sábado, 5 de mayo de 2012

Capitulo 2 Preguntas


Aura abrió los ojos lentamente, notó que en su cabeza había algo húmedo y frio. Su vista se fue aclarando poco a poco.
-          Jade ha despertado. – dijo Río con una sonrisa en su cara.- Aura, ¿Cómo te encuentras?  - Le cayó una lágrima por la mejilla.
-          Río… Río. – Aura se incorporó, rodeó a Río con sus brazos y lo abrazó con fuerza.
-          Aura, sabía que despertarías. –dijo Jade que entró en el salón con una infusión caliente. – Tomate esto te sentirás mejor.
Aura cogió el vaso después de soltar a Rió, sopló y bebió. El estomago le rugió con fuerza. Los otros niños estaban mirándola alegres de ver que estaba bien, pero ninguno se acercó a ella, esperaban a que ella les dijera algo. Jade los había avisado de que no la atosigarán cuando despertará. Aura levantó la vista y los vio a los tres sentaditos en el suelo mirándola con cara de preocupación.
-          ¿Qué hacéis ahí sentados? ¿Dónde está mi cálida bienvenida llena de abrazos?     - dijo Aura sonriendo, ya se encontraba mucho mejor pero tenía mucha hambre.
Los niños se levantaron rápidamente alegres y se acercaron a Aura con delicadeza. Aura cogió a la niña de unos seis años castaña y de ojos azules y se la llevó a sus brazos, después le cogió la mano al más tímido y pequeño, de unos tres años, de pelo oscuro y corto y de ojos verdes este la miró y se acercó con timidez hasta sentarse a su lado.
-          Mi pequeño Dum siempre tan tímido… - Le dijo Aura al pequeño tocándole la nariz con el dedo.
Mientras que el otro, un poco más joven que Río, los miraba pensativo, Aura miró sus traviesos ojos castaños que se escondían detrás de unos mechones rojizos.
-          Kaley, ¿Qué vas…
 Antes de que pudiera terminar su frase, Kaley se tiró encima de todos. Estos cayeron de espaldas encima de los colchones y empezaron a hacerse cosquillas, estaban contentos de ver que Aura volvía a la normalidad, a su estado de locura en el que no paraba de jugar como un niño más… cuando estaba en casa. Era más que una hermana mayor, al igual que Jade, eran su familia.
El estomago de Aura sonó de nuevo y se mareó. Jade la miró, sabía que cuando comiera se recuperaría instantáneamente, como siempre. Aura parecía estar hecha para luchar y sobrevivir en pésimas condiciones pero eso no quitaba el hecho de que tenía que alimentarse.
-          Vamos niños dejad a Aura y ayudadme a prepararle algo bueno para que se ponga mejor. – dijo Jade cogiéndole la mano a la niña de pelo castaño. – Tu Princesa, serás mi pinche. – Miró a la niña a la que Aura había puesto ese nombre por su delicada belleza y por ser la única niña.
Aura el ver que los niños, cuando los encontró, no recordaban sus nombres pensó en ponerles uno nuevo a cada uno. Así podría hacerles olvidar lo que les pasó con sus familias dotándoles de una nueva identidad. Muchos de ellos habían olvidado ya su agrio pasado ya que Aura y Jade no les dejaban pensar en nada que no fuera el presente. Se inventaban juegos, el preferido de todos era uno en el que estaban en un bosque lleno de árboles y flores de mil colores y corrían por allí como si fueran pequeños exploradores buscando piedras preciosas. Jade escondía piedras y objetos raros que iba acumulando por el edificio, para que lo buscaran los niños. Aura sonrió al recordar aquel juego y pensó que sería todo perfecto si pudiera ser real. Río la miró.
-          ¿Qué es lo que te ha pasado? ¿Y de dónde has sacado a ese lobo? – dijo Río temiendo la respuesta.
