilos. Si
Guardián eligió aquel lugar tiene que ser por algo.
-
Tienes razón.
Aku y Río llenaron las botellas que llevaban en
las mochilas y después lo dejaron todo como estaba. A Aku le preocupaba haber
hecho algo mal respecto aquellos diminutos seres, tal vez por su culpa no
volverían allí, parecía que les gustaba. Aunque era extraño, Aku no estaba muy
sorprendido, para él había sido más impactante el suceso de los troncos aquella
mañana. Todo había cambiado de forma drástica desde que entraron en aquel
bosque, todos estaban un poco desubicados.
Alas estaba sentado en la cama con la espalda
apoyada en la pared, Aura permanecía a su lado inconsciente, todavía estaba
envuelta con aquella esfera, la otra en la que se juntaban los tubos había
menguado de tamaño. Alas le acariciaba el pelo a su hermana con los ojos
tristes. No soportaba verla así, tan quieta, tan dormida… tenía miedo de que no
despertara, era como si estuviera en coma pero era muy diferente. Aura estaba
absorbiendo la energía vital que tenía cuando era pequeña, luchando para que
aquella fuerza no le destruyera el cuerpo y la mente.
-
¿Puedes
escucharla? – Rilen entró despacio a la habitación.
-
No, todavía no.
¿Se pondrá bien? – Alas estaba desesperado, no podía leer la mente de su
hermana y desconocía su estado, era extraño que no pudiera sentirla ya que
semanas antes podía hacerlo. - ¿Por qué no puedo sentirla?
-
No lo sé
hijo… no lo sé. – suspiró.
-
No me llames
así. – dijo irritado.
-
¿Por qué? Me
odias… ¿verdad? – se entristeció.
-
Tal vez.
–dijo secamente.
Alas no miraba a su padre cuando hablaban, cuando
Aura se fue todo cambio, Alas era un niño y pensaba que la culpa de todo la tenía
él, así que, dejó de quererlo al poco tiempo y se convirtió en un niño
solitario e insociable.
-
¿Qué haces?¿Porque le hablas así a papá? – Una suave voz sonó en su cabeza.
Alas se incorporó de inmediato y miró a su
hermana, sintió un gran alivio, Aura le estaba hablando mentalmente, después de
tantos años…
-
¿Qué ocurre
Alas? – Rilen se sobresaltó.
-
Me ha
hablado, lo ha hecho. – Alas sonrió.
-
Alas, háblale
de forma normal así será más fácil para ella, ¿de acuerdo? – Rilen pensó que su
mente tenía que estar lo más despierta posible y era peligroso desconcentrarla
- ¿Qué te ha dicho? Si necesita algo dímelo de inmediato.
-
Papá esta triste y tú también, estoy en casa,
estoy en casa, parad de sentiros así… parad,
parad.- la voz que alas
escuchaba era triste.
-
No quiere que
estemos tristes, creo que no lo entiende. – Alas decidió apartar sus diferencias
con su padre. – Parece que se está esforzando mucho en decirme las cosas, dice
que puede sentir nuestra tristeza, ¿Por qué yo no puedo sentirla? – Alas estaba
confundido.
-
Porque ella
no quiere que sientas lo que le está pasando, acuérdate cuando volvimos de la
ciudad dejaste de sentirla porque ella quería. – Rilen estaba orgulloso de su
hija lo que estaba haciendo era digno de admiración, su entrenamiento había
servido. – Alas, si puede hacer eso, saldrá de esta - Rilen le dedicó una
cálida sonrisa a su hijo, temiendo el rechazo.
Alas lo miró brevemente y se levantó de la cama
con delicadeza, su padre agachó la cabeza. Alas se acercó inseguro, le puso una mano encima del hombro y
Rilen levantó la cabeza sorprendido, Alas estaba muy feliz, tanto que no pudo
contener sus lágrimas.
-
Papá…
Rilen lo rodeó con sus brazos y ambos se
abrazaron, Alas no podía detener sus lágrimas, estaba feliz porque Aura parecía
que se iba a poner bien, pero al mismo tiempo necesitaba un abrazo de su padre,
reconciliarse con él. A medida que iba creciendo se fue dando cuenta de que su
padre no tenía la culpa de nada pero su orgullo pudo más y su relación se
perdió con el tiempo. Alas lloró como un niño hasta quedarse sin fuerzas para
seguir haciéndolo. Rilen estaba muy feliz, al fin tenía a sus dos hijos en casa
y Alas estaba mostrando sus verdaderos sentimientos.
-
Hijo túmbate
con tu hermana y descansa un poco, ¿de acuerdo? – dijo mientras lo acompañaba a
la cama, Alas se tumbó. – Estoy feliz pero al mismo tiempo me tiemblan las rodillas,
estoy casi seguro que cuando tu hermana despierte volveréis a comportaros como
niños y me haréis de las vuestras para intentar desquiciarme. – Rilen sonrió.
Alas le devolvió la sonrisa y cerró los ojos.
-
Alas, diles que estoy bien, sé que están preocupados.
– Aura se esforzó para hablarle a
su hermano una vez más, ahora se sentía mejor y podía seguir luchando.
-
Lo haré
pequeña. – Sabía a quien se refería su hermana.
Ya había pasado más de una semana desde que
salieron de la ciudad, apenas les quedaba comida, tan solo para un día más, Aku
ya se había negado varias veces a cazar los pequeños conejos que veían de vez
en cuando. Carlos estaba un poco enfadado con Aku por eso, le había explicado
en varias ocasiones que los humanos son carnívoros y que no había nada malo en
cazar para comer. Pero Aku no podía hacerlo, lo intentó varias veces pero
volvía con las manos vacías, le resultaba imposible quitarle la vida a un
animal.
Todos seguían trabajando en la cabaña, ya casi
estaba terminada, habían conseguido hacer buenas cuerdas y solo les faltaba
acabar de poner las paredes, era bastante espaciosa. Carlos, Juan y Aku estaban
trabajando juntos atando los troncos a una pared que ya casi estaba terminada.
-
Aku… - Carlos
estaba muy serio.
-
Carlos no te
pases. – Juan sabía que iba a soltarle otra vez el mismo sermón de siempre.
-
¿Qué? – Aku
contestó con el mismo tono que Carlos.
-
No nos queda
comida, tan solo podremos cenar hoy. – Carlos estaba mucho más serio que antes.
– A este paso moriremos todos de hambre teniendo la solución tan cerca. Si
sigues así vas a defraudar a Aura, matándonos a todos.
-
Toma, ve tú y
déjame en paz. – Aku retrocedió para coger su arco y se lo tiró a Carlos.
-
Chicos no
empecéis, tranquilos. – Juan estaba asustado, Aku había reaccionado de una forma
que nunca habían visto, parecía muy enfadado.
-
¡No me jodas
niño! – Carlos alzó la voz y todos se giraron a ver lo que pasaba.
-
No me jodas
tú a mí, te he dicho que no puedo hacerlo, ¿Por qué me atormentas? – Aku estaba
cada vez más enfadado. – Te he dicho que vayas tú, pero ni lo has intentado y
¿te atreves a echarme la culpa de que no tengamos comida?
-
Mira chico. –
Carlos bajó el tono de voz ya que Juan no paraba de darle golpecitos en el
brazo para que se calmara. – Yo no tengo puntería, soy muy inútil para eso y
también muy ruidoso al andar, no puedo hacerlo. Tuvimos suerte con la leña que
cayó del cielo, no creo que te caigan conejos Aku, tenemos que hacer algo o los
niños se pondrán enfermos sin alimentos. – Carlos estaba siendo amable, al fin
se había calmado.
Aku lo miró con el ceño fruncido todavía estaba
enfadado y le daba igual lo amable que estaba siendo. Estaba cansado de tener
que hacerlo todo, sabía que Carlos y Juan eran bastante mayores, no podían
entenderlo, no quería matar a ningún animal de aquel bosque pero estaba claro
que tenía que hacerlo por los niños. Se acercó a Carlos y cogió el arco que
estaba tirado en el suelo, dio media vuelta y se fue.
-
Voy contigo
Aku. – Río corrió hacia él pero Juan le puso el brazo delante.
-
Es mejor que
lo dejemos solo, tal vez hoy traiga algo
para comer. – miró a Río con amabilidad.
-
No lo hará. –
Río habló para si mismo pero Juan pudo escucharlo.
-
¿Por qué
dices eso hijo? ¿No confías en él? –
Juan estaba confundido creía que Río admiraba
a Aku.