-          ¿El perro? – dijo Aura buscando con la mirada a su salvador peludo. – Oye chico ven aquí. – le dijo al perro que permanecía sentado junto a la puerta, como si estuviera vigilando.
Este se giró y caminó hacía ella moviendo el rabo de un lado a otro, le lamió la cara empapándola de babas, Aura lo rodeó con los brazos y lo abrazó, se había encariñado con él en menos de un día era como si lo conociera.
-          Aura, no es un perro – dijo Río arqueando una ceja. – Es un lobo, no lo ves, incluso es más grande, ¿Qué hacía un lobo por la ciudad?
-          Río, él me salvó la vida, no sé de dónde ha salido.- Aura soltó al lobo y este se fue otra vez a la puerta. -¿Quiere salir? – Le preguntó Aura a Río.
-          No, Jade ya le ha abierto la puerta pero se queda quieto ahí, desde que has llegado no se ha movido, ni ha comido. –dijo.
-          Creo que ya tengo el nombre perfecto para él. – dijo Aura sonriendo.
-          ¿Cuál? – preguntó Río emocionado e impaciente, le gustaban los nombres que Aura se inventaba para todo el mundo, le encantaba el suyo.
-          Guardián. ¿Qué te parece? – dijo Aura, el lobo se giró y la miró, Aura llegó a pensar que ese era su verdadero nombre.
-          Parece que le gusta – dijo Río con una sonrisa.
Los niños salieron de la cocina y se sentaron junto a Río y Aura, Jade llamó a Aura para que entrara a la cocina quería saber que había pasado así que le pidió a los niños que jugaran con Río porque habían nuevos tesoros en el bosque imaginario. Le contaron a Río, que era el más mayor de todos, lo que Jade les había dicho. Río se levantó y empezaron a corretear por el salón buscando en cada rincón. Aura sonrió, se levantó con torpeza y fue lentamente a la cocina.
-          Te estoy haciendo arroz hervido. – dijo Jade al ver a Aura entrar hambrienta. – Tenemos mucho arroz, menos mal que es duradero.
-          Jade… - antes de que pudiera terminar su frase sonó su estomago de nuevo.
-          Será mejor que comas antes de contarme que es lo que ha pasado y de dónde ha salido ese lobo peludo. – Sonrió.
Jade abrió uno de los pequeños almarios, sujetados en la pared, de la cocina y Aura miró que todavía quedaban un montón de paquetes de arroz y de pasta. No era difícil encontrar ese tipo de comida, además aguantaba bastante, tenían un montón. Pero Aura prefería salir a buscar más por si algún día  se quedaran atrapados.
-          Tenemos mucha comida. –dijo Jade mientras le ponía el plato de arroz encima de una mesa pequeña que había junto a la pared,  se sentó en una de las dos sillas. – No vas a salir hasta que no te recuperes un poco, como mínimo te quedas aquí encerrada dos días.
-          Estoy bien Jade. – Aura miró a Jade con cara de preocupación, intentaba parecer tranquila pero no lo conseguía, a Jade no le podía mentir ni ocultar nada.
-          Come, recupera fuerzas y cuéntamelo todo. – dijo Jade arqueando una ceja.
Cuando Aura terminó de comer empezó a contarle todo desde el principio a Aura, le contó la reacción de la bestia ante la tienda de jardinería, la reunión que aquellas tres bestias estaban teniendo con el ser sin ojos ni expresión, le contó sobre Guardián y el chico que le había salvado y por último… las alucinaciones que tuvo.
-          Aquí está pasando algo Aura. –dijo Jade pensativa. - No sabemos que es ese ser, pero dudo que las bestias puedan evolucionar a eso. Hay algo más detrás de todo este caos.
-          Lo sé. –Aura agachó la cabeza. – Pero las alucinaciones, Guardián, ¿de dónde ha salido todo eso? – dijo confundida. -Ese animal no es un perro común, ni siquiera es un perro.
-          Oye me has dicho que  te salvó un chico. – Jade se emocionó. – Y su flecha mató en el acto a la bestia, creo que ese chico debe de saber algo, porque ir solo por ahí es una locura.
-          ¿Me estás llamando loca? – Sonrió, todavía le quedaba su buen sentido del humor.
-          En verdad si, como una regadera. Eso o tienes unos ovarios gigantes y yo no te los veo. – Jade rió a carcajadas. – Así que como una cabra Aura.
-          Gracias, gracias. – Aura rió acompañando a Jade, les había entrado la risa floja y de vez en cuando era bueno reírse. – Ahora enserio, tengo que buscar a ese chicho, no parecía mal chaval… le debo una.
-          ¿Lo vas a traer aquí cuando lo encuentres? – preguntó Jade.
-          Cuando lo vuelva a ver lo decidiré. Será mejor que salga a buscarlo pronto. – Miró a Jade con cara de pena intentando persuadirla para que la dejara salir.
-          Aura que no, no vas a ninguna parte. – dijo Jade enfadada, Aura podía convencer a mucha gente con su carita de lastima pero con Jade era imposible.

Juan estaba tumbado encima de unos sacos de tierra colocados a modo de cama y cubiertos por una sábana blanca amarillenta y llena de agujeros, estaba durmiendo tranquilamente con la barriga vendada. Aku estaba junto a él sentado en el suelo apoyado contra la pared de la habitación que un día fue un mini almacén. Carlos entró por la puerta con un plató para Aku, sin hacer mucho ruido, Juan por primera vez dormía tranquilo sin preocupaciones.
-          Parece que está mucho mejor. – Susurró mientras se sentaba al lado de Aku.
-          Aquí estamos a salvo, pero por irme sin avisaros os pasó esto. – dijo Aku con tristeza.
-          Oye chico, no te tortures, Juan está bien y esa herida sanará perfectamente gracias a los medicamentos que trajiste de fuera. – Carlos le puso una mano en el hombro y le sonrió. - ¿En qué piensas?
-          En la chica que vi, la deje ir sin mas. – dijo Aku enfadado consigo mismo.
-          Dijiste que se fue con ese lobo, ¿no? Si ese animal es como me has contado creo que estará a salvo. – dijo Carlos animando a Aku.
-          Ella dijo que iba a casa, es posible que viva con alguien más. – dijo Aku. – Creo que quiere proteger su hogar, por eso no me ofreció ir. – Aku suspiró resignado.
-          La volverás a ver. – dijo Carlos riendo. – el amor siempre triunfa.
-          ¿Pero qué dices Carlos?- Aku se ruborizó. – Si solo la he visto una vez…
-          Carlos, no molestes al chico. – dijo Juan medio adormecido. – Al final se enfadará.
-          Juan, ¿cómo te encuentras? – dijo Aku acercándose a él. – Tienes buena cara. – sonrió.
-          Siempre he sido muy guapo. – guiñó un ojo.
-          Yo no sé como os aguanto, nunca habláis enserio. –Se le escapó una sonrisa.
Aku le quitó delicadamente el vendaje a Juan, la herida ya casi había cicatrizado y no estaba infectada. Se la curó un poco y esta vez la dejó al descubierto.
-          Creo que será mejor que le pegue el aire para que se seque. – dijo Carlos mirando a Aku.
-          Bueno, ¿entonces me puedo levantar ya e ir a jugar a futbol? – bromeó Juan.
-          Si, por ahora te quedarás en el banquillo. – dijo Carlos con cara de entrenador.
-          No estáis muy bien, debe de ser la edad. – dijo Aku moviendo la cabeza de lado a lado.
Aku se levantó, y abrió la puerta del pequeño almacén, entró la luz matinal y le cegó. Cogió su Arco y sus flechas, todavía le quedaban unas pocas con el polvo amarillo.
-          Volveré, cuida de Juan, Carlos. – Cerró la puerta tras de sí.