-
Sí que confío,
pero él no es un cazador, ya os ha dicho que no puede hacerlo- Río también
estaba enfadado. – Y en vez de intentarlo vosotros lo atormentáis obligándole a
hacerse cargo de todo. Ahora no volverá hasta que encuentre algo para comer,
tal vez no vuelva nunca…
-
Sí que
volverá Río. – Jade le tocó la cabeza. – Aku nunca nos dejaría solos.
Río no dijo nada más, cruzó los brazos y se sentó
encima de una de las piedras que rodeaban una hoguera, allí era donde Jade
calentaba la comida.
Jade suspiró, no podía hacer nada, tan solo cuidar
de los niños y preparar comidas. Estaba segura de que ella tampoco sería capaz
de matar a un conejo pero si que podía cultivar, se había traído todas las
semillas que Aura le consiguió y había plantado las que crecían en invierno pero
necesitaban más tiempo para crecer. Se pasaba los días mimando su huertecito,
aquel que siempre quiso tener… Jade estaba animada, le gustaba estar en medio
de la naturaleza, pero no podía quitarse de la cabeza la imagen de Aura
inconsciente en los brazos de Alas. Cada día que pasaba se preocupaba más, ya
habían pasado casi dos semanas, no sabía que le estaba ocurriendo pero tenía la
esperanza de alguien viniera a decirles como estaba su amiga…
Aku y Guardián estaban explorando el bosque, Aku
caminaba acelerado con la cabeza
agachada y dándole patadas a las piedras que se lo ponían por delante, Guardián
iba lo más rápido que podía explorando su alrededor ya que Aku parecía estar en
otro sitio. El animal se le acercó, se estaban alejando bastante, le mordió la
camiseta obligándolo a parar. Aku se paró y miro a Guardián, suspiró y se sentó
en el suelo con las piernas cruzadas y la cabeza apoyada en las manos.
-
Estoy
defraudando a Aura, soy un inútil… no puedo ni cazar un conejo. – miró a
Guardián con la esperanza de que le contestara.
Aku miró a su alrededor y vio a lo lejos un conejo
que estaba dando saltitos por el suelo, cogió el arco, se levantó lentamente
quedándose de rodillas, cargó una flecha y apuntó. Lo tenía a tiro si soltaba
la flecha daría en el blanco, las manos empezaban a temblarle se sentía como un
asesino, pero se dijo a si mismo que no lo era, todo aquello era por el bien de
los niños… se concentró de nuevo en su objetivo, cuando parecía que iba a
disparar destensó la cuerda y dejo caer la flecha en el suelo. Aku se levantó y
siguió andando, no le importaba alejarse más, no estaba de humor para comer.
-
Guardián voy
a seguir paseando por el bosque, si quieres puedes volver. – le acarició la
crin.
Guardián lo siguió, parecía que prefería estar con
él, para Aku aquel animal se había convertido en su mejor amigo, nunca se enfadaba
con él y siempre lo apoyaba en todas sus decisiones.
Siguieron caminando por el bosque durante una
hora, era la hora de comer pero Aku no tenía intención de volver por el
momento, se dijo que tenía que encontrar una solución alternativa a la caza
para poder alimentarse, tal vez algún árbol frutero, alguna raíz comestible,
zanahorias… algo tenía que haber por allí.
Aku sintió que alguien lo estaba observando miró
rápidamente a Guardián pero este estaba tranquilo. Recorrió con la mirada todo
el bosque y entre los árboles vio una pequeña luz que se movía sin parar, se
acercó a ella, esta se movía muy rápido, Aku empezó a correr detrás de ella
seguido de Guardián que parecía divertido, estuvieron correteando unos minutos,
Aku se sentía atraído por aquel pequeño ser que parecía jugar con él. La luz se
elevó en el cielo y desapareció. Aku miró a su alrededor vio que estaban frente
a una llanura, se acercó con cuidado armando su arco, estar separado de los
árboles le hacía sentirse inseguro. Guardián se le adelantó y empezó a cavar en
la tierra, Aku se acercó rápidamente.
-
¿Qué es? ¿Qué
has encontrado? – dijo mientras se agachaba en el suelo.
Guardián había desenterrado patatas, Aku miró a su
alrededor, tal vez este fue el huerto de alguien, pensó. Abrió su mochila y
metió unas cuantas, lo había conseguido Aura ya no se enfadaría con él. Sacó un
cuchillo que tenía en la mochila y fue cortando patatas hasta tener la mochila
bien llena, cogió algunas de ellas con raíces para plantarlas, pensó que podría
funcionar.