El viento acariciaba las altas hierbas amarillentas de aquella extensa llanura, rodeada de grandes montañas que dibujaban extrañas sombras, mientras el sol se escondía lentamente detrás de una de ellas, dando paso a la noche junto el canto de los primeros grillos y el despertar de los nocturnos roedores inquietos.
Un chico de ojos azul eléctrico y pelo Cataño oscuro estaba sentado encima de una gran piedra en medio de aquella llanura. El sol se iba escondiendo poco a poco y su cara cada vez estaba más triste, su pelo revoloteaba con el viento. De pronto un profundo sonido que llegaba de la misma tierra lo alteró, los pájaros que picoteaban por el suelo salieron volando alertando a todos los animales que corrieron despavoridos lejos de él.
Del suelo salieron cuatro raíces fuertes y gruesas que agarraron al chico por los tobillos y las muñecas, inmovilizándolo. Todo quedo en silencio, el sol se escondió por completo y este empezó a gemir de dolor. De su espalda  crecieron dos alas de golpe, salpicando gotas de sangre y sudor. Aquellas alas de plumaje azul oscuro y púrpura permanecían quietas sostenidas por la espalda ensangrentada del chico. Se puso de pie y miró hacia la media luna.
-          Pequeña.- susurró al viento.
De repente sus alas se movieron intentando alzar el vuelo pero las raíces lo impedían. Se convirtieron en algo incontrolable, el chico era balanceado de lado a lado mientras las fuertes ramas le agarraban con fuerza, él parecía luchar contra su voluntad intentando tranquilizar sus alas que habían cobrado vida propia, pero estas eran más fuertes y no se dejaban dominar.
-          … Alas, Alas. – Una voz triste repetía su nombre una y otra vez.
Las alas se pararon en seco al escuchar aquella voz, Alas miraba hacia arriba, sabía que no la podía alcanzar…
-          ¡ALAS! – el grito rompió el silencio.
Aura despertó de golpe, empapada en sudor frío, miró a su alrededor, estaba en uno de los colchones del salón. Por un momento le pareció estar en otro sitio, entonces recordó su sueño.
-          ¿Alas? – se pregunto a sí misma en voz baja.
Estaba confusa, de normal tenía sueños extraños, pero este había sido demasiado real. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al recordar que ya había pronunciado ese nombre antes cuando la atacaron la última vez. Sin saber porque estaba preocupada por aquel chico, se repetía a si misma que era un sueño pero su mente la estaba atormentando. Sentía nostalgia, tristeza y rabia, todos sus sentimientos se estaban mezclando, sin saber como escapar de aquellas sensaciones se derrumbó y empezó a llorar. Otro sentimiento la hizo reaccionar, sentía que alguien estaba en peligro. Se levantó sigilosamente, los niños y Jade estaban dormidos, Jade le había prohibido salir pero tenía que hacerlo, tenía que salir. Cogió su katana. Guardián, que no había parado de mirarla, se levantó, Aura pensó que sería de ayuda, no sabía que les esperaba fuera.

Aura abrió la puerta del edificio y salió sin mirar nada, empezó a correr. Sin saber porque, sabía hacía donde tenía que ir. Guardián la seguía de cerca mirando de reojo todos los rincones de las calles.
El sol ya estaba alto, era mediodía. Aura paro de correr al escuchar unas voces que salían de un callejón, se fue acercando sigilosamente hasta asomar la cabeza. Lo primero que distinguió fue a Aku, estaba tirado en el suelo pero consciente, mientras cuatro bestias lo acorralaban contra la pared, parecía que le estaban interrogando. Su arco estaba tirado en el suelo lejos de él. Aura miró a Guardián sacó su katana y se precipito hacia los enemigos. Estos se giraron de repente.
-          No la matéis. – dijo uno de ellos.
Aura se dio cuenta de que aquellas bestias no eran como las de siempre, podían hablar y incorporarse como un humano. Sin pensar más, dio un salto directa a uno de ellos, cuando iba a meterle la espada en la cabeza este la esquivó ágilmente. Aura se quedó confundida, nunca había fallado.  Guardián saltó detrás de ella y embistió a uno que iba a inmovilizarla. Aura se giró rápidamente, no tenía que vacilar más, se centró en la batalla y esta vez le clavó la espada en la cabeza a la bestia derribada, se giró rápidamente y se defendió de otro ataque. Aku se levantó y corrió a coger su arco pero antes de que pudiera alcanzarlo, una bestia lo piso. Guardián saltó encima de ella y Aku cogió rápidamente el arco, se levantó mientras colocaba una flecha y disparó hacia la bestia que estaba atacando a Aura. Guardián había acabado con otro, el último que quedaba logró escapar.
Aura se sentó de golpe en el suelo y apoyó la cabeza en la pared, nunca había luchado así. Tenía la respiración acelerada y el corazón le latía con fuerza. Aku la imitó y se sentó a su lado. Los dos estaban exhaustos, Guardián se fue a la salida del callejón y se sentó vigilando las calles, tranquilo y sin un rasguño.
-          ¿De que estas hecho Guardián? – dijo Aura con tono cansado.
Aku miró a Aura sin despegar la cabeza de la pared, su cuerpo se resistía a obedecerle. Se fijó en su delgado cuello, en sus rojizos labios, en sus extraños ojos. La primera vez que la vio no le dio tiempo ni a preguntarle el nombre, al recordar aquel momento en el que la dejó marchar Aku se esforzó a sí mismo para hablar con ella.
-          Gracias, por favor no te vayas corriendo. – fue lo primero que se le ocurrió.
Aura lo miró fijamente a los ojos, lo observó por unos segundos, quería estar segura de que no corría peligro a su lado. Sintió que no tenía nada que temer, era un buen chico, su mirada le recordaba a la de un niño y el color verde claro de sus ojos la tranquilizaba.
-          He venido a buscarte… - dijo esforzándose, le costaba respirar, todavía estaba confundida por lo ocurrido.
-          ¿A buscarme? – se sorprendió, la primera vez que la vio parecía poco sociable. – Yo también salí a buscarte. Estaba preocupado por ti. – Aku se ruborizó al escuchar esa frase salir de su propia boca.  - ¿Cómo te llamas?
-          Aura, ¿y tú? – preguntó.
-          Aku… - recordó que ese no era su verdadero nombre pero era el que tenía ahora, el que su nueva familia le había puesto. – Creo que deberíamos movernos, ven conmigo, tengo que contarte lo que ha pasado.
Aku se levantó estaba un poco dolorido pero le ofreció su mano a Aura para levantarla, siempre había sido un chico cordial y caballeroso aunque muy tímido. Sus mejillas se enrojecieron al sentir la cálida mano de Aura y apartó la mirada.
-          ¿A dónde vamos? – Aura no quería ir a casa, temía la reacción de Jade por haberse escapado y no tenía muy claro si llevar a Aku a su escondite.
-          A mi casa, está cerca. Te presentare a mi familia. – Aku no sabía si era buena idea decirle que vivía con alguien más, pues Aura podría salir corriendo como la última vez pero tenía que ser sincero.
-          ¿No vives solo? – Aura se asustó, no había pensado en eso, ahora su decisión era más difícil.
-          Tranquila, son de fiar. – Aku buscaba las palabras para convencerla de que no había peligro. – Además si quisieran hacerte algo, podrías con ellos. – Bromeó.
Aura se quedó plantada sin moverse, estaba indecisa. Miró a Guardián y este camino hasta el lado de Aku que se quedó sorprendido por la reacción del animal. Aura al ver aquello no dudo en ir con Aku. Confiaba plenamente en su peludo amigo que tanto la había ayudado, si algo tenía claro era que los animales no tienen maldad y que a veces son más astutos que los humanos.