Aku y Guardián estuvieron inspeccionando aquella
llanura, encontraron otras hortalizas Aku decidió coger las patatas y volver en
otra ocasión. El sol ya estaba bajo, pronto oscurecería, aparte de eso Aku no
tenía ni idea de donde estaban, supuso que Guardián sabría como volver, este se
le adelantó y le mostró el camino.
Estaba feliz, había encontrado la solución aunque sabía
que Carlos seguiría con el tema de los conejos ya que pensaba que la gente
necesitaba comer carne para estar más sana.
Carlos, Juan, Jade y los niños estaban rodeando el
fuego sentados en piedras que anteriormente habían colocado allí, una para cada
uno, la piedra de Aku estaba vacía, Río no paraba de mirarla pensativo y
preocupado. Jade, que estaba a su lado, le acarició el pelo intentando
consolarlo, cada vez le costaba menos mostrar su afecto, estar en la naturaleza
la hacía sentir mejor y era mucho más simpática y agradable.
Carlos estaba arrepentido de la forma en la que le
habló a Aku, estaba preocupado ya era casi de noche y no había vuelto.
-
Voy a
buscarlo. – Carlos se levantó.
-
No, espera un
poco más seguro que vendrá. – Jade estaba segura.
Aku vio un fuego a lo lejos, le daba vergüenza
acercarse allí, sabía que estarían todos sentados alrededor de la hoguera y
como no tenían comida, tal vez estarían muy enfadados con él. Se paró un
momento y cogió aire. Ando hasta que Río lo vio y corrió hacia él con los
brazos abiertos.
-
Has vuelto. –
Le dijo Río mientras le saltaba enganchándosele al cuello.
-
Río, ¿te gustan
las patatas? – Aku le guiñó un ojo.
-
Sí, el puré está
muy bueno, de pequeño me encantaba. ¿Por qué lo dices? – Río no entendió la
pregunta.
Aku se acercó a la hoguera los niños se levantaron
y lo saludaron abrazándole y hablando sin parar, siempre hacían lo mismo y
pocas veces podía entenderlos porque hablaban todos a la vez. Carlos se levantó
y se acercó a él.
-
Chico, lo
siento, me he pasado contigo. – dijo arrepentido.
-
No pasa nada,
espero que con esto se te pase el mal genio que tienes últimamente. – dijo Aku
mientras sacaba de su mochila una patata.
-
¿Tienes más?
– le preguntó analizando la hortaliza.
-
Sí. – Aku se
agachó y abrió la mochila en el suelo. – Todas estas, he traído también para
que Jade pueda plantar, aunque no sé como se cultivan las patatas.
-
Tranquilo, yo
sí. ¡Bien! estamos salvados. – Jade estaba feliz y orgullosa de tener razón. –
¿Quién quiere patatas asadas? – pregunto canturreando.
Los niños le contestaron de inmediato, estaban
hambrientos y se sentaron alrededor del fuego de nuevo.
-
Chico, si
existe un dios… eres su preferido. – Juan le sonrió.
-
¿Esta vez
también te han caído del cielo? – bromeó Carlos que volvía a ser el de siempre.
-
No. – Aku
sonrió. – Las hemos encontrado en una llanura, parece que fue el huerto de
algún campesino, había otras hortalizas pero cogí solo patatas, mañana podría
ir con Jade, ya que ella entiende más del tema, para que le eche un vistazo.
Jade asintió con la cabeza mientras apartaba los
troncos para asar las patatas en las brasas. Tenían un cazó, que cogió del
ático, pero pensó que era más rápido asarlas y al día siguiente prepararía un
hervido delicioso. Cuando Jade iba a poner las patatas encima de las brasas
Juan la detuvo.
-
Jade, vamos a
hacerlo así. – le digo mientras removía las brasas e iba enterrando las patatas
-
Ah, que buena
idea.
Todos se sentaron alrededor del fuego a esperar
que la comida estuviera hecha mientras conversaban. Aku permanecía en silencio,
estaba pensando en el pequeño ser luminoso que vio, era como los que había en
el riachuelo, le parecía muy extraño pero sabía que lo había guiado hasta allí.
Su mente estaba formulándole demasiadas preguntas que no tenían respuesta y,
como siempre, no podía quitarse a Aura de la cabeza, ya había pasado demasiado
tiempo y no podía soportar más no saber nada de ella…
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