Caminaron hasta la tienda de jardinería. Aku se paró enfrente de ella y abrió la puerta. Aura se sorprendió, era la misma tienda en la que había estado dos días atrás. De pronto Guardián gruñó, enseñando sus grandes colmillos blancos, mirando hacia el final de la calle. Aura giró rápidamente la cabeza y vio que la bestia que había escapado los había seguido hasta allí, ahora sabía el escondite de Aku.
-          Aku, nos ha seguido. – le dijo alterada.
-          Entra. – cogió a Aura de la mano mientras entraban en la tienda. – ¡Tenemos que largarnos de aquí ya! – gritó Aku.
Carlos entró en el almacén cogiendo todas las pertenencias necesarias.
-          ¿Juan puedes andar? – le preguntó.
-          Si y correr si hace falta. – dijo Juan que se había levantado de  golpe al escuchar a Aku gritar.
Aura sabía que tenían que salir de allí y rápido. Miró a Juan y a Carlos que ya estaban preparados para irse. Miró a Guardián esperando una respuesta pero este estaba observando todos los rincones de la calle. Ahora tendría que decidir sola y rápido, odiaba tomar decisiones y esta era una de las más difíciles. No tenía elección si quería salvar a aquella gente no podía dejarlos tirados, los llevaría a su hogar.
-          Iremos a mi casa, deprisa. – dijo Aura convencida al fin.
Salieron corriendo de la tienda, Guardián les guiaba. Aura presentía que algo malo iba a pasar, estaba cada vez más asustada. Giraron por una calle y se encontraron con dos bestias comunes que al verlos gritaron. Aura sacó la katana y se precipitó sobre uno de ellos, Aku disparó al otro. Pero cuando parecían estar a salvo ocho bestias como las del callejón les cortaron el paso. Guardián aulló al viento alertando del peligro, Aura no entendió su reacción, mas bien estaba alertando a más bestias, pensó.
-          No podemos escapar. – dijo Juan aterrorizado.
A Aura le temblaban las piernas, no sabía que hacer, eran demasiados. De repente una sombra los cubrió, al mirar al cielo vieron a un chico de pelo castaño oscuro que calló, de espaldas a ellos, con una agilidad sobrenatural, flexionando las piernas y apoyando una mano en el suelo. Tan solo iba vestido con unos pantalones marrones desgastados.
-          ¡Huid!  – dijo con voz firme.
Se quedaron petrificados por la aparición de aquel chico pero Aku reaccionó rápidamente.
-          ¡Vamos, corred! –gritó.
Guardián miró a Aura que se había quedado en trance mirando a aquel chico. Algo le impedía irse y alejarse de él, le resultaba familiar, lo había visto antes. Su mente empezó a formular preguntas que resonaban una y otra vez, ¿Quién es?, ¿Por qué nos cubre?, ¿Por qué me resulta familiar? Recordó el sueño, ¡era el mismo chico! Aunque no le veía la cara estaba segura de que era él. La confusión que le estaba causando aquella extraña situación se apoderó de ella y se quedó inmóvil. Aku se giró y vio a Aura y a Guardián que tiraba de su manga con la boca. Retrocedió rápidamente y la cogió de la mano tirando de ella, pero Aura se movía muy lentamente mirando hacia atrás.
-          ¡Aura reacciona! – gritó.
Pero Aura estaba en trance y ni los gritos la despertaban. Guardián agachó la cabeza y pasó por debajo de las piernas de Aura y con una increíble fuerza se la subió a su lomo y empezó a correr junto a Aku, Juan y Carlos. Aura miraba atrás hipnotizada no podía apartar los ojos de aquel chico que cada vez estaba más lejos, quería ir con él, quería estar con él, la sensación de alejarse la ofuscaba sin dejarla pensar en nada. Se fueron alejando hasta ya no podía ver nada. Aura sintió algo cálido debajo de ella, despertó de su trance y se dio cuenta de que estaba corriendo a lomos de Guardián. Notó sus fuertes músculos moverse enérgicamente, su respiración pausada, no mostraba ni un ápice de cansancio o sobreesfuerzo. Aura pensó que Guardián no era de este mundo, era imposible que un animal de su tamaño pudiera llevar a un adulto tan rápida y fácilmente, todo eso le ocasionó más y más preguntas. Estaba apuntó de desmayarse cuando Guardián cesó la marcha, habían llegado a casa. Bajó  de su lomo torpemente y se dirigió a la puerta.
-          Es aquí, la última puerta. – soltó su último esfuerzo y se desmayó.
Aku la cogió en brazos antes de que cayera al suelo y subieron, una vez llegaron a la última puerta Aku no supo que hacer. Carlos al ver a Aku parado se le adelantó y tocó a la puerta.
La puerta se abrió casi al instante.
-          ¡Te dije que no salie… - La voz de Jade fue cesando al darse cuenta de lo que tenía delante.
-          Hola señorita, - dijo Juan educadamente. – Aura nos ha conducido hasta aquí, espero no molestarla.
-          ¿Qué le ha pasado? – Jade miró a Aura asustada.
-          Solo se ha desmayado. – dijo Carlos intentando tranquilizarla.
-          Aura… - dijo Río que salió corriendo.
-          ¡Un niño! – a Carlos se le iluminaron los ojos al ver aquella criatura llena de vida.
-          Entrad, tumbadla en un colchón.- dijo Jade.
Aku entró, Río lo seguía de cerca sin separarse de Aura. Juan y Carlos lo siguieron, Guardián entró el último y cerró la puerta con su hocico.
Río se había sentado en el colchón al lado de Aura sin perder de vista a los extraños que entraron en su hogar, estaba enfadado pero en el fondo sabía que eran buenas personas porque Aura y Guardián nunca los pondrían en peligro.
Aura empezó a despertarse poco a poco, distinguió a Río que miraba fijamente hacia otro lado, le cogió la mano y este la miró.
-          Aura. – Río se sintió aliviado.
Aura se incorporó lentamente, estaba un poco atontada. Miró a su alrededor y vio que todos estaban en silencio, Juan, Carlos, Aku y Jade estaban sentados en las sillas de la mesa, los demás niños no estaban, pensó que estarían escondidos en alguna habitación esperando a que Aura despertara. Todos estaban serios, Aku tenía la cabeza agachada se sentía incómodo, no sabía que decir para romper el hielo. Una risa les sorprendió a todos, miraron a Aura que se estaba riendo a carcajadas al ver aquella situación, olvidando por completo lo que había pasado momentos antes.
-          Guardián habla tú que ellos no saben. – dijo entre risas. Todo aquello le parecía muy cómico.
-          Tú no eres las más indicada para reírte que has llegado hecha polvo. – dijo Jade enfadada. – Te dije que no salieras y me vienes con tres hombres.
-          Vamos Jade, no te enfades. – le sonrió.
-          ¿Qué no me enfade? – cada vez estaba más furiosa con Aura. – ¿A ti que te ha pasado? Pensaba que eras responsable, apenas conoces a esta gente.
-          Perdón por meterme. – Aku se armó de valor para hablar. – Si Aura no hubiera venido a buscarme probablemente estaría muerto, vino en el momento justo, me salvó la vida.
-          Después nos siguieron y descubrieron su escondite, Jade. – Aura dejo de reírse. - ¿Qué querías que hiciera? No los iba a dejar allí solos.
-          Si os creéis que os voy a hacer la comida, estáis muy equivocados. – Jade se cruzó de brazos, frunciendo el ceño, quería seguir enfadada pero no podía.
-          Señorita yo haré la comida, les ayudaré en todo lo que pueda. – dijo Carlos.
-          No soy señorita, soy Jade, no hace falta que seáis tan respetuosos. – dijo molesta.
-          Carlos tienes que hacer la comida para, un, dos, tres, - Aura contaba con los dedos. -…  para nueve personas.
-          ¿Nueve? – Carlos se extrañó.
-          Vamos niños salid, que no pasa nada. – Aura llamo a los niños.
Los pequeños entraron despacio al salón mirando a los tres hombres que había sentados allí. Aku, Carlos y Juan se quedaron perplejos, aquellas chicas habían conseguido salvar a cuatro niños y ninguno de ellos parecía estar enfermo ni demasiado delgado.
-          Carlos podrás dar clases de nuevo. – le dijo Juan ilusionado.
-          ¿Eres profesor? - Jade se interesó de repente.
-          Si, o al menos lo fui. – dijo nostálgico.
-          Aura. – Aku interrumpió la conversación al recordar lo que sucedió en el callejón antes de que llegara Aura. – Tengo que hablar contigo, con todos…
-          Si es sobre lo que ha pasado ahí fuera, hablaremos después de cenar, cuando se duerman los niños. – dijo Aura.
-          Yo no pienso dormir. – Río se irritó. – Quiero saber lo que está pasando.
-          Río… - empezó a marearse. – No es bueno que sepas… - le rugió el estomago interrumpiéndola.
-          Aura, primero come y luego me respondes. – le dijo Río enseñándole su tierna sonrisa.
-          Jade ¿me enseñas donde puedo cocinar? – dijo Carlos amablemente.
Jade se levantó y entraron juntos a la cocina, ya no estaba enfadada y su opinión sobre aquellos hombres había cambiado desde que Carlos dijo que era profesor. Ella también quería serlo y estaba estudiando para ello, al fin podría hablar con alguien, ya que Aura no estaba casi nunca en casa. Ahora al menos tendría compañía y lo más importante, le ayudarían en las tareas.
Aura se tumbó de nuevo, la cabeza le daba vueltas, por un momento se había librado de su frustración pero todas aquellas preguntas le volvieron a la cabeza. ¿Por qué le estaba pasando todo aquello? Recordó que antes de pasar nada soñaba con aquel chico y con aquel ser extraño y delgado que vieron ella y Aku, la atormentaba en sueños. Pero aquel chico siempre la salvaba una y otra vez. A veces cuando estaba sola sentía que le faltaba algo, echaba de menos algo o alguien que no conocía, al menos ahora sabía su nombre, Alas. Quería encontrarlo y preguntarle que estaba pasando. Recordó el aullido de Guardián, el lo llamó, lo conoce, pensó. Aura se incorporó y miró a Guardián este le devolvió la mirada.
-          Tú lo llamaste, ¿verdad? – dijo segura de sus palabras. - ¿Quién eres? ¿Por qué apareciste y me salvaste? ¿Qué me está pasando? – se puso las manos en la cabeza.
Río, Juan y Aku miraban a Aura sin saber que decir. Río le acarició el pelo, sabía que le pasaba algo desde aquel día en la terraza, le parecía extraña la aparición de Guardián aunque confiaba en él. Río era un chico muy listo y aunque Aura intentaba ocultarle la realidad este se percataba de todo. Había oído a Aura y a Jade hablar de las bestias, del cambio del mundo, también había escuchado a Aura pedir ayuda al cielo cuando salía a la terraza, según ella, a reflexionar.
Aura estaba a punto de ponerse a llorar cuando Guardián se le acercó y le rozó la mejilla con la cabeza, los ojos del animal estaban tristes. Ella lo miró y lo abrazó, a su lado se sentía a salvo, sabía que nunca la traicionaría, entre ellos había una conexión especial…


                                                  - Próximo capitulo: 12 de Mayo 2012 -



1 comentario:

  1. que interesante esta y me gusta mucho los nuevos personajes. gracias sigue así

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